Artículos de Julio de 2005.

Nº 303 - La mística militar-industrial. El general Manuel Savio y el día de la Siderurgia nacional

31 de Julio de 2005 ≈ 16:20 | tamaño de texto | versión para imprimir

El 31 de julio de 1948 moría de un paro cardíaco el general de división Manuel Nicolás Aristóbulo Savio y por ello se instituyó, con justicia, al 31 de julio como el “Día de la Siderurgia”. Había nacido en Buenos Aires el 15 de marzo de 1893.

Savio fue el heredero de fray Luis Beltrán y el continuador de las tesis esgrimidas y materializadas –a través de YPF durante la presidencia de Yrigoyen- por el general Enrique Mosconi (cf. la Agenda de Reflexión Nº 241) para transformar una economía nacional agro-pastoril exportadora en otra que tuviera a las industrias de base como motor del crecimiento. Savio fue el primero del plantel de ingenieros militares que realizaron una “movilización nacional” de carácter militar y técnica al mismo tiempo, correlacionando las posibilidades… [...] Continuar leyendo »

Nº 302 - El nacionalismo católico de Ignacio B. Anzoátegui

25 de Julio de 2005 ≈ 0:12 | tamaño de texto | versión para imprimir

Hace exactamente un siglo, el 25 de julio de 1905, día de la fiesta de Santiago Matamoros, nació en La Plata Ignacio Braulio Anzoátegui; murió en Buenos Aires el 2 de abril de 1978. Ambas fechas constituyen significativas coincidencias tratándose de él, uno de los más brillantes exponentes del nacionalismo católico argentino. Se casó con Josefina Padilla, con quien tuvo once hijos.

Doctorado en Leyes en la Universidad de Buenos Aires, desempeñó luego la magistratura judicial, siendo sus fallos famosos por el estilo y el talento literario (“Sin poesía no hay derecho”, decía siempre). Uno de esos fallos, sobre un hombre que se casó con una mujer veinte años mayor, decía, por ejemplo: “Cuando se casaron, él tenía la edad en que se encuentra a la vida y ella la edad en que se le reencuentra”.

Además de libros de poesía, aforismos y ensayos, también escribió en cuanto diario y revista relevante existía en el país y en muchísimas del extranjero: La primera Criterio (junto a Manuel Gálvez, Leopoldo Marechal –su gran amigo-, Ernesto Palacio, Eduardo Mallea, Fernández Moreno y Ricardo Molinari, además de Gilbert K. Chesterton, Hillaire Belloc, Ramiro de Maeztu, Jacques Maritain y Giovanni Papini), Número (donde se encargaba de la crítica cinematográfica), Cárcel de papel, Tía Vicenta (con y sin firma), P.B.T. (bajo el seudónimo Martín Pescador), Sol y Luna (cuya dirección compartió), Caras y Caretas, Leoplán, Ulises, El Hogar, Tribuna, Alianza, Tiempo Político, Azul y Blanco, La Argentina (de Hugo Wast), Juan Manuel de Rosas (el boletín del Instituto homónimo), Universitas (la revista de la Universidad Católica Argentina), Jauja (dirigida por el Padre Leonardo Castellani), etcétera. Anzoátegui era un hombre decididamente polémico: escribía como esgrimiendo un arma.

Los Cursos de Cultura Católica y nosotros

Nacieron los Cursos de Cultura Católica de la decisión de una minoría de hombres inmunes a la heredosífilis liberal que venía regenteando al país después de lo de Caseros (donde la patria se recalcó un pie).

Era por entonces el cultianalfabetismo dueño casi absoluto de la verdad y de la historia: de la verdad gambeteadora y prepotente y de la historia para párvulos a la que jineteaba orondamente tocado de poncho y galera.

La chivatería masónica dictaba cátedra y las quitaba. So color de los colores azul y blanco –infaltables delantales de las tribunas de pino improvisado- arengaba a un rebaño, al que, de paso, había negado el derecho de prosternarse ante el Pastor. Y la intelectualidad argentina la escuchaba boquiabierta, acaso balando hurras a los carraspeos de los descuajeringados pajarracos.

Aquella chivatería creó así, para los fieles de Cristo, una cara que reunía los rasgos de la beatería y la bobera.

Fue por el [mil novecientos] veintitantos cuando el Señor decidió que se operara el milagro. Y lo hizo –como a El le gusta hacerlo- valiéndose de aquella minoría, en armas también ella, cuya misión primera era la de llamar pan al pan y vino al vino y cuya segunda misión era comerse a los comecuras. Pan y vino fueron su alimento y su aliento: el pan y el vino del convivio eucarístico donde Cristo se da entero a sus leales seguidores.

En medio de aquella época tan nefanda como nefasta, en medio de aquel tiempo que se creía dueño y lacayo del último quiquiriquí del máximo mascalzone de turno, en medio de aquellos años enloquecidos de aggiornamiento con el más vil de los viles detractores, los Cursos de Cultura Católica nos rescataron a la confianza, nos reconciliaron con la dignidad, nos enseñaron que el católico no tenía por qué poner cara de drogadicto de la virtud, de monja psicoanalizada por cualquier Amado Nervo.

Tales fueron las lecciones que aprendimos en los Cursos. Tal fue la vida que nos develaron. Tal la enseñanza deslumbrante que compromete para siempre nuestra gratitud.… [...] Continuar leyendo »

Nº 301 - El día que Argentina invadió California. La fantástica gesta del capitán Hipólito Bouchard y las campañas corsas

22 de Julio de 2005 ≈ 1:55 | tamaño de texto | versión para imprimir

El 22 de julio de 1818 una flota corsaria revolucionaria argentina llegó a Monterrey, por entonces dominio de Nueva España, y tras duros combates logra tomar el fuerte y hace flamear la bandera de Belgrano por seis días en la capital californiana. Luego del ataque a Monterrey, las tropas patriotas al servicio de las “Provincias Unidas de Sud-América” arrasan la misión de San Juan, Santa Bárbara y otras poblados españoles de la alta y baja California.

Un componente decisivo de las guerras de la Independencia lo constituyó la acción de los corsarios, atacando el comercio marítimo realista español y logrando la definitiva decadencia del poder naval español en aguas americanas.

El corso hispanoamericano se inició en el Atlántico Sur y el Caribe, donde actuaron unos sesenta corsarios a partir de 1814, alcanzó… [...] Continuar leyendo »

Nº 300 - El último poeta del tango, Enrique Cadícamo. Y la historia de Los mareados, con música de Juan Carlos Cobián

15 de Julio de 2005 ≈ 11:33 | tamaño de texto | versión para imprimir

[Investigación de www.elportaldeltango.com y www.todotango.com]

Enrique Cadícamo nació con el siglo, el 15 de julio de 1900, en una estancia de Malcolm, cerca de Luján, provincia de Buenos Aires, en la que su padre oficiaba de mayordomo. Y falleció en la ciudad de Buenos Aires el 3 de diciembre de 1999, a la edad de 99 años. Décimo hijo de una familia de inmigrantes italianos, a los seis años ésta se traslada a Floresta. En su juventud en 1918 trabajó en el Consejo Nacional de Educación junto con Leopoldo Lugones. Compuso con el seudónimo de Rosendo Luna. También lo hizo en sociedad con Juan Carlos Cobián. Cuando conoce a Carlos Gardel, tiene ya toda una larga obra consagrada: el gran Morocho del Abasto le grabará veintitrés temas entre 1925… [...] Continuar leyendo »

Nº 299 - El apóstol sudamericano. La obra milagrosa de san Francisco Solano

14 de Julio de 2005 ≈ 13:27 | tamaño de texto | versión para imprimir

Lograda la conquista del gran imperio incaico, que se extendía desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile y el noroeste de Argentina, los misioneros de las distintas órdenes religiosas iniciaron la evangelización de estos extensos territorios. Se trataba de extender el Reino de Cristo en la Tierra. En Perú el trabajo comenzó en 1531 por dominicos y franciscanos; más tarde llegaron los agustinos, mercedarios y jesuitas y, por supuesto, el clero secular. Desde Lima se extendió el cristianismo por todos los territorios vecinos, como Chile, Bolivia y Tucumán. En las tierras del Plata la cristianización floreció cuando en 1547 se estableció por el Chaco el enlace con Perú.

Al crecimiento exterior de la Iglesia correspondió el interior. Se celebraron los primeros concilios provinciales y se dieron las primeras… [...] Continuar leyendo »

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