N° 112 - Canudos

- | 1 de Octubre de 2003 ≈ 13:53 | tamaño de texto | versión para imprimir

El día 1º de octubre de 1897 5.871 soldados regulares, según el mapa de batallones, iniciaron el asalto final al exhausto pueblo de Canudos, que sin embargo –imprevisiblemente- resistió metro a metro y choza a choza durante cinco jornadas dantescas. Solamente esa primera jornada se arrojaron 90 bombas de dinamita, avivadas por latas de kerosene derramadas en torno al miserable caserío, y se contaron 567 bajas del Ejército Federal. La última defensa cesó por fin el día 5 de octubre, cuando fueron destrozadas todas las casuchas, en un total de 5.200, cuidadosamente contadas. Canudos no se rindió. Ejemplo único en toda la historia, resistió hasta el agotamiento completo. Expugnado palmo a palmo, en la precisión integral del término, cayó en el día cinco, al atardecer, cuando cayeron sus últimos defensores, que todos murieron. Eran cuatro apenas: ¡un viejo, dos hombres y un niño, famélicos y sedientos de varios días, sobre los cuales bramaban rabiosamente cinco mil soldados! Al amanecer del día 6 se encontró en una fosa, entre cientos, el cadáver pestilente de Antonio Conselheiro, muerto hacía un par de semanas. Luego de fotografiarlo y de labrar una rigurosa acta castrense, antes de restituirlo a la fosa, con una espada le cortaron la cabeza, que fue enviada a la Universidad de Bahía para que la ciencia dijese la última palabra sobre el relieve de circunvoluciones esenciales del crimen y la locura. El examen no llegó a ninguna conclusión.

En el nordeste brasileño, a finales del siglo XIX, se desencadenó una de las más sangrientas rebeliones populares de la historia americana, llamada Guerra de Canudos. Movimiento de cuño religioso, adquirió tintes políticos y pasó a ser considerado subversivo por el gobierno, mientras se extendía como un reguero de pólvora por una de las áreas más necesitadas y pobres del continente.

Canudos era una pequeña hacienda abandonada del interior de Bahía, en un área aislada y de difícil acceso. En esa región se instaló a partir de 1893 el beato Antonio Vicente Mendes Maciel, mejor conocido como Antonio el Conselheiro. Antes, el beato había recorrido el sertão seguido de una farándula de fieles, anunciando transformaciones, predicando sermones, alzando capillas y reconstruyendo cementerios, profetizando el fin del mundo y la desgracia de los poderosos, y despertando la ira de las autoridades y del clero católico, que lo consideraban tanto a él como a sus seguidores una amenaza cierta para el establishment. El Conselheiro comandó una quema de edictos de cobro de impuestos y, después, se refugió con sus seguidores en Canudos. A partir de ese momento, su desarrapado ejército popular, una gran masa de indigentes harapientos, fue creciendo, y llegó a constituir una población de 30 mil personas, la segunda ciudad más poblada del Estado de Salvador.

Al mismo tiempo, se desarrolló una de las primeras experiencias socialistas en el mundo: en Canudos, cada familia entregaba prácticamente todas sus pocas posesiones al conjunto de la comunidad, mantenía las tierras de labranza y el ganado familiar, vivía pobremente de ese trabajo y mantenía a los desvalidos que iban llegando. Conselheiro seguía los principios de la Iglesia católica e imponía reglas religiosas rígidas a sus seguidores, a los que obligaba a rezar el rosario todas las noches y donde el uso del aguardiente era delito grave. Fue convertido en un héroe de las clases más sumergidas del nordeste, especie de híbrido entre Robin Hood y santón milagrero, cuyo retrato era codiciado como una efigie del “sertón prometido”. Tanto la Iglesia como los terratenientes -asustados por el éxodo de una mano de obra barata y semiesclava- sintieron la peligrosa amenaza de Canudos. La persecución a la comunidad aumentó después del informe de frailes capuchinos que señalaban al profeta y a sus beatos como adeptos de una secta político-religiosa basada en supersticiones y fanatismos, capaces de cargar trabucos con las cuentas del rosario.

La tradición ha conservado una vieja cuarteta que lo saludaba así:

Do ceu veio una luz
que Jesus-Christo mandou.

Santo Antonio Apparecido
dos castigos nos livrou.

Quem ouvir e não aprender
quem souber e não ensinar
no dia de Juizio
a sua alma penará.

[Del cielo vino una luz/ que Jesucristo mandó./ San Antonio Aparecido/ de los castigos nos liberó./ Quien oiga y no aprenda/ quien sepa y no enseñe/ el día del Juicio/ su alma penará].

Poco a poco, el movimiento adquirió el carácter de oposición a la República fundada hacía menos de una década. El gobierno federal comenzó a enviar tropas para invadir la misérrima aldea, pero éstas eran irremediablemente diezmadas por el tenaz bando de los beatos. El discurso paranoico de la República recién instalada en 1889, ¡apenas un año después de la tardía abolición de la esclavitud!, no tardó en articularse: incluso llegó a pensarse -sin ninguna razón- que la rebelión era una conspiración monárquica antirrepublicana internacional, con aliados en Nueva York y Buenos Aires. Durante esos años existía una competencia febril entre la Argentina y Brasil, especialmente entre Río de Janeiro y Buenos Aires, por constituirse en el centro de la modernidad latinoamericana. Las visitas de Campos Salles a Buenos Aires y de Julio A. Roca –paradójicamente el famoso “héroe de la Campaña del Desierto”- a Brasil se encuadran en esa pugna plagada de celos y emulación.

En 1897, en el marco de la cuarta incursión de tropas gubernamentales a la región, después de tres estrepitosos y vergonzosos fracasos en los que la represión vino a confrontar armas rudimentarias con sofisticados productos de la industria bélica germana, los militares federales desarrollaron literalmente una guerra de exterminio, incendiaron Canudos, mataron a toda la población y degollaron a los prisioneros.

La Guerra de Canudos dio origen a uno de los clásicos de la literatura brasileña, el libro Os sertões [Los sertones], de Euclides da Cunha, aparecido hace más de un siglo, en 1902, y que a su vez ha inspirado a La guerra del fin del mundo, del peruano Mario Vargas Llosa, y el más reciente largometraje Canudos, de Sergio Rezende, entre otros films. Euclides da Cunha, un ingeniero militar adjunto del poderoso Ejército Federal que había sido contratado como corresponsal del diario O Estado de São Paulo para cubrir la campaña de Canudos, se animaba a decir lo que nadie había dicho. Curiosamente, aquel hombre formado en la ideología positivista y modernizadora del Brasil decimonónico, fue sensible al carácter desigual de la batalla entre el Estado y los seguidores del mesiánico iluminado Antonio Conselheiro, cuya comunidad fue degollada e incendiada con bombas de dinamita. Da Cunha denunciaba en su libro los medios brutales que había utilizado la República, así como las mentiras complacientes de la clase dominante acerca del estado del país. El fue el primero en revelar, no sólo las atrocidades cometidas por quienes se suponían grandes héroes de guerra, sino también la verdadera realidad del interior brasileño, sumido en la miseria y el atraso. El libro presenta importantes parecidos con el Facundo de Sarmiento, junto al cual ha sido leído y analizado, aunque se diferencia de éste en la denuncia del criminal salvajismo de “la civilización” para acabar con “la barbarie”; e inaugura así un género fenomenal que luego tendría una gran tradición en las letras latinoamericanas: el ensayo de interpretación nacional. Son seguidores brasileños de esa tradición inaugurada por Euclides da Cunha, Sérgio Buarque de Hollanda y sus Raízes do Brazil y Gilberto Freyre y su Casa Grande e senzala.

Da Cunha cuenta así la patética escena de la entrada de unos trescientos prisioneros –todas mujeres, viejos y criaturas y media docena de hombres inservibles- al campamento del ejército, al atardecer de ese 1º de octubre del comienzo del asalto final: “Los combatientes los contemplaban entristecidos. Se sorprendían, se conmovían. El poblado in extremis les ponía por delante, en aquel armisticio transitorio, una legión desarmada, mutilada, famélica y claudicante, en un asalto más duro que el de las trincheras en fuego. Les costaba admitir que toda aquella gente inútil y frágil saliera tan numerosa aún de las casuchas fulminadas durante tres meses. Contemplándoles los rostros hundidos, los esqueletos demirriados y sucios, cuyos harapos no alcanzaban a cubrir los desgarros, las escaras y las quemaduras: la victoria tan largamente anhelada decaía de súbito.

“Repugnaba aquel triunfo. Avergonzaba. Era, en efecto, contraproducente compensación a tan lujosos gastos de combate, de reveses y de millares de vidas, el apresamiento de aquella cachivachería humana, a un tiempo asquerosa y siniestra, entre trágica e inmunda, que pasaba ante sus ojos en una larga correntada de esqueletos y de harapos…

“Ni un rostro viril, ni un brazo capaz de levantar un arma, ni un pecho jadeante de campeador domado: mujeres, innumerables mujeres, viejas espectrales, jóvenes avejentadas; viejas y jóvenes indistintas en la misma fealdad, desencajadas y sucias; hijos a horcajadas en las caderas descarnadas; hijos trepados a las espaldas; hijos suspendidos en los pechos marchitos; hijos arrastrados por los brazos, pasando; niños, innumerables niños; viejos, innumerables viejos; raros hombres, enfermos anquilostomados, rostros tumefactos y muertos, como de cera, bustos doblegados, andar vacilante…”.

Los sertones es un tremendo relato de exclusión: retrato de un Estado que a la hora de enfrentarse a un tipo de asociación organizada con principios que no son los modernos, sólo sabe resistir mediante el exterminio de esa comunidad diferente. Así, la obra de Euclides da Cunha descubre el horror de la barbarie verdadera tras los prestigiosos símbolos de la “civilización” modernizadora.

Favela es el nombre brasileño de la “villa miseria”. Ese nombre proviene de la guerra de Canudos. Así se llamaba el morro cercano a Canudos desde el cual la República del “orden y progreso” lanzó su último ataque final, durante tres meses feroces e implacables, a los refugios de los fanáticos harapientos seguidores del Conselheiro. Al finalizar la guerra, el Estado pagó con las tierras fiscales más inútiles –ubicadas en los morros de las ciudades centrales- a los soldados rasos que habían luchado en el nordeste. Misérrimos ellos mismos, esos soldados son los ancestros de los miserables de hoy. No es casual que el nombre del morro de Canudos, Favela, sea el origen de la palabra para designar la exclusión.

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Comentarios.

  1. Estudio Villalobos dice:

    Un poco demasiado literario para un supuesto combatiente… no sé si son tiempos de lectura o de combate. Gonzalo

  2. Héctor Vicente Musmanno dice:

    La situación en Bahia es hoy la misma o peor. Gracias es el artículo es notable.
    Héctor

  3. Gabriel Omar Tarbuch dice:

    Lo sucedido en ese rincón perdido del planeta debería tener más repercusión; podría servir de enseñanza a la humanidad que desconoce.

  4. Eduardo Quiroga Crespo dice:

    El autor es impresionante pues no solo describe el horror de la guerra sino la idiosincracia del nordeste brasilero y su relación con la geografía del lugar. Todo un clásico.

  5. Alejandro Pedro Ballester dice:

    En una de las últimas escenas de”Dios y el Diablo en la tierra del Sol” la pelìcula de Glauber Rocha de los años sesenta, Antonio Das mortes, le dice al ciego que cuenta la historia de los levantamientos del Sertòn, “Ahora voy a ìr a matar al Capitan Corisco -el jefe de los insurrectos-para despues morìr yo a mi vez, porque yo y él somos la misma cosa” La frase ata como en este articulo, la vida de represores y reprimidos.

  6. carlos alberto del campo dice:

    Qué buen libro para que fuera leido por todos los suramericanos, Euclides da Cunha denuncia que desde Río los poderes centrales no conocían nada sobre esa región y su pueblo. El poderoso Ejército fue rechazado en instancias anteriores. La tragedia de Canudos aún pesa en la conciencia de una latinoamérica fragmentada y desconocida. Recientemente, uno de estos grandes presidentes de Brasil dijo en Buenos Aires, que todos los brasileños debieran leer el Martín Fierro y los argentinos concoer Los Sertones. Ojalá, así sea. Muy bueno, Director.

  7. Pedro Nelson Henríquez Velásquez dice:

    Estimados señores. La inmensa matanza de Canudos, en un escenario caleidoscópico de situaciones inverosimiles y otras tan reales, tan duras, que averguenza a veces ser humano…Un escenario más de las miserias de América, que poco o nada conmueve a nuestros intelectuales, a nuestros historiadores, a nuestros investigadores, que siguen “ebrios de Europa”, como dijera con certera y trágica verdad, la mamá Gabriela y muchos más…¿qué hacer para redimir a América, para aliviarla, socorrerla, levantarla, dignificarla si hay tantos ciegos…persiguiendo pequeñas cosas.? El escenario americano es inmenso campo para la lucha, para tantas disciplinas…un emplazamiento a la autoexigencia…intelectual. ama y aprende de tu América, escritor, borda rios de amor y dulzura para América, joven enamórate de América, corre a rescatarla…pintor, captura la luz de los soles y de las lunas, para iluminar tu América, mujeres de América, busquen hierbas mitigantes y olorosas, para las sienes y las fiebres de América. A todos, levantémonos y peliémos por América…

  8. PABLO ALBERTO BOGGIO-MARZET dice:

    LO QUE MUESTRA EL ARTICULO ES TAL CUAL -COMO APUNTA CERTERAMENTE BALLESTER- LA TEMATICA DE GLAUBER ROCHA EN LA PELICULA CITADA Y EN SU CONTINUADORA “ANTONIO DAS MORTES” respecto del “matador de cangaceiros”. LA CANCION QUE SIRVE DE TITULO A ESTA ULTIMA ES FENOMENAL, LASTIMA QUE NO SE SIQUIERA SI SE LLEVO AL DISCO. TENGO ENTENDIDO QUE EPISODIOS COMO ESTOS TUVIERON LUGAR HASTA ALREDEDOR DE 1940, ES DECIR EN PLENO VARGUISMO. EN LA ARGENTINA SE CONOCE POCO DE LA HISTORIA DE BRASIL -Y DE LA PROPIA-. POR EJEMPLO EL DRAMA DE LOS “SIRINGUEIROS”, peones de la extraccion de la “borracha”(goma) DURANTE EL AUGE CAUCHERO. esto paso alrededor del 900, antes que los ingleses, es decir,un “cientìfico” se robaran una de esas plantitas para hacerla crecer en otras latitudes coloniales, pero siempre con mano de obra semiesclava. TAMPOCO SE CONOCE MUCHO SOBRE EL SECESIONISMO DE LOS 3 ESTADOS MERIDIONALES (PARANA,SANTA CATARINA Y RIO GRANDE) RESPECTO DE RIO DE JANEIRO EN LA EPOCA DE PEDRO II, SALVO LO QUE ESTA RELACIONADO CON LA POLITICA DE ROSAS. EN EL MUSEO DE BAGE, CIUDAD QUE ESTA NO LEJOS DE LA FRONTERA URUGUAYA, ENCONTRE UNA COPIA DE LA PROCLAMA DEL GENERAL PAZ LUEGO DE CAAGUAZU. EXTRAÑAMENTE ERAN ENEMIGOS DEL IMPERIO, PERO LAS REPUBLICAS MERIDIONALES TENIAN UN CUÑO MASONICO Y NO ERAN MUY AMIGOS DE ROSAS, PRECISAMENTE. POR ESO ACEPTARON LOS SERVICIOS DEL CAPITAN MERCANTE LLAMADO GARIBALDI, QUE LES ORGANIZO UNA MARINA LACUSTRE PARA DEFENDER LA LAGUNA DE LOS PATOS. EN LA LOCALIDAD DE CRISTAL, DONDE HAY A LA VERA DEL CAMINO -MANO IZQUIERDA VINIENDO DESDE PORTO ALEGRE- UNA REPLICA DE LA CASA DE CAMPO DE UNO DE LOS CAUDILLOS RIOGRANDENSES (BENTOS MANUEL O BENTO GONZALVES, NO RECUERDO) hay un interesante museo local, con un conjunto de esas figuras de cera en las que se lucen unos marineros, vestidos a la mitad de tales, y de cintura para abajo de gauchos.. ESTAS SUBLEVACIONES DE LOS 3 ESTADOS SE REPITIERON EN LA ULTIMA DECADA DEL SIGLO XIX -YA EN TIEMPOS REPUBLICANOS- SIEMPRE CON GRAN DERRAMAMIENTO DE SANGRE. UN SIGLO DESPUES TODAVIA PODIAN VERSE EN LAS LUNETAS DE LOS AUTOMOVILES LA LEYENDA “republica do pampia”, pero el gobierno de Brasil los puso rapidamente en su lugar. ES DE ESPERAR QUE ALGO SIMILAR OCURRA EN LA ARGENTINA CUANDO A ALGUN “INTELECTUAL” -los hubo- hable de separar la PATAGONIA.

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