Nº 428 – Cárdenas

[Investigación de InfoMORENO, texto gentileza de Rolando Mermet]
El 18 de marzo de 1938, a las ocho de la noche, el presidente mexicano Lázaro Cárdenas estaba reunido a puerta cerrada con su gabinete, al que le anunció su decisión de expropiar la industria petrolera.
Dos horas después, a través de la cadena nacional de radio la hizo pública al pueblo de México. El acto produjo una honda impresión en todo el país: la expropiación se llevó a cabo un viernes, y rápidamente se fue advirtiendo el apoyo de la opinión pública. El 23 de marzo hubo en la ciudad de México una enorme manifestación de respaldo que, según citan las crónicas periodísticas, superaba las cien mil personas. De igual forma, el 12 de abril hubo una manifestación muy peculiar frente al Palacio de las Bellas Artes. Millares de mujeres de todas las clases sociales llevaron su cooperación para pagar la deuda petrolera. Las aportaciones iban desde gallinas hasta joyas valiosas.
La expropiación era resultado de una cadena de hechos que habían puesto en entredicho la soberanía del país y por ello esta decisión llenó de júbilo al pueblo de México.
Los antecedentes
Todo comenzó en 1935 cuando las empresas petroleras, en manos de capital extranjero, trataron de impedir la formación de sindicatos y usaron para ello todos los medios que estuvieron a su alcance, tanto lícitos como ilícitos. El Sindicato Unico
de Trabajadores Petroleros llevó a cabo su primer convención, en la cual formuló un proyecto de contrato general con todas las compañías y emplazó a huelga para exigir su cumplimiento. El presidente Lázaro Cárdenas intervino para mediar ante las compañías y así intentar lograr la firma de este contrato. Tras un acuerdo, se aplazó la huelga por cuatro meses, que se prolongaron aún dos más. Todo fue inútil, pues no se llegó a ningún acuerdo con las compañías petroleras y el 28 de mayo de 1937 estalló la huelga, lo que paralizó al país entero al no despacharse gasolina por doce días. Ante tal conflicto, el presidente Cárdenas hizo un llamado a la cordura y la huelga se levantó en tanto no se emitiera un fallo.
Las compañías declararon que se encontraban con problemas financieros y no podían cumplir con las demandas de los trabajadores. Se decidió entonces investigar al respecto. El 3 de agosto, una comisión de peritos dio a conocer su conclusión: “la industria petrolera mexicana produce rendimientos muy superiores a la de Estados Unidos”.
El conflicto legal
Tal decisión molestó a los empresarios petroleros, quienes amenazaron con retirarse de México y llevarse todo su capital. Asimismo, las cosas se complicaban pues ante el emplazamiento a huelga, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje no emitía su fallo y los meses seguían corriendo.
Esto trajo como consecuencia un paro general de 24 horas, el 8 de diciembre, en protesta por el retraso.
Diez días después, la Junta emitió su fallo a favor de los trabajadores, lo cual significaba que las empresas petroleras deberían pagar 26 millones de pesos de salarios caídos de la huelga de mayo; hecho que no acataron, y se ampararon ante la Suprema Corte de Justicia.
El 3 de marzo de 1938 fue un mal día para los dueños de las compañías petroleras, pues la Suprema Corte de Justicia les negó el amparo, lo que además los obligaba a elevar los salarios y mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores.
Tras la molestia de los dueños de las compañías, el presidente Lázaro Cárdenas ofreció mediar ante el sindicato para que aceptaran el pago de los 26 millones de pesos y no de 40 millones, como lo exigían.
Según las narraciones de algunos testigos, el presidente ofreció a las compañías petroleras que si pagaban los 26 millones de pesos, la huelga se levantaría.
“-¿Y quién garantiza que así será?”, se le preguntó.
“-Yo, el presidente de la República”, contestó.
Y con sarcasmo, uno de los empresarios le cuestionó:
“-¿Usted?”. Entonces, el presidente Cárdenas, de pie, cortó la plática secamente:
“-¡Señores, hemos terminado!”.
Ese acto de desconfianza fue lo que finalmente generó que el presidente Lázaro Cárdenas decidiera poner fin a tan largo conflicto y anunciar la expropiación petrolera.

Fue así como el 18 de marzo el presidente Lázaro Cárdenas anunció al pueblo de México que esta industria era totalmente mexicana.
La historia ya no podía detenerse y la única compañía petrolera mexicana, PETROMEX, fue absorbiendo paulatinamente las concesiones.
El 7 de junio de 1938 se publicó el decreto de creación de Petróleos Mexicanos.
Leon Trotzky, asilado en el México de Lázaro Cárdenas, -único gobierno en el mundo que ofreció asilo al jefe del ejercito rojo perseguido por la GPU de Stalin- supo señalar entonces: “El imperialismo sólo puede existir porque hay naciones atrasadas en nuestro planeta, países coloniales y semi-coloniales. La lucha de estos pueblos oprimidos por la unidad y la independencia nacional tienen un doble carácter progresivo. Por un lado
prepara condiciones favorables de desarrollo para su propio uso y por otro asesta rudos golpes al imperialismo. De donde se deduce en parte que en una guerra entre la republica democrática imperialista “civilizada” y la monarquía bárbara y atrasada de un país colonial, los socialistas deben estar enteramente del lado del país oprimido a pesar de ser monárquico y en contra del país opresor por muy democrático que sea”.

Mensaje histórico dirigido a la nación el 18 de marzo de 1938 [fragmentos]
A la nación:
La actitud asumida por las compañías petroleras negándose a obedecer el mandato de la Justicia Nacional que por conducto de la Suprema Corte las condenó en todas sus partes a pagar a sus obreros el monto de la demanda económica que las propias empresas llevaron a los tribunales judiciales por inconformidad con las resoluciones de los Tribunales del Trabajo, impone al Ejecutivo de la Unión el deber de buscar en los recursos de nuestra legislación un medio eficaz que evite definitivamente, para el presente y para el futuro, el que los fallos de la justicia se nulifiquen o pretendan nulificarse por la sola voluntad de las partes o de alguna de ellas mediante una simple declaratoria de insolvencia como se pretende hacerlo en el presente caso, no haciendo más que incidir con ello en la tesis misma de la cuestión que ha sido fallada. Hay que considerar que un acto semejante destruiría las normas sociales que regulan el equilibrio de todos los habitantes de una nación, así como el de sus actividades propias, y establecería las bases de procedimientos posteriores a que apelarían las industrias de cualquier índole establecidas en México y que se vieran en conflictos con sus trabajadores o con la sociedad en que actúan; si pudieran maniobrar impunemente para no cumplir con sus obligaciones ni reparar los daños que ocasionaran con sus procedimientos y con su obstinación.

Se ha dicho hasta el cansancio que la industria petrolera ha traído al país cuantiosos capitales para su fomento y desarrollo.
Esta afirmación es exagerada. Las compañías petroleras han gozado durante muchos años, los más de su existencia, de grandes privilegios para su desarrollo y expansión; de franquicias aduanales; de exenciones fiscales y de prerrogativas innumerables, y cuyos factores de privilegio, unidos a la prodigiosa potencialidad de los mantos petrolíferos que la nación les concesionó, muchas veces contra su voluntad y contra el derecho público, significan casi la totalidad del verdadero capital de que se habla.
Riqueza potencial de la nación; trabajo nativo pagado con exiguos salarios; exención de impuestos; privilegios económicos y tolerancia gubernamental, son los factores del auge de la industria del petróleo en México.
Examinemos la obra social de las empresas: ¿En cuántos de los pueblos cercanos a las explotaciones petroleras hay un hospital, una escuela o un centro social, o una obra de aprovisionamiento o saneamiento de agua, o un campo deportivo, o una planta de luz, aunque fuera a base de los muchos millones de metros cúbicos del gas que desperdician las explotaciones?
¿En cuál centro de actividad petrolífera, en cambio, no existe una policía privada destinada a salvaguardar intereses particulares, egoístas y algunas veces ilegales? De estas agrupaciones, autorizadas o no por el Gobierno, hay muchas historias de atropellos, de abusos y de asesinatos siempre en beneficio de la empresas.

¿Quién no sabe o no conoce la diferencia irritante que norma la construcción de los campamentos de las compañías? Confort para el personal extranjero; mediocridad, miseria e insalubridad para los nacionales. Refrigeración y protección contra insectos para los primeros; indiferencia y abandono, médico y medicinas siempre regateadas para los segundos; salarios inferiores y trabajos rudos y agotantes para los nuestros. Abuso de una tolerancia que se creó al amparo de la ignorancia, de la prevaricación y de la debilidad de los dirigentes del país, es cierto, pero cuya urdimbre pusieron en juego los inversionistas que no supieron encontrar suficientes recursos morales que dar en pago de la riqueza que han venido disfrutando.
Otra contingencia, forzosa del arraigo de la industria petrolera, fuertemente caracterizada por sus tendencias antisociales, y más dañosa que todas las enumeradas anteriormente, ha sido la persistente, aunque indebida intervención de las empresas en la política nacional.
Nadie ignora tampoco cómo en distintas épocas a las que señalamos y aún contemporáneas, las compañías petroleras han alentado casi sin disimulos, ambiciones de descontentos contra el régimen del país, cada vez que ven afectados sus negocios, ya con la fijación de impuestos o con la rectificación de privilegios que disfrutan o con el retiro de tolerancias acostumbradas. Han tenido dinero para armas y municiones para la rebelión. Dinero para la prensa antipatriótica que las defiende. Dinero para enriquecer a sus incondicionales defensores. Pero para el progreso del país, para encontrar el equilibrio mediante una justa compensación del trabajo, para el fomento de la higiene en donde ellas mismas operan, o para salvar de la destrucción las cuantiosas riquezas que significan los gases naturales que están unidos con el petróleo en la naturaleza, no hay dinero, ni posibilidades económicas, ni voluntad para extraerlo del volumen mismo de sus ganancias. Tampoco lo hay para reconocer una responsabilidad que una sentencia les define, pues juzgan que su poder económico y su orgullo les escuda contra la dignidad y la soberanía de una nación que les ha entregado con largueza sus cuantiosos recursos naturales y que no puede obtener, mediante medidas legales, la satisfacción de las más rudimentarias obligaciones.
Es por lo tanto ineludible, como lógica consecuencia de este breve análisis, dictar una medida definitiva y legal para acabar con este estado de cosas permanente en el que el país se debate sintiendo frenado su progreso industrial por quienes tienen en sus manos el poder de todos los obstáculos y la fuerza dinámica de toda actividad, usando de ella no con miras altas y nobles, sino abusando frecuentemente de ese poderío económico hasta el grado de poner en riesgo la vida misma de la nación, que busca elevar a su pueblo mediante sus propias leyes aprovechando sus propios recursos y dirigiendo libremente sus destinos.
Planteada así la única solución que tiene este problema, pido a la nación entera un respaldo moral y material suficiente para llevar a cabo una resolución tan justificada, tan trascendente y tan indispensable.
El Gobierno ha tomado ya las medidas convenientes para que no disminuyan las actividades constructivas que se realizan en toda la República y para ello, pido al pueblo, confianza plena y respaldo absoluto en las disposiciones que el propio Gobierno tuviere que dictar.
Sin embargo, si fuere necesario, haremos el sacrificio de todas las actividades constructivas en las que la nación ha entrado durante este período de Gobierno para afrontar los compromisos económicos que la aplicación de la Ley de Expropiación sobre intereses tan vastos nos demanda y aunque el subsuelo mismo de la Patria nos dará cuantiosos recursos económicos para saldar el compromiso de indemnización que hemos contraído, debemos aceptar que nuestra economía individual sufra también los indispensables reajustes, llegándose, si el Banco de México lo juzga necesario, hasta la modificación del tipo actual de cambio de nuestra moneda, para que el país entero cuente con numerario y elementos que consoliden este acto de esencial y profunda liberación económica de México.

Es preciso que todos los sectores de la nación se revistan de un franco optimismo y que cada uno de los ciudadanos, ya en sus trabajos agrícolas, industriales, comerciales, de transporte, etc., desarrollen a partir de este momento una mayor actividad para crear nuevos recursos que vengan a revelar cómo el espíritu de nuestro pueblo, es capaz de salvar la economía del país por el propio esfuerzo de sus ciudadanos.
Y como pudiera ser que los intereses que se debaten en forma acalorada en el ambiente internacional, pudieran tener de este acto de exclusiva soberanía y dignidad nacional que consumamos, una desviación de materia primas, primordiales para la lucha en que están empeñadas las más poderosas naciones, queremos decir que nuestra explotación petrolífera no se apartará un sólo ápice de la solidaridad moral que nuestro país mantiene con las naciones de tendencia democrática y a quienes deseamos asegurar que la expropiación decretada sólo se dirige a eliminar obstáculos de grupos que no sienten la necesidad evolucionista de los pueblos, ni les dolería ser ellos mismos quienes entregaran el petróleo mexicano al mejor postor, sin tomar en cuenta las consecuencias que tienen que reportar las masa populares y las naciones en conflicto.
El Presidente de la República, Lázaro Cárdenas. Palacio Nacional, a 18 de marzo de 1938.
Tomado de:
Lázaro Cárdenas, Ideas políticas y acción antimperialista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984. Y de General Lázaro Cárdenas, Cuarta edición, Voz Viva, UNAM, México, 1988.










18 de Marzo de 2008 | 9:47 am
Las enseñanzas del proceso revolucionario mexicano. La América Latina, nuestra verdadera patria, “la Patria olvidada”, tuvo hombres que supieron jugarse entero por la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación. Quien duda que el gran general Lazaro Cárdenas figura en esa ilustre lista de patriotas que se jugaron la vida. Sin embargo, conviene recordar que la nacionalización mexicana termino en un semi fracaso porque el imperialismo pudo bombear el petroleo que necesitava de Venezuela y someter así a un duro boicot a Mexico. El joven Víctor Raúl Haya de la Torre lo había advertido “ningun país latinoamericano puede triunfar por separado, la unidad de las veinte repúblicas latinoamericans es la condición previa necesaria de la lucha antimperialista. Unidad y coraje esa son las consignas y el camino.
18 de Marzo de 2008 | 12:23 pm
Gracias Alejandro. Es imperioso llevar esto a los programas escolares. Como profesora de Media, Terciario y universitaria en Capital Federal y lo fui en la pcia de Bs As, muchos años, esto casi no se incluye o no se llega. Si en cambio marxismo(no esta mal) no Doctina Social d ela Iglesia), y un peronismo hace mucho en los prograamas en gral. mal dado. Doy cursos de Perfeccionamiento Docente hace 10 años en C. Federal, se de lo que hablo
18 de Marzo de 2008 | 4:57 pm
El ejemplo para México, fue Mosconi e YPF. El petróleo significa para ese país 70.000 MD brutos por año, siendo la principal fuente de ingresos del país. Aquí se devastó la obra de YPF y se la liquidó bajo el Innombrable, con la colaboración de sus incondicionales entre ellos Kichner y la mayoría de los que aún detentan cargos en el ordeñe de la vaca lechera, que significa la incursión en la política. Fue un duro golpe para la economía y para el orgullo y la dignidad de los argentinos, golpe que si la orden no viene de arriba, ningún diputado ni funcionario tratará de superarlo. SILVIO COPPOLA.
18 de Marzo de 2008 | 10:08 pm
COMO SIEMPRE PUDIMOS DISFRUTAR DE UN MUY BUEN ARTÍCULO QUE NOS HACE SENTIR UNA ENVIDIA NOBLE POR ACTITUDES ASUMIDAS POR HOMBRES ÍNTEGROS QUE HAN SABIDO TOMAR FIRMES DECISIONES EN DEFENSA DE LOS INTERESES DE SUS RESPECTIVOS PAISES,COMO AQUÍ EN LA DÉCADA DEL 40 Y PARTE DEL 50. COMPARADO ESTO CON LA REALIDAD QUE HOY NOS TOCA VIVIR EN NUESTRO PAÍS. ATTE.
13 de Julio de 2008 | 2:19 pm
LA página es un invitación a pensar y reflexionar criticamente el deverir historico y las causalidades del aqui y ahora. Valoro el artículo de Cárdena y rescato toda la política agraria que fomento desde el Estado, ya que este Presidente constituyo la ultima fase de la revolución Mexicana.
Celebro la página.
Gracias
26 de Marzo de 2010 | 11:06 pm
MUY BUEN TRABAJO. AL COMENTARIO DE GULLO LO COMPLETARIA DEL MODO SIGUIENTE: CARDENAS ERA UN PRAGMATICO, APOYO A LA REPUBLICA ESPAÑOLA POR RAZONES DE AFINIDAD IDEOLOGICA; PERO CUANDO LOS ANGLONORTEAMERICANOS SE NEGARON A COMPRARLE PETROLEO A MEXICO A RAIZ DE LAS NACIONALIZACIONES DE 1938 CARDENAS ROMPIO EL BLOQUEO VENDIENDOSELO A ALEMANIA POR EL RESTO DE SU PERIODO PRESIDENCIAL. TAL VENTA SE HACIA A TRAVES DE UNA PETROLERA CHICA DE UN CIUDADANO USA QUE TENIA DEPOSITOS EN EL PUERTO DE HAMBURGO, Y CON LA COBERTURA SINDICAL DE UN DIRIGENTE DE LA AFL-CIO QUE ODIABA A FRANKLIN DELANO ROOSEVELT POR RAZONES PARTICULARES. DE ESTA MANERA ALEMANIA -POR EL PERIODO 1938-1942 “CIRCA “- ES DECIR LA PRIMERA PARTE DE LA SEGUNDA GUERRA- COMBATIO CON PETROLEO MEXICANO. FUENTE: “EL JUEGO DE LOS ZORROS” (un excelente y documentado libro sobre espionaje). un abrazo, saludos.