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Nº 360 - Flor del Alto Perú

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En 1825 llegó una comitiva a la polvorienta ciudad de Chuquisaca a buscar el lugar donde vivía, olvidada y en precarias condiciones, la teniente coronel Juana Azurduy de Padilla. Es el general Simón Bolívar, acompañado de Sucre y de su estado mayor, para rendirle homenaje a esa mujer de América, a la que dice: "La joven República de Bolivia no debió llevar ese nombre sino el de Juana Azurduy". El presidente vitalicio mariscal Sucre le otorga una pensión, pero su sucesor pronto se la quitará. El 25 de mayo de 1862, como para dejar en la doble efeméride altoperuana de 1809 y platense de 1810 otro testimonio de su inmenso patriotismo, próxima a cumplir 82 años, en el más absoluto ostracismo y miseria, murió Juana de América, la guerrillera de la libertad.

Juana Azurduy y la revolución continental. Una historia silenciada.
Un artículo de Alberto J. Lapolla

Francisco de Miranda murió en las mazmorras de Fernando VII en Cádiz. Mariano Moreno fue envenenado por el capitán de un barco británico y su cadáver arrojado al mar, anticipando un destino recurrente para los revolucionarios argentinos. Manuel Belgrano murió en la pobreza en 1820, cuando aún la América necesitaba de sus inigualables servicios. Todavía no se habían cumplido ocho años de que hubiera salvado a la Revolución continental en Tucumán. Bolívar murió solo, perseguido por facciones oligárquicas que combatían su proyecto de unidad continental, expresando con amargura 'he sembrado en el viento y arado en el mar'. Bernardo O'Higginns fue desterrado y perseguido luego de luchar toda su vida por la libertad americana. Monteagudo fue apuñalado en una oscura calle de Lima. Dorrego fue fusilado sin juicio alguno -por instigación de Rivadavia- por su antiguo compañero de mil batallas, 'el sable sin cabeza', el genocida Juan Galo de Lavalle. Juan J. Castelli, el 'orador supremo de la revolución', quien destruyera los argumentos realistas en mayo de 1810, el jefe del ejército libertador americano que más cerca estuvo de llegar a Lima y destruir de un golpe el poder imperial español, antes de la llegada de San Martín, murió con su lengua cortada, preso y perseguido. Apenas dos días
antes San Martín, Alvear y su discípulo Monteagudo acababan de desalojar al gobierno contrarrevolucionario de Rivadavia y el Primer Triunvirato, retomando la senda de Moreno y la Revolución. En este marco de ingratitud caída sobre nuestros revolucionarios, aquellos que nos dieron la libertad y produjeron la más grande de las revoluciones del mundo occidental del siglo XIX, no es de extrañar que Juana Azurduy, la mayor guerrera de América, 'Juana de América' -en un continente que hizo de la resistencia su identidad-, terminara sus días como una mendiga miserable en la calles de Chuquisaca habitando un rancho de paja.

Juana Azurduy y su esposo el prócer americano Manuel Ascencio Padilla, son los máximos héroes de la libertad del Alto Perú y por ende de nuestra libertad como americanos y como provincia argentina de la gran nación americana. Sólo la ignominia que aun campea sobre nuestra historia y sobre sus mejores hijos, hace que la República de Bolivia -escindida de la gran nación rioplatense, por el elitismo sin par de los ejércitos porteños que desfilaron, saquearon, defeccionaron y abandonaron el Alto Perú, a excepción del general Belgrano y por las apetencias oligárquicas- no considere a Juana y a su esposo el coronel Padilla como sus máximos héroes, y sí rinda honores al mariscal Santa Cruz uno de los generales realistas que reprimió la Revolución de La Paz de 1809, y que se pasó a las filas patriotas al final de la guerra de la Independencia. Fue el propio Bolívar quien al visitar a Doña Juana -ya destruida por las muertes de los suyos, el olvido de sus conciudadanos y el saqueo de sus bienes- le expresara ante la sorpresa de sus compatriotas, que Bolivia no debía llevar su nombre sino el de Padilla, su mayor jefe revolucionario. Pero los adulones destruyen las revoluciones.

El Alto Perú, tierra india

Juana Azurduy -junto a su esposo- simbolizan lo mejor de la revolución americana, lo popular y lo indio de nuestra gesta emancipadora. Combatieron por la libertad del Alto Perú –por entonces parte del Virreinato del Río de la Plata primero y de las Provincias Unidas después- desde la revolución de Chuquisaca y la Paz en 1809 -que fueran ahogadas en sangre desde Lima y Buenos Aires. Y en particular guerrrearon sin descanso y sin cuartel desde el grito de libertad del 25 de mayo de 1810. Ellos y los 105 caudillos indios y gauchos como Vicente Camargo, el cacique Buscay, el coronel Warnes, el padre Muñecas, Francisco Uriondo, Angulo, Zelaya, el Marqués de Tojo, el Marqués de Yavi, José Miguel Lanza, Esquivel, Méndez, Jacinto Cueto, el indio Lira, Mendieta, Fuente Zerna, Mateo Ramírez y Avilés entre muchos otros, junto a Güemes en Salta, fueron quienes impidieron que luego de las sucesivas derrotas de los ejércitos porteños al Norte, los realistas pudieran avanzar sobre Buenos Aires y destruyeran la revolución. Juana y Padilla eran oriundos de Chuquisaca -también llamada La Plata o Charcas- sede de la universidad. Allí estudiaron -y conspiraron- Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo. Castelli, ya jefe del Ejército del Norte, se hospedó en la casa de Padilla en su marcha hacia La Paz. Moreno era abogado defensor de indios pobres y perseguidos en el estudio del doctor Gascón en Chuquisaca. Allí contactó con el movimiento revolucionario. Juana nació en 1780, el año en que Túpac Amaru lanzó su revolución indígena que casi liquida al poder español. Sería el mismo favorito -de la reina- Godoy quien señalara que la rebelión de Túpac estuvo a punto de quitarle a España los virreinatos del Perú y del Plata. Esa rebelión ahogada en la sangre de los cien mil indios ajusticiados por la represión genocida española y en los gritos del suplicio del gran Túpac, su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y sus hijos, abrió el camino de la libertad pese a su derrota. El ejemplo del Inca Condorcanqui no podía sino conmover hasta los tuétanos el corazón de la América del Sur, del cual el Ato Perú y el Perú eran su núcleo principal de población original, con culturas profundas y altivas. Nada sería igual después de la rebelión de Túpac: ni el dominio español ni la resistencia americana. La generación posterior a su derrota, sabría vengar su suplicio y expulsaría a los criminales españoles por mucho tiempo. Es así que el sol de nuestra bandera es el glorioso sol de los incas y de Túpac Amaru.

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La revolución continental

Juana Azurduy es la máxima heroína de la Independencia Americana y su vida un verdadero ejemplo de la entrega a la revolución y a la lucha por la libertad de sus semejantes. El Alto Perú era el corazón del sistema colonial español y del genocidio indígena. Allí los indios enviados al socavón del Potosí eran despedidos para nunca más volver. Morían a los veinte años de edad con los pulmones perforados, a los dos años de llegar a la bocamina. Allí todas las injusticias eran realizadas en nombre del rey de España. Los azotes -las arrobas- eran el trato habitual para el indio. Juana, una hermosa mujer de familia criolla, habría podido tener una vida acomodada de mujer casada. En lugar de ello prefirió el combate sin cuartel por la libertad. En esa lucha perdió de la manera más cruel a sus cuatro hijos pequeños, destruidos por el hambre, las penurias y el paludismo. Vio la cabeza de su esposo -el héroe Padilla- clavada en una pica carcomida por los gusanos.

Vio a los ejércitos elitistas porteños, subir hasta la garganta del Desaguadero y ser destruidos uno tras otro por las tropas del Virrey del Perú. Arrogantes al extremo de impedir que las fuerzas guerrilleras -mejor capacitados que ellos para el Alto Perú- combatieran como parte del ejército regular. Cada vez más deteriorados, centralistas, autoritarios y cada vez más odiosos contra lo indígena. El extremo fue el ejército corrupto de Rondeau y Martín Rodríguez, que en el colmo de su impericia hizo volver al general Arenales que oficiaba -por orden de San Martín- como comandante de las montoneras, dejándolas sin estrategia de conjunto. Martín Rodríguez, por su parte, hizo su aprendizaje de saqueo y enriquecimiento ilícito en el Alto Perú, para luego continuarlo en la 'feliz experiencia' de la restauración rivadaviana posterior a 1820. Primero fue Castelli, que en su ejemplar afán revolucionario no estuvo exento de un jacobinismo a veces desmesurado, en particular por las actitudes iconoclastas del joven Monteagudo. Belgrano intentó reparar luego, los excesos de su primo Castelli. El ayudó y premió a Juana y al coronel Padilla. Fue sin duda la mejor de las expediciones, pero tenía por meta un imposible como era llegar a Lima por allí, cuestión que don Manuel ya sabía. Sólo aceptó continuar por las presiones de Buenos Aires. Luego, la lamentable experiencia de Rondeau. Por último el intento también fallido de Lamadrid, enviado por Belgrano para auxiliar la feroz represión de que eran objeto los ejércitos montoneros de los caudillos altoperuanos luego de Sipe Sipe.

La guerra gaucha montonera

Luego de Vilcapugio y Ayohuma, pero en particular a posteriori del desastre de Sipe Sipe en 1815, la situación del Alto Perú se tornó terrible. El poder español impuso un terror desenfrenado como política de 'pacificación' de la revolución altoperuana. Decenas de miles de paisanos fueron pasados por las armas o murieron en combate. Las torturas más atroces y los escarmientos más crueles fueron aplicados a los guerrilleros mayoritariamente indios de lo que hoy es Bolivia. 105 caudillos altoperuanos libraron la guerra gaucha. 'La Guerra de las Republiquetas' la llamó Mitre en su historia oficial, para no usar la palabra montonera, pues su gobierno había sido enfrentado por la montonera federal -y que él pasó a degüello de la misma manera que los españoles- de todo el país. Fue la mayor guerra de guerrillas del continente americano entre 1810 y 1825. De los 105 jefes sólo sobrevivirían nueve al final de la guerra. La mayoría moriría en combate o sería bárbaramente ajusticiada por el terror de Abascal y Pezuela. Sus cabezas serían clavadas en picas en las plazas de los pueblos para escarmiento popular. La guerra de partidarios -partisanos- montoneros o de recursos, la guerrilla del Alto Perú y la de Güemes en Salta, fueron organizadas por el general San Martín, veterano de la guerra de guerrillas en España contra Napoleón. Pocos saben que esta guerra sería el ejemplo que tomarían los patriotas italianos, franceses, yugoeslavos, rusos, bielorrusos, ucranianos y griegos para luchar contra la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Hasta allí llegaría el rumor potente y victorioso de Juana de América y sus compañeros, pese a que entre nosostros doña Juana sea sólo una canción.

La historia oficial argentina prefirió olvidar a los gloriosos revolucionarios del Alto Perú por dos razones. Primero porque debido a las infamias cometidas por los ejércitos porteños, lograda su independencia en 1825 -y tal cual dejó entrever Ascencio Padilla en la carta que envió al fugitivo Rondeau- el Alto Perú decidió independizarse no sólo de España, sino también de Buenos Aires. Pasaría a llamarse Bolívar primero y Bolivia después, pese a la oposición del Libertador que comprendía que así ambas naciones perdían, pero el Alto Perú perdía más. La medida a su vez profundizaba la balcanización de la América unida que Gran Bretaña piloteaba a toda máquina apoyada en los Rivadavia y García de cada ciudad-puerto del continente. La segunda razón del olvido altoperuano en la historia argentina obedece a razones más abyectas. La guerra del alto Perú es esencialmente una guerra de indios, de caudillos, de gauchos, de los patriotas de a caballo, del pueblo puro de América. Ese mismo pueblo que las tropas porteñas destruirían una y otra vez en la Banda Oriental, en el litoral o en el interior y finalmente en el Paraguay. Además eran guerrilleros, caudillos militares y habían ganado su grados -Manuel Ascencio Padilla fue designado coronel del Ejército del Norte cuando su cabeza estaba ya clavada en una pica. Juana Azurduy fue nombrada teniente coronel del ejército argentino a pedido de Manuel Belgrano- en el combate. Reivindicar su memoria para la historia oficial es nombrar lo innombrable. Lo gaucho. La 'barbarie' de Sarmiento, la lucha de los pobres. Reconocer que los indios, los gauchos, los negros, los esclavos, los mestizos no eran inferiores sino que por el contrario, lucharon con mayor tenacidad y desprendimiento que la clase culta porteña por la libertad. Reconocerlo es negar el papel rector de Buenos Aires en el destino americano que inventó el partido unitario -y luego mitrista- y tanto daño hizo a la causa americana.

Mejor es olvidar. “- No sólo son bolivianos -'bolitas'- además son indios, negros, matacos –monos”. Era verdad, como demostraría San Martín, que por el Alto Perú no se podía llegar a Lima, pero Buenos Aires con la historia oficial oculta algo más grave que explica el suplicio de la población altoperuana, jujeña y salteña entregada a la represión genocida española. Buenos Aires pudo haber liberado un gran ejército que tuvo combatiendo largo tiempo en la Banda Oriental para auxilio de los pueblos del Norte. Sólo debía reconocer -tal cual lo planteó Moreno en su Plan Revolucionario- que Artigas debía comandar la guerra por la liberación de la Banda Oriental, con sus gauchos y su pueblo, del cual era el jefe natural. Pero eso era inadmisible para la elitista y exclusionista clase mercantil porteña. En lugar de eso prefirieron entregar la Banda Oriental, primero a Portugal -se lo propusieron en secreto Alvear, Alvárez Thomas y Pueyrredón- y luego aceptaron su 'independencia' colonial británica, que lograba así crear otro estado en la boca del Plata, impidiendo que la Argentina tuviera el exclusivo control de los ríos de la cuenca. Esa y no otra fue la causa de todas las guerras contra Rosas, Caseros incluida. Cualquier cosa antes de aceptar que los gauchos se manden a sí mismos, o peor aun que 'nos manden'. Con sólo enviar esas tropas al Alto Perú y estacionarlas en Potosí -como señalaron Belgrano y San Martín- mientras se preparaba el cruce de los Andes, el pueblo boliviano habría sido salvado de sufrir lo indecible.

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Juana Azurduy es la revolución, es el pueblo en armas, son las mujeres del pueblo en armas, que pelean junto a los hombres, igual o mejor que ellos, que los mandan. Mujeres y hombres que destruyen ejércitos completos, superiores en número y armamento. Armados con hondas, macanas, lanzas, boleadoras, a fuerza de coraje y fiereza. Coraje y fiereza que dan la decisión de luchar hasta el fin por la libertad, por la justicia contra la opresión y el sometimiento de los semejantes. Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana bajó a Salta y combatió junto a Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente. Luego del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión. En 1825 solicitó auxilio económico al gobierno argentino para retornar a Chuiquisaca. La respuesta del gobierno salteño resultó indignante, apenas le otorgó '50 pesos y cuatro mulas' para llegar a la 'nueva nación de Bolivia'. Doña Juana murió a los 82 años en la mayor pobreza.

'Juana avanzaba casi en línea recta, rodeada por sus feroces amazonas descargando su sable a diestra y siniestra, matando e hiriendo. Cuando llegó a donde quería llegar, junto al abanderado de las fuerzas enemigas, sudorosa y sangrante, lo atravesó con un vigoroso envión de su sable, lo derribó de su caballo y estirándose hacia el suelo aferrada del pomo de su montura conquistó la enseña del reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz' (1). Por esta acción en la batalla del Villar, en 1816, Juana Azurduy fue ascendida por Belgrano al grado de teniente coronel del Ejército de las Provincias Unidas.

(1) O' Donnell Pacho. Juana Azurduy. Planeta. 1998

Alberto J. Lapolla (artículo publicado por la Revista Lilith de marzo de 2005, Buenos Aires)

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JUANA AZURDUY

Letra: Félix Luna
Música: Ariel Ramírez

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Oigo tu voz
más allá de Jujuy
y tu galope audaz,
doña Juana Azurduy.

Me enamora la patria en agraz,
desvelada recorro su faz;
el español no pasará,
con mujeres tendrá que pelear.

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Truena el cañón,
préstame tu fusil
que la revolución
viene oliendo a jazmín.

Tierra del sol
en el Alto Perú,
el eco nombra aún
a Túpac Amaru.

Tierra en armas que se hace mujer,
amazona de la libertad.
Quiero formar
en tu escuadrón

y al clarín de tu voz,
atacar. Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Comentarios:

Se percibe que - de a poco - la verdadera historia de nuestros pueblos va saliendo a flote en desmedro de la que nos contó el cipayo de mitre y su "viuda" del diario la nacion. Esperemos que nuestros pibes puedan escuchar en las escuelas esta historia y no la que nos "comimos" nosotros. En este 25 Viva la Patria y gloria y honor a nuestros gauchos e indios que pelearon por la libertad.

Juana Azurduy, Juana Azurduy, Juana Azurduy.
Recuerdo la genial interpretación de Leonor Manso, hace años. Recuerdo que enterrò a sus hijos con sus propias manos.
Una epopeya para ser escrita y cantada. Las mujeres americanas, "barridas por el viento de la historia". dice Arciniegas.Miles de patriotas, desde "la loca de la Guardia", que se aparecía a los soldados de San Martin y les indicaba donde estaba el enemigo.¿Habra existido?.¿Te acuerdas de esa lectura de los manuales? ¿Te acuerdas de Martina Chapanay?. ¿Sabes que Carmencita Punch, asesinado su esposo Guemes a traición, se corto el pelo, se recostò en el suelo y se dejo morir, pese a los ruegos ardientes de sus hijos?

"Mujeres" -dijo el penado alto. Mujeres...donaron tierras a Belgrano y lo amaron, le dieron hijos a un hombre que vivía a caballo como los caudillos, dejando el comodo bufete de abogado.
Qué incordio son las mujeres. Bordaron la bandera, Remedios buscó en las tiendas de Mendoza el color azul que su esposo queria, no era cualquier azul. Mercedes lo acompañó en el exilio y la vejez. Manuelita, fina diplomática, acompaño a su padre a Inglaterra y dio el sable a la Argentina, pese a la oposición de su esposo por la ingratitud hacia el Restaurador. El sable corvo que San Martín habia regalado a Juan Manuel. La cara oscura de la luna. MUJERES...


Leer este artículo me dejó mudo.
Tanta sangre derramada por defender la casa.
Tanto patriota abandonado y maltratado por el Poder real.(banqueros y prestamistas)
De acá al 25 de mayo de 2010 cuando cumplamos 200 años, ¿tendremos en el Poder formal y real hombres que defiendan a los ciudadanos y patriotas?
O tendremos que andar de rodillas mendigando para vivir en nuestras casas?
Atte. Un criollo

Felicitarte,
Alejandro, por los panes de tu agenda y por la generosidad,
justicia y humildad
que recorren sus páginas.
Con mi abrazo
Esteban Peicovih
www.palabristas.com.ar
www.elpalabrero.com.ar

Las figuras de Don Manuel Ascencio Padilla y Doña Juana Azurduy de Padilla enlazan eternamente a los pueblos boliviano y argentino. Quizá no sea casual que quien escribe haya nacido en la ciudad de Padilla, antiguo cuartel general de los guerrilleros de la Independencia. En este momento se reune en Sucre una Asamblea Constituyente para "Refundar Bolivia". Se trata de una oportunidad de salto cualitativo que debe merecer el apoyo de toda América y particularmente de todos los habitantes del territorio que perteneció al antiguo "Virreynato de La Plata". Pueden encontrar elementos de discusión y aporte intelectual en las páginas web: www.constituyente.bo; www.repac.org.bo y www.nuevopaisya.org. Próximamente se llevará a efecto un "Simposio Internacional por Internet". Más datos en www.eumed.net y coll@uma.es

Acuerdo con el enfoque, la metodología y el discurso del artículo. No voy a caer en los lugares comunes para hablar de la Contra Revolución desde 1810 porque hoy la vivimos. Pero hoy Chavez y Evo recogen la la llama y abren camino.
FELICITACIONES

Buen artículo, creo pertinente recorrer un poco más la geografía liberadora contemporánea a Juana.-
Felicitaciones

Grande...! Ahora Bolivia puede reempezar a encontrarse con sus héroes...!

El artìculo me pareciò excelente. Contiene datos que no conocìa.
...Nuestra ciudad de Ensenada, como la mayorìa de las de nuestros paìs siguen sosteniendo nombres de personajes nefastos para nuestra historia.
Ej: el parque que une nuestra ciudad con la de La Plata, lleva el nombre "vergonzoso" de Martìn Rodriguez.
Ya va siendo hora de cambiarlo.

Me temo que, con artículos de este estilo, los hispanoamericanos no puedan llegar a entender realmente lo que supuso la síntesis de lo español, lo criollo y lo indígena durante 300 años de común historia.
Este artículo, cargado de tópicos nacionalistas, sentimentaloides y nada rigurosos históricamente hablando sólo producen pena o risa. Todo pueblo que desconoce su propio pasado está, irrevocablemente abocado,a repetir los mismos errores del pasado. Sigan en esa línea y dejarán de ver la luz que se fundió hace cerca de dos siglos.

Comparto plenamente con el enfoque general del artículo, ya que es una verdad incontrastable, el olvido institucionalizado, el ninguneo ex profeso, de parte de la nefasta y mentirosa "Historia Oficial"hacia los verdaderos y legítimos próceres de nuestra historia. Creo que hoy más que nunca se impone la necesidad urgente de ampliar y profundizar la batalla en el terreno de las ideas y de la reflexión, de manera decidida e inclaudicable.

Muy bueno el rescate de Juana y las luchas populares, escondidas por una historia elitista que despreció lo americano desde su inicio.
Felicitaciones

Vargas, vaya a pedirle la hostia al filonazi Ratzinger, con quien lo advierto en señalado consenso.
El artículo es un acto de Justicia.-
Federico Liberti
Rosario

Coincido con Federico Liberti. ¿Seremos parientes? Saludos y felicitaciones por la página.

Creo que el artículo es espectacular.Coincido con Liberti por lo de acto de justicia. Fíjense como hoy hablamos de organizarnos. Lo que nos parece que es lo mejor que nos puede pasar para independizarnos de una vez por todas de toda esta mierda que nos viene gobernando desde hace casi 200 años;y donde tenemos como próceres a verdaderos hijos de putas que destruyeron nuestra patria y donde sus sucesores han hecho lo mismo en estos últimos 30 años con el genocidio de 30.000 compañeros inteligentes que quisieron un país distinto; y ni hablar con lo sucedido en los últimos 15 con Menem y Cavallo.Muchachos,Felicitaciones por el árticulo.
Estamos en tiempos de cambio y para empezar me parece bárbaro que comentemos sobre los verdaderos héroes de nuestra independencia. Bien por Doña Juana Azurduy de Padilla "La Madre de la Patria".
Saludos
Claudio Palacios
Agrup.Juana Azurduy Alte.Brown

Huelgan las palabras. Estimo que Juana fué el numen matricial de nuestra América. El artículo es conmovedor entremos a separar la paja del Trigo. No será posible que en nuestra ciudad elijamos una calle o plaza que tenga nombre de un traidor. Hay unas cuantas y la bautizemos con el nombre de Juana Azurduy de Padilla. En un barrio recientemente adquirido por Buenos Aires, Puerto Madero hay una calle que lleva este nombre. Existe en el Barrio de Parque de los Patricios - Popular como pocos - una calle Manuel Garcia que esta bautizada con ese nombre por haber sido el mismo ministro de Rivadavia y autor intelectual de la tración que significó ceder la Banda Oriental a que se constituyera como énclave de Gran Bretaña en el Rio de la Plata.

Saludos Héctor

Esta historia real debe ser enseñada obligatoriamente en todos los colegios de America del Sur, para que sepan como se construyo esta America en manos de gente luchadora, son gente que han tenido mucha educacion, que han viajado por el mundo, y que finalmente nos liberaron, para ser lo que hoy somos. Claro si nos manteniamos con una sola nacion todos los paises de sudamerica, seriamos otra cosa mejor todavia. Siempre he soñado con eso, y eso les enseñare a mis hijos.

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