Nº 320 - El ilustre noble marxista

- | 2 de Noviembre de 2006 ≈ 2:21 | tamaño de texto | versión para imprimir

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[Sobre una investigación de Julio César Morán]

Hace hoy cien años, el 2 de noviembre de 1906, nacía en Milán en el seno de una de las familias más ilustres de la nobleza europea Luchino Visconti, que llevó la realización cinematográfica y la puesta en escena operística a cumbres insuperadas.

De formación marxista (fue notable la influencia de las ideas de Antonio Gramsci en las revistas de cine de la época), gran admirador y discípulo de Jean Renoir, Visconti fue el fundador del neorrealismo italiano y, junto a Roberto Rosellini, sus más brillantes exponentes.

Obsesión (1942) –basada en la novela de James Caine El cartero llama dos veces- es la primera película neorrealista, movimiento que introduce una nueva visión del cine, de la dirección de actores (frecuentemente no profesionales) y sobre todo en la concepción de la realidad y de los problemas sociales. Tiene antecedentes en el verismo de las óperas de Mascagni (Caballeria rusticana) y Leoncavallo (Pagliacci) y en las novelas del siciliano Giusepe Verga. E influencias del realismo socialista soviético, el realismo negro francés y las técnicas narrativas de la moderna literatura norteamericana.

El crítico y teórico marxista Guido Aristarco, en La disolución de la razón: discurso sobre el cine, considera a La terra trema (1948, en la que además de producir y dirigir Visconti actúa y es guionista) como la película más lograda y avanzada ideológica y estéticamente de toda la historia. Pero esa concepción social de la realidad confronta con la grandeza artística de los movimientos de cámara, donde aparece toda la cultura visual del director, su genial “mirada” pictórica. En consecuencia, se enfrentaba la pobreza desolada de la realidad a representar, con la magistral perspectiva artística del ojo desde donde se la miraba.

En Bellisima (1951), con Ana Magnani, el neorrealismo abre el camino a una concepción lírica y melodramática. De manera que podemos señalar, también, una nueva oposición en el arte de Visconti y es que toda su visión social de la realidad y el preciosismo de su gusto y de sus formas de representación de lo real convergen con un explícito entusiasmo por el melodrama. Esto se nota aún más desde Rocco y sus hermanos (1960) hasta La caída de los dioses (1969).

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La obra que quizás más expone esta versión operística de los problemas sociales y amorosos es Senso (1954), también llamada Livia, un amor desesperado. Comienza en la época del Risorgimento con una representación de Il trovatore de Verdi y es un melodrama estético, pues Visconti concibe al melodrama como una de las formas más depuradas de la creación artística con todos los recursos de su cultura. Verdi y el melodrama han sido los grandes amores de la madurez creativa de Visconti.

El gatopardo (1963), basada en la novela de Giuseppe de Lampedusa, es un gran fresco social sobre la nobleza, la burguesía y sus formas de adaptación a las transformaciones sociales. Como en otras de sus películas, se han incorporado pequeños fragmentos de ópera y una magistral partitura original de Nino Rotta.

Visconti revolucionó también el arte de la puesta en escena operística del repertorio melodramático romántico y logró fantásticas modificaciones dramáticas, en los movimientos de masas y en la dirección escénica de los cantantes. Son célebres sus versiones protagonizadas por María Callas. Entre ambos se ha dicho con justicia que convirtieron a la ópera a toda una generación.

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María Callas y Luchino Visconti
durante la puesta de La Traviata
en Alla Scalla de Milán en 1955

La caída de los dioses (1969) muestra con claridad el pathos trágico operístico viscontiano al desenmascarar al nazismo, a sus seguidores, su ideología y la debilidad de la democracia liberal, pero con claro un acento no tanto wagneriano como prometería el título, sino, como siempre, verdiano.

En su último período Visconti nos sorprende con una preocupación por las posibilidades y la soledad de una generación, la suya, ante un mundo que ha cambiado y la irrupción de una juventud con valores diferentes. Muerte en Venecia (1971) es, en este sentido, no sólo una obra admirable sino un estudio de la mirada de un artista adulto, su admiración por la belleza y la preocupación por la relación entre arte y ética. Basada en la novela de Thomas Mann, convergen ideas platónicas y una gran influencia de Marcel Proust. En efecto, Visconti intentó varias veces realizar una versión de En busca del tiempo perdido con guión de Suso Cecchi D´Amico, uno de sus habituales colaboradores.

En Ludwig (1973), sobre Luis II de Baviera, quien construyera castillos románticos en homenaje a Richard Wagner y en imitación de Versalles, Visconti discurre sobre el cuadro social y la época, pero más sobre la personalidad del rey solitario y quienes lo visitan, entre ellos el propio Wagner.

Grupo de familia (1974) muestra también las características típicas del último período de Visconti, pues presenta a un viejo profesor retirado, solitario, admirador de cuadros y objetos artísticos, concentrado en sus reflexiones, que debe alojar en su casa a personajes más actuales: una mujer adinerada con hábitos incomprensibles y despreocupada de las sutilezas del profesor, jóvenes que le son extraños en su moral y en su modo de vida. Así se advierte la soledad generacional y personal y la necesidad, sin embargo irremediable, de compartir la vida y los maltrechos ideales.

El inocente (1975) última película de Visconti, basada en Gabriel D’Anunzio, es claramente un melodrama, casi una ópera, por sus temas, desarrollos y hasta truculencias, pero con todo está siempre la mirada distanciada del gran maestro en una historia de amores perdidos.

Como se ve, nos hallamos ante un brillante intérprete de obras literarias, a las cuales siempre aportó su lectura propia, pero sin olvidar que, fundamentalmente, el cine es narración. Pero también exploración de la subjetividad y de los inexplicables e imprevisibles sentimientos de los hombres.

Luchino Visconti muere en Roma a los 70 años, el 17 de marzo de 1976, cuando preparaba su versión de La montaña mágica de Thomas Mann.

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Comentarios.

  1. alicia dice:

    Interesantísimo, el tema, los datos biográficos de las distintas personalidades, hay que refrescar los conocimientos sobre la historia de las artes, porque en definitiva es la historia de las manifestaciones, percepciones y sentimientos de la humanidad, la cual se ve reflejada así misma. Felicitaciones por ésta y otras historias que recibimos.

  2. Carlos von Gerlach dice:

    Es un marxista que a través de sus películas realizó tareas de propaganda bolchevique.

    Podrá haber nacido dentro de una familia noble pero miró la vida desde la miseria, tanto material como moral. Podríamos decir sin equivocación que fue su visión la de un miserable.

    Como buen marxista-leninista todo lo criticó: el fascismo, el nazismo, el liberalismo y el catolicismo. A todo le vió defectos, bueno a todo es un decir por que de los crímenes del carnicero Stalin nunca hizo el menor reproche.

    A pesar de que mucho de ellos se cometieron en Italia por los bolcheviques adictos.

  3. Rosina dice:

    Recuperé mi correo.
    Felicitaciones, la nota es brillante, no pude ver todas las pelìculas de Visconti solo que si comprendì que fue un gran genio, en mi opinión incomprendido, ya que nadie toleraba su forma de sentir ser socialista y católico, a mi me parece lìcito y coherente, y si además se es un genio de tal talla es porque sin duda la mano de Jesús y María estaba sobre él y yo no soy clerical para nada, solo el amor es mi alimento en cuestiones religiosas o polìticas, perdón que no pueda comentar más el artículo que se merece grandes agasajos, mi salud me lo impide.
    Un gran abrazo y otra vez gracias, Rosina.

  4. Gerardo González dice:

    Considero a Visconti como una cumbre del siglo.
    No sé qué milagro hubo en la Italia de esos años, que dió a él, a Fellini, De Sica, Rosellini, y pocos años después a Pontecorvo y Pier Paolo Passolini, entre otros.
    Es como si el cine, como arte propio y mayor del siglo XX, hubiera hallado en la Italia del 40 al 70 su cumbre.
    Y no es casual que los actores, músicos, escénógrafos, guionistas, alcanzaran ese nivel de maravilla.
    Sofía Loren -casada con el dueño de Cinecitá Carlo Ponti- il bel Marcello, Vittorio Gasman, Ana Magnani, y el más grande: Alberto Sordi, nos acompañarán con sus personajes siempre.
    Es trágico que ni Europa exhiba esas obras maestras.
    Hollywood mató todo.
    Me permito, pués, aconsejar a los lectores de la página de Alejandro Pandra que busquen esas películas y se sumerjan en ellas.
    Les aseguro que les cambiará la vida.
    Gerardo González.

  5. Fernando Pasik dice:

    Yo soy de una generación que se ha deleitado con Visconti y otros de esa epoca. Esa grandeza artistica tambien nos ha permitido pensar que ese sentido grandioso y trágico del vivir era inconducente. Jauretche, con esa notable maestria en la sencillez de sus palabras, nos decia que una Revolución se hace con alegría. Estos grandes itlianos carecian de alegria. Era imposible pensar el mundo desde el marxismo, con amor, y alegria.
    Bravo Alejandrito.
    Fernando.

  6. yehar dice:

    Gerlach, ya te habras dado cuenta de lo desubicado de tu comentario. El vio la realidad miserable que le toco vivir y la entrego al mundo. No vivio en jauja como tu.
    No es la mirada de un miserable, pues miserable es el que no ve la miseria ajena e incurre en la peor de las miserias propias.

    Incluso equivocado o no no merecia tu comentario sino argumentos.

    Ah, y permiteme una pequeña miseria de mi parte: la palabra “porque” cuando no es pregunta, se escribe junto, asi: “porque”

    Ojala te vuelvas mas tolerante

  7. LU dice:

    Un alma tan sensible murió a tiempo está época le hubiese destruido el corazón.

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