Nº 410 - Venga la esperanza

Por Silvio Rodríguez
Venga la esperanza
Dice que se empina y que no alcanza,
que sólo ha llegado hasta el dolor,
dice que ha perdido la buena esperanza
y se refugia en la piedad de la ilusión.
Sé de las entrañas de su queja
porque padecí la decepción:
fue una noche larga que el tiempo despeja
mientras suena en mi memoria esta canción:
Venga la esperanza, venga sola a mí,
lárguese la escarcha, vuele el colibrí,
hínchese la vela, ruja el motor,
que sin esperanza ¿dónde va el amor?
Cuando niño yo saqué la cuenta
de mi edad por el año dos mil.
El dos mil sonaba como puerta abierta
a maravillas que silbaba el porvenir.
Pero ahora que se acerca saco en cuenta
que de nuevo tengo que esperar,
que las maravillas vendrán algo lentas
porque el mundo tiene aún muy corta edad.
Venga la esperanza, pase por aquí,
venga de cuarenta, venga de dos mil,
venga la esperanza, de cualquier color,
verde, roja o negra, pero con amor.


Silvio Rodríguez nació en 1946 en San Antonio de los Baños, un pueblo ubicado en un valle muy fértil en zona tabacalera de La Habana, en el seno de una familia campesina de ideas socialistas. Su abuelo conoció a José Martí. Silvio ha manifestado en diversas ocasiones que su afición por la música le viene por parte de su madre, que lo dormía con canciones de la trova, se bañaba con danzones, barría con boleros, cocinaba con sones y se pasaba el día cantando.
Su influencia sobre toda una generación junto al Movimiento de la Nueva Trova ha sido reconocida en todo el mundo, incluso por quienes no coinciden con sus ideas políticas.



