Nº 300 - El último poeta del tango, Enrique Cadícamo. Y la historia de Los mareados, con música de Juan Carlos Cobián

- | 15 de Julio de 2005 ≈ 11:33 | tamaño de texto | versión para imprimir

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[Investigación de www.elportaldeltango.com y www.todotango.com]

Enrique Cadícamo nació con el siglo, el 15 de julio de 1900, en una estancia de Malcolm, cerca de Luján, provincia de Buenos Aires, en la que su padre oficiaba de mayordomo. Y falleció en la ciudad de Buenos Aires el 3 de diciembre de 1999, a la edad de 99 años. Décimo hijo de una familia de inmigrantes italianos, a los seis años ésta se traslada a Floresta. En su juventud en 1918 trabajó en el Consejo Nacional de Educación junto con Leopoldo Lugones. Compuso con el seudónimo de Rosendo Luna. También lo hizo en sociedad con Juan Carlos Cobián. Cuando conoce a Carlos Gardel, tiene ya toda una larga obra consagrada: el gran Morocho del Abasto le grabará veintitrés temas entre 1925 y 1933 y él se convertiría en su compositor preferido.

Se hace difícil encontrar un autor tan prolífico dentro de cualquier cancionero del mundo; abordó todos los temas imaginables para ser cantados, y en todos los ritmos. Entre más de 1.300 tangos, valses y milongas se destacan Al mundo le falta un tornillo (igual que entonces, también “hoy se vive de prepo y se duerme apurao. Y la chiva hasta a Cristo se la han afeitao. Hoy se lleva a empeñar al amigo más fiel, nadie invita a morfar, todo el mundo en el riel”), Tres esquinas, Almita herida, Shusheta, Muñeca brava, Che papusa, oí, Madame Ivonne, Por la vuelta, Copas, amigos y besos, Dolor milonguero, Palais de Glace, El cantor de Buenos Aires, Se llamaba Eduardo Arolas, Santa Milonguita, Nieblas del Riachuelo, Mi madrigal, Brumas, Anclao en París, Nunca tuvo novio, La casita de mis viejos, Nostalgias, Los mareados, El cuarteador, y Garúa. También publicó tres poemarios: Canciones grises (1926), La luna del bajo fondo (1940) y Viento que lleva y trae (1945); tres libros: El debut de Gardel en París, La historia del tango en Paris, y Mis memorias; varias obras teatrales, en colaboración; y además muchos guiones cinematográficos.

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El fantástico tango Los mareados, que constituye un verdadero desafío para orquestas y cantores, es la maravillosa resultante de la feliz combinación de dos personalidades geniales: entre un músico exquisito, pianista fino que introdujo la melodía en el tango –Juan Carlos Cobián- y un poeta sublime –Enrique Domingo Cadícamo-, que supo siempre adaptarse y “leer” magistralmente los tiempos que corrían. Cobián había compuesto Los dopados como un aporte musical para una obra teatral que llevaba ese mismo nombre, con letra de Raúl Doblas y Alberto Weisbach.

Pobre piba, entre dos copas
tus amores han logrado.
Triste hazaña de un dopado
que hoy festeja el cabaret

Relata Cadícamo en sus memorias que un día el gordo Troilo llega muy entusiasmado a su departamento trayendo una vieja grabación de Fresedo de Los dopados en la creencia de que era una pieza sólo instrumental, y le pide que escriba una letra. Ambos ignoraban que este tango ya tenía una. Cadícamo tenía ciertos reparos por la ausencia de Cobián, que en esos momentos se hallaba en los Estados Unidos, pero confiando en su gran amistad con el músico se decidió a escribir Los mareados, lo que implicaba no sólo una nueva letra sino inclusive el cambio de nombre del tango, pensando –como efectivamente ocurrió-, que recibirían de su viaje al compositor con un verdadero éxito. A diferencia de la versión original en que la primera parte musical funcionaba como introducción sin canto, la letra de Cadícamo ocupa las tres partes diferentes de la obra de Cobián en un acople tan perfecto que se reproduce la simbiosis de Nostalgias del año 1936. Aníbal Troilo realiza unos arreglos fenomenales y lanza un inmenso éxito estrenando Los mareados con la voz de Francisco Fiorentino en el cabaret Tibidabo en 1942, con los maravillosos versos que conocemos:

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Rara…
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal…
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar…
Pena
me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado…
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida…
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor… pesar… dolor…
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos…
¡Qué grande ha sido nuestro amor!…
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó…

Pero poco duró su difusión. Al año siguiente la censura impuesta por el entusiasmo moralista del gobierno militar del ’43 obligó a suprimir el lenguaje lunfardo, como así también cualquier referencia a la embriaguez o expresiones que en forma arbitraria eran consideradas inmorales o negativas para el idioma. Esta estúpida disposición desvirtuaba las letras a punto tal que, en muchos casos, su interpretación representaba un serio problema para el director y para el propio cantor. Cadícamo se vio entonces obligado a escribir una nueva letra, con un nuevo nombre: En mi pasado. Si bien reproduce la tercera parte, modifica totalmente las dos primeras, que comienzan:

Separémonos sin llanto
y esta escena no alarguemos…
Es preciso que cortemos más,
te quiero tanto y tanto…

Esta versión reconoce una grabación realizada en aquel tiempo por al cantante Andrés Falgás. Enrique Cadícamo no era hombre de soportar presiones. Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de Los mareados, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. «¿Así le gusta?», preguntó. «Esto está mejor», contestó el censor, a lo que Cadícamo, rompiendo en pedazos lo que acababa de escribir, le contestó: «Pues sepa que esto es una porquería».

Curiosa historia la de este tango. Sobre el común denominador de la música de Juan Carlos Cobián se escribieron tres letras que le impusieron tres nombres: Los dopados, Los mareados y En mi pasado.

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Por fin Los mareados resurge en su forma auténtica en el año 1949. Ocurrió cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible de la censura, solicitaron una entrevista al presidente de la nación, por entonces el general Juan Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada, entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Boyardo.

Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo está, don Alberto? ¿Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces Los mareados retornó a la auténtica versión de Cadícamo que se inscribe entre las más hermosos obras del género.

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Comentarios.

  1. Jorge Francisco Gandini dice:

    Soy tangero viejo y proximo a cumplir 75 años y me dedico a acumular datos de escritores y compositores y esto lo veo muy practico e interesante. Ademas estaba buscando ¿quien es el autor del tango que en sus versos dice “Al mundo le falta un tornillo, que venga un mecanicvo, haber si lo puede arreglar?
    Tenemos una gran discuciòn de amigos y no nos ponemos de acuerdo. Ai ustedes lo saben rtuego harme llegar a mi correo esa informaciòn. Muchas Gracias

  2. Alvis justino Daniel dice:

    no se sobre el tango en si, pero si sobre Don Enrique, en el año 1996 me dio la mayor leccion de vida que alguien me pudo dar, yo trabajaba en sadaic, y tenia un amigo que habia sido empleado en la Warner, Don Enrique le habia dado unas letras a Lito Nebia para que las grabara en Japon, nos encontro en la puerta y le pidio a mi amigo que lo ayudara a recopilar y reveer algunos temas, eso fue en la mesa del desaparecido Barjama y tomando un cafe que el nos pago, por supuesto yo echo pis, saben que edad tenia Don Enrique en ese momento, 96 años, y estaba proyectando algo para dos años despues, un monstruo, me enseño que nadie se muere el dia antes.

  3. Ariel Carrizo Pacheco dice:

    Estimado, Al mundo le falta un tornillo lleva, justamente, versos del maestro ENRIQUE CADICAMO y música de José María AGUILAR. UN abrazo tanguero!

  4. daniel gamero dice:

    MUY BUENO GRACIAS

  5. Agenda de Reflexion » N° 730 - Enrique Cadícamo dice:

    [...] [Ver también la Agenda de reflexión Nº 300] [...]

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