Nº 330 - Estas Navidades siniestras

[Por Gabriel García Márquez]
Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tanto estruendo de cornetas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. Novecientos cincuenta y cuatro millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo. Sería interesante averiguar cuántos de ellos creen también en el fondo de su alma que la Navidad de ahora es una fiesta abominable, y no se atreven a decirlo por un prejuicio que ya no es religioso sino social.
Lo mas grave de todo es el desastre cultural que estas Navidades pervertidas están causando en América Latina. Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que habría de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau.
La mistificación empezó con la costumbre de que los juguetes no los trajeron los Reyes Magos –como sucede en España con toda razón-, sino el niño Dios. Los niños nos acostábamos más temprano para que los regalos llegaran pronto, y éramos felices oyendo las mentiras poéticas de los adultos. Sin embargo, yo no tenía más de cinco años cuando alguien en mi casa decidió que ya era tiempo de revelarme la verdad. Fue una desilusión no sólo porque yo creía de veras que era el niño Dios quien traía los juguetes, sino también porque hubiera querido seguir creyéndolo. Además, por pura lógica de adulto, pensé entonces que también los otros misterios católicos eran inventados por los padres para entretener a los niños, y me quedé en el limbo. Aquel día –como decían los maestros jesuitas en la escuela primaria- perdí la inocencia, pues descubrí que tampoco a los niños los traían las cigüeñas de París, que es algo que todavía me gustaría seguir creyendo para pensar más en el amor y menos en la píldora.

Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papá Noel de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve. En realidad , este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen San Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina. Según la leyenda nórdica, San Nicolás reconstruyó y revivió a varios escolares que un oso había descuartizado en la nieve, y por eso lo proclamaron el patrono de los niños. Pero su fiesta se celebra el 6 de diciembre y no el 25. La leyenda se volvió institucional en las provincias germánicas del Norte a fines del siglo XVIII, junto al árbol de los juguetes, y hace poco más de cien años pasó a Gran Bretaña y Francia. Luego pasó a Estados Unidos, y éstos nos lo mandaron para América Latina, con toda una cultura de contrabando: la nieve artificial, las candilejas de colores, el pavo relleno y estos quince días de consumismo frenético al que muy pocos nos atrevemos a escapar. Con todo, tal vez lo más siniestro de estas Navidades de consumo sea la estética miserable que trajeron consigo: esas tarjetas postales indigentes, esas ristras de foquitos de colores, esas campanitas de vidrio, esas coronas de muérdago colgadas en el umbral, esas canciones de retrasados mentales que son los villancicos traducidos del inglés; y tantas otras estupideces gloriosas para las cuales ni siquiera valía la pena de haber inventado la electricidad.
Todo eso, en torno a la fiesta más espantosa del año. Una noche infernal en que los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de puerta buscando donde desaguar, o persiguiendo a la esposa de otro que acaso tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala. Mentira: no es una noche de paz y amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere. La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, y de llorar en público sin dar explicaciones. Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobró de la Navidad anterior: la crema de menta, el licor de chocolate, el vino de plátano. No es raro, como sucede a menudo, que la fiesta termine a tiros. Ni es raro tampoco que los niños –viendo tantas cosas atroces- terminen por creer de veras que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos.





Comentarios:
Muestra la realidad actual total, no obstante olvida casi totalmente el sentido religioso y respetuoso que los Latino Americanos tenemos por Dios Nuestro Señor que se encarnó en su Hijo Jesús quien nos bendice cada año con el recuerdo y festejo familiar en la Navidad.
Publicado por: Gabriel da Coba | Diciembre 22, 2006 04:02 PM
Totalmente de Acuerdo con el escritor.
Recuerdo hace 20 años la tristeza de mi tía al ir a mesas modernas y con comidas raras.
También detesto salir a comer en navidad, como que la cosa debería ser más familiar.
O menos hipócrita, ¿No es así?
Publicado por: Jorge Duarte | Diciembre 22, 2006 04:06 PM
¡Redondito! No le falta ni le sobra ni una coma. La pluma incomparable de Gabo nos deleitó otra vez.
Publicado por: Bonifacio | Diciembre 22, 2006 06:30 PM
Encontramos en este lenguaje literario la construcción atroz de una fantasia real. Vemos claramente la magnificencia de un tiempo de la vida hecha como una epoca visible para regocijarnos solo de felicidad y de alegria, las cuales según el sistema no se pueden apagar en la conciencia de la humanidad aun habiendo una voz tenebrosa, terrible, que ordena asesinar dentro de una guerra tan inutil como él. Es sin duda una fiesta espantosa, pues en las propias barbas de ese santa claus, se ve enredado el humo de las bombas y salpicadas por la sangre de los pueblos y no solo esto, sino que dentro de ellas va escondido el rostro del homicida.
Publicado por: Víctor J. Rodríguez Calderón | Diciembre 22, 2006 07:13 PM
Concuerdo en todo lo que García Márquez dice acerca de la invasión cultural que representa la exportación a América Latina de los modos de celebrar la Navidad en los Estados Unidos, donde esta fiesta religiosa ha sido desvirtuada por la comercialización y el consumismo. Sin embargo, creo que el comentario de este famoso escritor es exesivamente negativo y generaliza, injustificadamente en mi opinión, los peores rasgos de la conducta humana. A pesar de lo mucho que es malo en este mundo, aún existen la fe, los lazos familiares, y la solidaridad humana. Y no todos sucumbimos al consumismo o a los artificios con los que nos asaltan los medios de comunicación.
Publicado por: Malva E. Filer | Diciembre 22, 2006 07:44 PM
Exacto.
Publicado por: Gerardo Petrarca | Diciembre 22, 2006 09:02 PM
Este trabajo del gigante de Aracataca siembra esperanza a quienes aun anestesiados por la tesis consumista del gasto desconsiderado que toda "Navidad" occidental representa, aspiramos algun dia tener una "verdadera" navidad en la que mas que adornos y slogan tecnologicos en nuestras carretaeras y en nuestras ciudades, sembremos un arbol de navidad (con la semilla del afecto a nuestros hermanos) que no amanezca seco unos dias despues; y del cuyas ramas vivientes, nosotros los hombres, salgan las conductas solidarias que serviran para rendir honor y representar con fidelidad el mensaje de amor fraterno de unos para otros que es el verdadero mensaje de Jesus.
La verdadera navidad sera posible cuando los hombres logremos entender que no habra un verdadero espiritu de navidad si nos ocupamos solo de rendir culto y gloria a lo puramente material, que es lo que deshumaniza a la navidad en sitios en donde solo hay conflictos y envidias entre seres que debieran amarse y respetarse,y neguemos espacio precioso en nuestras vidas a lo espiritual y humano que es lo unico que podria acercarse al verdadero mensaje de navidad que desde siempre las corporaciones pretenden robarnos y peor que eso inculcarnos como norma social de vida.
Agradeceria si es posible los datos para contacto fisico / electronico con el gigante que escribio tan hermoso y oportuno trabajo.
Feliz reflexion de navidad.
Ing. Jose Martinez
Maracaibo - Venezuela
58-261-7982146
58-416-7648374
Publicado por: Jose Martnez | Diciembre 23, 2006 07:28 AM
Si bien es todo desesperanzado, G.Màrquez tiene razón. En la Navidad, por lo menos en la ARGENTINA, no se celebra el Nacimiento del Niño Dios, sino que es una oportunidad para comer y tomar. Y sí, en forma desmedida, donde aalgunos gastan más de lo que deberían. Y de paso, la ridiculez de ese Papá Noel anglosajón, con nieve y trineos. El comercio lo justifica todo. Y de paso, tenemos una bofetada a nuestra identidad cultural y religiosa. Silvio Coppola.
Publicado por: silvio coppola | Diciembre 23, 2006 05:23 PM
Habría que agregar que el 25 de diciembre, era "La Fiesta de Angerona" en el Imperio Romano. Luego de las "Saturnales", que empezaban el 17 de diciembre y terminaban el 24, había un 25. El día en que el Señor hacía una comida para los esclavos que los atendieron en la joda descomunal de sexo y alcohol. Ese día el esclavo no solo se sentaba en la mesa del Amo sino que podía hablar sin que le corten la cabeza. De alli, de alguna de esas jornadas populares llega la leyenda de la frase de un esclavo que se animó a decir: "SEñor, las leyes que ustedes hacen son como las telas de araña. Atrapan lo leve y débil,pero el poderoso las rompe y escapa". Cuando vino el Cristianismo, fue conveniente acomodar las fechas y lo pusieron al pobre Jesus Cristo a nacer en el exacto día de la fiesta de los pobres oprimidos. Lo cual no deja de ser todo un mensaje con plena vigencia.
Publicado por: MAN olo | Diciembre 23, 2006 07:19 PM
Les agradezco la frescura.
Publicado por: tabare | Diciembre 23, 2006 08:45 PM
ES DURO, PERO VERDAD!!!!!
Publicado por: MARIELA | Diciembre 24, 2006 11:27 AM
Leyendo el artículo número 330 de Agenda de reflexión, que escribió Gabriel Garcia Marquez, titulado “Navidades Siniestras” y donde muestra cómo torpemente en luengos años permitimos que nos cambiaran el elenco de nuestro llamativo y casi siempre desproporcionado -geométricamente hablando claro está- pesebre navideño. He decidido hoy justamente 24 de Diciembre, hacer pública mi reflexión sobre el tema. Antes que nada y antes que todo deseo que nuestro gran Gabo y los que puedan, vean ese cortometraje televisivo que se llama Luz de Luna, con un capítulo autocríticamente dedicado al religioso día de Acción de Gracias, y que está genialmente representado por Sibyl y compañía. Para LLORAR de risa.
Hoy por hoy y hasta que mi pequeño enojo contigo se me pase, no serás ni el gran Gabo de la mayoría ni el pequeño gabo de la minoría, tan solo Gabo a secas. Cuando la bronca aflora así como en tu escrito, como escupiendo más que esculpiendo esculturales verdades próximas a la Navidad, debes saber que no es la nostalgia la que te está acicateando, hiriendo y matando, sino el recuerdo. ¡Ay Gabo!, por culpa tuya tendré que pasar mi letra por el tamiz de la cierta censura y no sé qué grosor de malla utiliza nuestra buena amiga Agenda Reflexión, pronto lo sabré.
¡Jesús por Dios! Navidades siniestras…poor favoor, hay sinónimos más aceptables para acompañar mejor a la navidad, a veeer, digaaamoos…¡Navidades deplorables! Y es que lo siniestro es abarcativo de lo deplorable pero difícilmente viceversa, porque la Navidad es una y lo que acompaña a la Navidad es otra, por ejemplo siniestra es la guerra y el cese de fuego de su tregua, el estupro y el estupor de cada día, siniestras son las diestras desapariciones y siniestros los diestros ocultamientos y así sucesivamente. Hablar de navidades siniestras…, ¿acaso te ha dado un ataque de latinonacionalicia natividad? Para qué carajo vivimos esta etapa de globalización asistida? para que América sea una sola o no sea y que vuelva a explotar en por lo menos tres pedazos por lengua y tradición. No te olvides de Brasil. Y para que América sea una sola es necesario el popurri cultural de todas ellas. Como un banderín intercambio de buenas maneras, ellos vienen con sus tradiciones p’aquí y nosotros vamos con nuestras tradiciones p’allá y así nos va. Gabo querido, de adulto ¿te has vuelto a columpiar alguna vez? ¿Adónde estaba el envión? ¿En el progreso o en el regreso? Como un ir con ganas y volver con penas, así el vaivén de la penetración cultural sin preservativo acuerdo que quiere germinar adentro y no acabar afuera. Por ejemplo, Gabo, ellos en la década del 80 nos regalaron esa serie de TV que se llamó “Miami vice” y nosotros le regalamos nuestro “Vais a Miami” y qué regalo, todo un antroasentamiento latino que es como un adelantamiento de lo que vendrá. No podía ser otro que francés aquel regalo tan preciado y apreciado por el libre pensamiento, ese símbolo que solo el sentido común pudo ponerle como pedestal a una isla y no al continente, me refiero a la Estatua de la Libertad, intentando iluminar sanamente a los demócratas y vanamente a los republicanos (que después de su 11 de Setiembre se encuentran tan sumergidos en sí mismos como busheando en busca de una estatua de la esclavitud o al menos de la sumisión que los represente más fielmente), intentando decirles que no a la construcción de esa visible muralla mexicana tan china, que no a otro ya risible muro de Berlín, que es por ella que hay que guardar las formas y aparentar que no están encarcelados como nosotros en sus propias contradicciones, y sí sacar tecnológicamente de su fantasiosa galera un escudo menos que galáctico y más que invisible que filtre y filtre infructuosamente, tratando de evitar que ese mutuo efecto que se llama intercambio cultural no les sea tan infecto y contagioso como lo es para nosotros. Todos sabemos que ese trueque cultural que tú llamas agresión y desvastación cultural salió material y espiritualmente mal y que la balanza de lo que le dejamos y lo que nos dejan se inclina a favor de ellos, tan imperial es la cosa, pero ese sufrir o ese gozar es harina de otro costal y otro cantar del cual en otra ocasión, en aria, dueto o en coro podemos con decoro melodiar y merodear. Nuestro spanglish es todo un símbolo de buena voluntad, no te rías Gabo y compañia, que aunque me contenga trato de decirlo en serio. ¿Comprandé usté? ¿Capito Gabito? No me digas Mí no entenderr, estou es chinou básicou, Que la España colonial se te ha hecho presente en tu recinto Alto Perú no hay quién lo dude y se me hace que a tu nota deberías firmarla como Don Marqués García de San Gabriel. Y no te olvides que una de tus primeras penetraciones te la ocasionó Readers Digest contándote en castellano sus noramericanas costumbres (de las cuales bien recuerdo La risa, remedio infalible), así que no me hables de lo que cambió en los últimos treinta años que sabes muy bien que para ir tomándole gustito a la penetración, la búsqueda de la comunicación siempre comienza a flor de piel con dedito y con lenguita, y dado el primer paso, ya sabes lo que viene después. Debes reconocer que más que penetración cultural, para tí, españolísimo, es penetración gutural, tu bronca como la de tantos y me incluyo, es que no terminas de digerir el inglés que ya debes comenzar a masticar chino, ¡qué imperativa e imperial cosa la jeringoza! Para comprender el significado de una palabra que aparece y parece compuesta, nos han enseñado a intentar desdoblarla en sus primarios componentes, es así como aparece en su máximo ergor la palabra penetración, tan graciosamente fálica es. Y como su desdoblado nombre lo indica, la penetración cultural es algo que entra con gusto o con disgusto, (aunque para significar sin dignificar a este último inventaría la palabra penetraición y aún dos más que se forman con la palabra tracción y la palabra atracción pero hasta aquí nomás lleguemos con mi si no vulgar, desfachatada filosofía) algo así como el acoso y el abuso sexual de nuestra ávida alma siempre en celo y con el sí tan fácil que vive preñada de ideas propias y extrañas, es que si el verdadero palpitar de nuestro corazón en su rítmico e instintivo tictac semejando un indígeno tamtam que lo escucha y descifra tan solo el sensitivo oído del alma, ¿qué podemos decir de ese otro órgano a juzgar por su axónica y dendrítica recepción y su copiosa y acopiosa producción? el cerebro es el útero del alma, donde sembradas, crecen, se reproducen y hasta mueren las ideas. Esa alma asombrada, apalabrada, susurrada continuamente por las mil y una caras de la publicidad en permanente cotejo y cortejo, con su halagador abanico de piropos hecho a todos los sentidos, ¡Oh publicidad! te has convertido en el semental más efectivo que ha conocido nuestra variada personalidad, ya que no hay alma humana que se resista a ese tu gozoso vaivén que entra lubricando y sale rubricando. Tan así es, que es más fácil que a uno le resfale a que le resbale la publicidad. Indefectiblemente deja anímicamente embarazada, deseada o indeseadamente a su víctima y esa víctima se llama sociedad. Ya ves Gabo, así nacen una a una las nuevas costumbres que tú siniestramente pretendes si no abortar por lo menos coartar. Recuesta una nueva costumbre sobre una vieja costumbre y si por fuerte que esta última sea no la ves asfixiar, cuando intente hablar, por lo menos, la verás tartamudear. A tu edad como a mi edad, sin poderle seguir el ritmo, sentimos que el progreso es una avalancha y que la tradición un paredón. Resistiré, sé que cantas esa canción y que Navidades siniestras es el desgarrador grito de esa canción, pero deja de gritar, sólo cántala melodiosamente, desde ya que no como un traducido villancico inglés sino como un agradable panfletito en castellano, y haz algo grandioso por mí que me he tomado el grato trabajo de escribirte, rebautiza a tu escrito, y ni se te ocurra aferrarte a tu orgullo de escritor, tan a andina y Aconcagua altura, y me digas que no, que no te agrada mi sugerencia, hazme un Gabofavor: ponle “Navidades deplorables”. Un afectuoso saludo que te llegará si la señorita Agenda Reflexión me lo permite y logre pasar por su tamiz toda todita mi letra. Feliz Navidad a todos. JAG.
Publicado por: José Antonio Germ | Diciembre 24, 2006 04:07 PM
Cuanta razón! Volvamos a la fuente: elnacimiento del Niño Jesús. Dios hecho hombre por amor a los hombres.Celebremoslo con el pesebre de nuestra infancia que nos hacia tan felices armarlo y volvamos a los 3 Reyes Magos, los únicos autorizados a regalar a los niños
Publicado por: Elsa Blanco | Diciembre 24, 2006 07:29 PM
feliz navidad
Publicado por: MONI | Diciembre 25, 2006 03:22 PM
Excelente trabajo, digno de su autor, con verdades reflexivas sobre lo que es la navidad y lo que nos inducen a vivir en estos dias. Acá en Venezuela, la navidad tambien se tiñe de rojo por las muertes causadas por accidentes de tránsito, aracos, disparos etc, producto de esas navidades que señala el gabo.
Publicado por: Moises Giesurin | Diciembre 25, 2006 09:55 PM
José Antonio Germ... un placer leer tu escrito, tanto más que el de GGM.
Por mi parte solo digo: Podemos "celebrar" la Navidad deplorablemente, pero no conozco misterio más preñado de belleza que la Navidad. Para quienes creemos, belleza iluminada por la fe, y para quienes desde su ateísmo se animan a contemplarla seriamente (gran desafío) igualmente bella y fascinante... No habrá nada tan siniestro (o deplorable) que logre acallar el enternecesor llanto del niño Dios que desde la periferia de Belén nace para quienes andamos en la periferia de la existencia, pero que no hemos perdido la capacidad de sorpresa y admiración ante la ternura de Dios.
Publicado por: Julio Navarro Sanz | Diciembre 26, 2006 01:30 PM
El excelente artículo del gran Gabriel, me motivó este comentario.
Al parecer, de acuerdo a los medios de comunicación, privados o estatales, la Navidad es una fiesta en la que prima la alegría, los abrazos, los buenos deseos, el pan dulce, la sidra o el champagne, y la compra de regalos en medio de sabrosas, cuando no opulentas, comidas.
En lo social, advertí que nos ocurre otro tanto. En mí también.
Los “buenos deseos” se multiplican incesantemente en la frase mil veces repetida que reza: “¡Feliz Navidad!”, a la que se suma, quizá por la cercanía en el calendario, un exaltado “¡Feliz año!”,
unificando ambas celebraciones.
Un infaltable árbol de Navidad y la preeminencia de un “Papá Noel” y a veces –sólo a veces- un pesebre, signan el marco adecuado que corresponde al acontecimiento. Y tanto da que sea en un hogar, o en un negocio, o en una Iglesia, del credo que sea.
A lo sumo se recuerda que se trata del festejo de un nacimiento.
Y hay quienes, ya en un exceso de ilustración del que hacen gala, mencionan que el hecho sucedió en una localidad de Judea, llamada Belén, hace aproximadamente dos mil siete años, ya que ni la fecha ni el día son exactos. Cosa al menos curiosa por estos tiempos de certezas que vivimos.
Y menos aún son los que evocan que quien se supone que ha nacido en ese lugar y por ese tiempo, pese a la imprecisión de la fecha, es “el Niño Dios” hecho hombre, a quien – sólo los muy entendidos – denominan también “El Salvador”.
Si cualquier nacimiento es digno de algarabía y festejo, cuánto más éste, ya que se trata de Dios –al menos para muchos- y es lógico entonces que se derroche en alegría, en agasajos y en tarjetas de crédito y de débito.
También es lógico el despilfarro en toda clase de cohetería, ya que el anuncio de la Buena Nueva hacia los cuatro rumbos cardinales así lo justifica.
Pero sucede que el Dulce Niño se hizo hombre, hecho inevitable de todo proceso biológico. Y como fue hombre – además de Dios – resulta que habló. O sea, que a esos muchos, nos habló.
Cabría preguntarnos entonces, al menos por simple curiosidad, o por mero afán periodístico, y más acá o más allá de toda creencia, “¿Qué dijo?¿Qué nos dijo?”
No resistí a la tentación de mi inquietud racional e investigué, como corresponde, hasta donde pude, claro, como corresponde.
Y di con sentencias como,“Ama a tu prójimo como a ti mismo, aunque sea tu enemigo”; “Deja tus cosas y sígueme”; “El que se pierda se salvará y el que se conserve se perderá”; “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios” ; “Bienaventurados los que teneis hambre ahora, porque sereis saciados” ; “ ¡Ayy de los que reís ahora, porque tendreis aflicción y llanto”. “Yo Soy el que Soy”,
“Sólo el que reniega de su padre, madre, hermanos, mujer, hijos será llamado hijo de Dios”.}; “No he venido a juzgaros, sino a salvarlos”. Esto, entre muchas otras.
¿Qué le pasa a éste Jesús? ¿Encima presupone que tiene que Salvarnos? ¿De qué? ¿De quién?
Si este es Dios, prefiero no creer en Él. Y por lo tanto
no tengo por qué preguntarme nada sobre lo que dice.
Y si, pese a mí mismo, es Dios hecho hombre, entonces desvaría.
No. Dejémoslo Niño tal como hacemos.
Así podrá berrear cuanto quiera, pero por mucho que lo haga, sin duda, no nos molestará ni nos angustiará, ni nos desesperará.
Vengan.
Encendamos cohetes, abramos bebidas, comamos junto al árbol de Navidad y recibamos a Papá Noel con los regalos.
¿Que ni el árbol ni Papá Noel tienen que ver con nosotros que nacimos en esta parte de América?
Bueno... al parecer, ni aquí ni en otro lado, Jesús tampoco.
¡Feliz Navidad!
Publicado por: Juan Carlos Cernadas Lamadrid | Diciembre 26, 2006 08:55 PM
Nunca lei un sentir tan negativo de la navidad, la cual pone en evidencia la intencion del autor de envolver al lector a traves de una fuerza negativa, que le promete un falso despertar de una realidad engañosa en la que supuestamente a estado viviendo de la cual este ser a traves de su pluma ayuda a descubrir, pues mentiras, el papel del emplumado se ha descubierto un soldado dando de manifiesto vendiendo su propio plan, solo ganchos para ganar fama, resaltando la desgracia y el sufrimiento a traves de la palabra.
Publicado por: Marco | Diciembre 26, 2006 11:12 PM
Salud compatriota! eres universal Gabo.
Publicado por: Alexx | Diciembre 27, 2006 04:22 PM
No entiendo que no García Márquez era ateo???
De la mentira sin sentido heredada de los españoles al consumismo desenfrendo actualmente creen que hay mucha diferencia?
Creen en cuentos mas viejos que los nuevos y que como sean siguen sirviendo para lo mismo????, dominio de las masas. Es absurdo tratar de buscar bondad en las mentiras del pasado y que el mundo cada vez está peor... esta como siempre consumiendose progresivamente, creyendo en mentiras mas nuevas y siendo los mismos, producto de las ideas esclavistas de alguien mas... pero eso si seguimos creyendo en la redención, no como acto de fe... sino porque es la única forma de soportar el seguir viviendo como vivimos el mundo...
sinceramente no los entiendo... pero al menos no dejo de tratar...
Publicado por: Héctor Lamadrid | Diciembre 27, 2006 06:17 PM
Indudablemente que nuestras navidades se han transculturizado, y medios de comunicación como la televisión, ha vendido una navidad, aparentemente, de paz, blanca, de un país que paradógicamente no deja ni un instante de pensar en la violencia, la guerra y en el dominio que a través de, no precisamente, de instrumentos de paz, sino a través de un inexorable botín de juguetes bélicos que conducen al destrucción del hombre por el hombre. De manera, que lo que ellos nos presentan como esa noche de paz y de amor, como la canción, es un sueño, una añoranza a ese clima de destrucción que los ha caracterizado. Y de paso, como latinoamèrica ha sido debilitada y vulnerada en todas las áreas, por supuesto, que la cultural no es la excepción,de modo que hemos insertado costumbres de la cultura norteamenrica a la nuesta, lamentablemente.No sé si es tarde ya..., pero si nos ha arropado la voracidad consumista, hipócrita de la navidad.
Publicado por: Carmen Sandra Sammy | Diciembre 27, 2006 06:50 PM
La navidad es una mierda y este ensayo es una estupida cursileria los gringos no tienen la culpa de que la gente de latinoamerica sean un hato de ebrios consuetudinarios por favor gente dejemos de culpar de todo a EU y tomemos consencia de nuestros actos y admitamos nuestras propias faltas y responsabilidades ademas si vamos a ser tan estupidamente puritanos con nuestras raices celebremos el cumpleaños de Tlaloc o cualquier otro idolo prehispanico y no el nacimiento de un judio que no nos representa y cuya religion ha sido una de las mas genocidas de la historia dejense de estupideces.
Publicado por: carlos najera | Diciembre 30, 2006 03:56 PM
Lamento mucho que en muchas lugares sean así las navidades, pero en mi familia y en muchas otras de todo el mundo la Navidad es buena sin importar lo que esté ocurriendo. Sí hay pavo o guajolote relleno(huaxólotl es el nombre náhuatl de esta ave de corral) cuando hay dinero para prepararlo, o cualquier otra comida compartida cuando hay poco dinero. El nacimiento convive en santa paz con el árbol, la corona de adviento y los villancicos en cualquier idioma, porque la navidad debe de ser universal (eso es lo que significa "católica"). Mi abuelo (qepd) nos decía que no importa que el mundo se esté cayendo alrededor: si cada año el Niño Dios regresa a convivir entre nosotros, hay esperanza para el mundo. Antes de morir un día de octubre, nos encargó que la siguiéramos celebrando sin luto.
Este año pasado falleció mi abuela, 11 meses antes de ser tatarabuela. La navidad anterior se reunió toda la familia en torno a su querida figura, que si bien no estaba totalmente paralítica sí estaba confinada a su cama, víctima de graves dolores, pero creyendo en Dios Niño y en Dios Resucitado. Nunca la escondimos, la honramos y respetamos y murió después de la Noche de Reyes confortada por sus hijos, nietos, bisnietos, sobrinos, hermanos y personas a las que socorría todo el año, no solo en Nochebuena. En nosotros está que la Navidad sea una noche de paz.
Publicado por: Liudmila Casillas | Enero 7, 2007 03:01 PM
Señor, informese bien de las tantas mentiras que le ha hecho creer su famosa "Iglesia Católica" El origen del conocido "nacimiento de cristo" no es realmente cristiano, sino pagano. En realidad prefiero pasar la navidad parrandeando y emborrachándome antes de creer en esa barbaridad del "hijo de dios", por favor!! ya estamos bien adultos para creer en cuentos infantiles como ese.
Publicado por: Pam | Mayo 20, 2007 03:05 PM
deseo hacer in pesebre de paja o enno
Publicado por: blanca lucia | Julio 10, 2007 03:48 PM