Nº 545 – Queen of Diamonds de Revlon

- | 26 de Julio de 2009 ≈ 20:09 | tamaño de texto | versión para imprimir

Por Alberto Amato, de la redacción de Clarín

Nació para ser nadie. Y para no tener nada. Y para pasar por este mundo casi con la fugacidad de un destello. No quiso nada de eso para su vida. Se convirtió en la mujer más importante de la historia argentina contemporánea; tuvo en sus manos el poder y la gloria; y si bien su vida duró lo que un resplandor (murió devorada por el cáncer a los 33 años y sólo actuó seis años en la vida política y social de la Argentina sin ocupar jamás un cargo
público) partió al país en dos y desató tanto amor y tanto odio sobre su vida, su figura y su obra, que aquella breve chispa se transformó en una llamarada que la sobrevivió por medio siglo.

Es imposible intentar explicar a Eva Perón sin comprender primero a Evita Duarte. Nació en los albores del siglo pasado, el 7 de mayo de 1919, en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en los arrabales desamparados de las últimas tolderías del cacique Coliqueo, un indio desmañado y ladino que terminó por aliarse con los conquistadores del desierto. Eva Perón jamás toleró ni perdonó la traición. Era hija natural, adulterina, de un viajante de comercio que tenía dos familias: una en Chivilcoy y otra en Los Toldos.
Eva Perón entregó su vida al amor por un sólo hombre al que se aferró para siempre en su primer encuentro, Juan Perón. Y proclamó ese amor a gritos en la tribuna más precaria y en los balcones de la Casa de Gobierno con el celo irreverente y candoroso de una muchacha. Lo era: tenía apenas 25 años cuando conoció a Perón.

Supo desde chica de la miseria y las humillaciones que viven los más humildes. Ya en el poder, se atrincheró en la Secretaría de Trabajo y Previsión para entregar, personalmente, colchones y frazadas y camas y ropa y máquinas de coser y pelotas de fútbol y muñecas y bicicletas y trabajo y viviendas, a miles de personas que no tenían ni vivienda ni camas ni colchones ni frazadas ni ropa ni trabajo ni muñecas ni bicicletas.

Cuando la tarea la desbordó (en las Navidades de 1947 repartió cinco millones de juguetes y en mayo de 1948 recibía cerca de doce mil cartas diarias según consigna Marysa Navarro en su libro “Evita”) creó la Fundación Eva Perón, una institución que extendió la ayuda social a todo el país y llegó a acumular en sus depósitos, entre otros miles de artículos, decenas de miles de cacerolas destinadas a los rincones más pobres de la Argentina, donde se cocinaba en latas que la miseria oxidaba con el implacable rigor de un relojero.

Sus críticos calificaron su accionar como “asistencialismo”. Sus enemigos vieron en ese reparto de bienes una intención política definida: la de eternizar a Perón en el poder. Ella respondía con una frase: “Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar; sin esperar”.

Evita Duarte llegó a Buenos Aires en 1935 con un sueño, el de ser actriz, y en plena Década Infame: un período caracterizado por el fraude político, la corrupción económica y la miseria desatada. Cualquier semejanza con la actualidad no es pura coincidencia.

Deambuló por papeluchos sin importancia en cine y teatro, dos ámbitos en los que mostró desde temprano su inquietud social. Contaba Hugo del Carril que en los altos de la filmación de “La cabalgata del circo”, Evita Duarte le preguntó si recibía cartas de la gente pobre. El le contestó que sí y que no podía contestarlas a todas. “Ah, no. -le dijo entonces la joven aspirante a actriz a la figura consagrada- A los humildes hay que darles siempre una respuesta…”.
Fue un drama, el terremoto de San Juan de enero de 1944, el que la unió a Perón en un festival que recaudaba fondos para las víctimas. Asumió desde entonces el papel estelar de su vida: dejó atrás para siempre a Evita Duarte y pasó a ser Eva Perón. Si el peronismo determinó la irrupción en la escena política de una clase social hasta entonces postergada, Eva Perón encarnó la voz y el reclamo de esa clase social. Y lo hizo con vehemencia, con pasión, una pasión en la que quemó su vida, con un lenguaje llano, claro, simple y, por lo mismo inaceptable. Dijo su verdad a gritos. Y la crucificaron por la osadía. A medio siglo de su muerte, la sociedad extraña en sus políticos algo de aquella franqueza por la que Eva Perón fue condenada poco menos que a la hoguera. Pero lo cierto es que en los seis años que abarca el breve paso de Eva Perón por la vida política argentina, sus mensajes, su lenguaje, sus sentimientos expuestos a flor de piel y sin pudores, generaron un amor irrenunciable y un odio irracional, como es de irracional el odio por naturaleza.

Usó para definir a quienes juzgaba sus enemigos un término académico de origen griego: oligarcas. Y le dio las tres acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española reserva a la palabra: gobierno de unos pocos; forma de gobierno en la que el poder supremo es ejercido por un reducido número de personas que pertenecen a una misma clase social y conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio. En cambio, para sus seguidores usó un par de
términos lunfardos, arrabaleros y despectivos que sólo en su voz eran tolerados y cobraban valor afectivo: “grasitas”, “descamisados”. No necesitaba mucho más un país siempre propenso a dividirse en dos y en el que brota con serena furia la semilla de la venganza: quienes amaban lo que Evita era y quienes odiaban lo que Eva Perón representaba, se hicieron irreconciliables.

Unos la juzgaron poco menos que una santa, un hada protectora y bienhechora, una revolucionaria, una mujer empeñada en que la justicia social llegara a cada rincón de un país desvastado. Otros la juzgaron una ambiciosa, una aventurera, una resentida egoísta y falsa, cargada de odio y de hipocresía.

Unos aplaudieron su imagen maternal, sus actitudes combativas, sus gestos solidarios, su actitud transgresora e independiente en el epicentro de una cultura rígida y pacata, su bondad inmaculada pese a su pasado de miseria, su defensa a brazo partido de los derechos de la mujer hasta instalarla como un factor más de decisión, en una sociedad aferrada a los preceptos más cerriles del machismo hispano. Otros le enrostraron su condición de hija natural, su pasado olvidable de actriz; la imaginaron espía nazi o
prostituida a los dieciséis años en los albañales de una Buenos Aires desconocida y hostil; le endilgaron el servir a un régimen demagógico, una guaranguería improbable y el cargarse de joyas y vestidos importados, en contradicción con su proclamado amor por los humildes y sus necesidades.

Para descalificarla la definieron como una fanática. Pero precisamente esa era una de las condiciones que Eva Perón rescataba como su mayor virtud: “El mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo”, escribió cuando ya se sabía arrasada por el cáncer.

Tres años antes se había anticipado a la definición: cuando su médico le acercó la certeza inapelable de su mal destino, Evita lo despachó con un carterazo en el pómulo y un grito de coraje desesperado: “¡Yo no estoy enferma!”.

Consciente de su final inevitable, el último año de su vida joven lo consumió en un intento frenético por preservar el gobierno de su marido, al que llegó a ver ya amenazado por los fantasmas tangibles de un golpe de estado. Aspiró con todas sus fuerzas a ser candidata a vicepresidente en las elecciones de noviembre de 1951. Pero, o bien por presiones militares, o por la enfermedad que la corroía, o por ambas razones, debió renunciar a la nominación en el mismo acto que se había montado para consagrarla. Antes de hacerlo, y en un episodio cargado de dramatismo, único en la historia del país, mantuvo un diálogo memorable con la multitud que en la alta noche del 22 de agosto de 1951 le exigía que aceptara. Eva dudó. Y ese contrapunto de ópera verdiana en el que la voz enronquecida de la primera dama pide entre lágrimas un poco más de tiempo para pensar, mientras miles de voces le gritan “¡Ahora, ahora…!”, sintetiza aún hoy la parábola trágica de aquel país a punto de descuartizarse, atado a las cinchas de sus deseos y su impotencia.

Dos meses después, el 17 de octubre y para premiar su renunciamiento, Perón le prendió en el pecho, frente a una multitud y en los balcones de la Casa de Gobierno, la Medalla de la Lealtad Peronista. El discurso de Eva Perón fue una despedida anticipada. Agradeció a quienes habían rogado por su salud. Profesó su fe de peronista incesante y enarboló tres frases inolvidables, rítmicas, musicales, conmovedoras, un pequeño himno dolorido y profético: “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”.

No parece ser tan cierto entonces que Eva Perón se convirtió en mito luego de su muerte joven. Fue condenada a ser mito aun cuando no había cumplido todavía los treinta años, apenas quince años después de haber huido niña de las tierras de Coliqueo y con el sueño de actriz a las espaldas. Condena que aceptó como una misión: su pasión, sus desbordes, su concepción de la vida, alimentaron ese fuego que le depararía un papel nunca imaginado, lejos de la ficción, en un mundo real, con las responsabilidades de una estadista veterana y la edad y el aura de una emperatriz sin corona en un reino de
utopía.

Los logros del peronismo, el protagonismo dado a obreros y sindicatos, la satisfacción a necesidades básicas de los más pobres, la nacionalización de los recursos fundamentales que pasaron a manos del Estado, la obra social encarada por Evita y la batalla campal y sin tregua desatada sobre su figura, dominaron aquellos años singulares, apasionantes, irrepetibles de la historia argentina. Tanto, que opacaron los desatinos de un gobierno que
deparó a muchos de sus opositores el trato que fijaban los moldes de la época: persecución, cárcel, tortura, exilio o muerte. Nada comparable a la catástrofe que se avecinaba.

Como afirma la escritora mexicana Alma Guillermopietro, Evita “compartió con su clase social un resentimiento que la consumía y que lo abarcaba todo, precisa contraparte del furibundo desdén con que la clase gobernante veía a la plebe”. Pero no es menos cierto que, si a lo largo de seis años, Eva Perón sembró amores y odios, fue correspondida con creces. Si el amor de los suyos “los humildes, los obreros, las mujeres, mis grasitas…” permaneció inalterable, el odio de sus enemigos se acrecentó. Para quienes la amaban,
Evita fue un símbolo. Para quienes la odiaban, una obsesión.

Luego de su muerte y ya derrocado Perón en 1955, el nombre de Eva Perón fue prohibido, junto con el del ex presidente, los símbolos y los cantos partidarios; se destruyeron los bustos erigidos en su homenaje, se quemaron sus retratos, se arrasó con una suma hoy incalculable de bienes (frazadas, colchones, sábanas, colchas, insumos hospitalarios, vajilla) porque llevaban la leyenda “Fundación Eva Perón” y poco se supo del activo de la entidad que era entonces de dos mil quinientos millones de pesos.

Pero los desatinos llegaron a la locura: el cadáver embalsamado de aquella chica de Los Toldos devenida en reina sin corona, fue robado, violentado, mancillado, escarnecido, vejado, ocultado fuera del país bajo un nombre falso y devuelto a Perón en 1971, como parte de una negociación política de la dictadura militar de turno. A tanto disparate impuesto por decreto firmado, los seguidores de Eva Perón respondieron con una lógica
inconmovible: le alzaron altares en la penumbra secreta de las casas más humildes, la canonizaron con un fervor que ya querrían para sí muchos santos de los altares y enarbolaron de puertas hacia afuera una frase con la sencillez y el peso del cemento armado: “Eva Perón, eterna en el alma de su pueblo”.

Evita aspiraba a menos. En uno de sus últimos discursos arriesgó: “Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que el nombre de Evita figurase alguna vez en la historia de mi Patria”. Imaginaba figurar en una nota al pie del capítulo que esa historia dedicaría a Perón.

Y agregaba: “Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera: ”De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita”.

Supo que se moría. Hasta el final. Ya desguazada por la enfermedad dictó con un hilo de voz unas páginas incendiarias en las que desnudaba las miserias del poder y de los poderosos, las inicialó una por una, las leyó enardecida a algunos sorprendidos ministros y legisladores peronistas y las dejó para que la historia las conociera como “Mi mensaje”. Fiel a su estilo, tuvo un gesto de desafiante coquetería cuando intuyó que el telón de su vida estaba por caer: pidió a su manicura que, al morir, le quitara el esmalte rojo de
sus uñas y le colocara uno incoloro.

Hoy Eva Perón tendría 83 (89) años. El tiempo y sus mudanzas han limado, tal vez,
las pasiones desatadas que moldearon a aquel país casi adolescente de hace medio siglo. Pero no deja de ser atractivo imaginar qué pensaría Eva Perón ante la Argentina desvastada del 2002, con sus arcas vacías y la miseria enseñoreada sobre casi la mitad de sus habitantes.

El 26 de julio de 1952, Eva Perón cedió al embate del cáncer en la residencia presidencial que se alzaba en la calle Austria. Cerró sus ojos a las 20.25 según fijó para siempre la Secretaría de Prensa y Difusión. Horas después, su manicura, Sara Gatti, quitó el esmalte rojo de sus uñas y aplicó dos capas de brillo transparente Queen of Diamonds de Revlon.

El frágil destello de vida de Eva Perón se había apagado para siempre.

Fue un breve instante de esplendor. Pero cuánto iluminó.

Alberto Amato
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Comentarios.

  1. Alberto Amato dice:

    Estimados.
    Les agradezco que hayan recordado un texto escrito por mí en Clarín, hace ya siete años.
    No entiendo la foto del final. No sé quién es el elegido y me gustaría saberlo.
    De todos modos, gracias de nuevo por recordar a Eva Perón a través de las simplezas escritas por un periodista.
    Abrazo
    Amato

  2. Dante Gumiel dice:

    El inmenso amor del pueblo argentino por Evita se explica sobre todo porque esta gran mujer mantuvo los sentimientos de ser humano sin privilegios de ningún tipo que afloran en la dura lucha por la vida, durante el tiempo que, por las vueltas del destino, se encontró en la cúspide del poder político. Esta actitud de vida es excepcional en Argentina y en cualquier lugar del mundo. El odio que despertó probablemente se originó en algunas torpezas y exageraciones que brotaban de una sentimentalidad sin límites por su pueblo. La amplia comprensión de la personalidad de Evita es necesaria para llegar por este mismo camino a la comprensión de todo el pueblo argentino. Este es también el modo de arribar a la visión de unión y proyección histórica de la nación argentina.

  3. Cristina dice:

    excelente retrato de Evita. Evita del pueblo, la que supo de las privaciones de aquellos trabajadores que no dudaban en formar una familia. Familia que siempre educaban enraizada en la historia argentina. Familia argentina. Se forja la nacion en cada niño educado, en cada joven estudiante, en cada familia que trabaja en y por los valores.
    Sera posible que sigamos creyendo en la patria, aun despues de ver descuartizado al pueblo por ambiciones viles y cortas. Porque es corto llenar las alforjas del presente cuando la nacion queda silenciada en su necesidad de construir el futuro de las familias argentinas.

  4. Osvaldo Vergara Bertiche dice:

    Salve Eva, abanderada de los humildes
    capitana de tus huestes de descamisados.
    Tu nombre es bandera de lucha a los vientos
    llama gigantesca que se hace llamarada
    en ese incendio tuyo, que es el incendio revolucionario
    de una nueva argentina justiciera.

    El 26 de Julio de 1952, moría María Eva Duarte de Perón.

    Por la Red Argentina de Radiodifusión, la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia anunció que cumplía con el “penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20,25 ha muerto la señora Eva Perón, Jefa espiritual de la Nación”.

    Había muerto la Primera Dama, la esposa del Presidente de la Nación Argentina.

    Para el Pueblo argentino, para los trabajadores, para los cabecitas negras, para los grasas, para los humildes, había muerto EVITA, que así la habían bautizado, con un nombre sencillo y tierno, cargado de cariño y afecto.

    Había muerto EVITA, su Guía Espiritual, su Abanderada.

    Es el Pueblo de la Patria el que asume en esos momentos la grave resonancia de la noticia. Un lamento funerario cubre toda la extensión geográfica de nuestro país.
    La congoja se ha convertido en lágrimas, en llanto, en desesperación, también en bronca.
    La muerte se llevaba demasiado temprano a quién tanto había hecho, a quién tanto había dado, a quién tanto había amado.

    Porque solamente quién ama en profundidad puede romper todos los precedentes históricos y definir una modalidad nunca vista.

    Sólo el amor puede convertir a alguien en una inclaudicable, tenaz y persistente luchadora por los derechos de los sin derechos.

    Había muerto quién suscitó intensos sentimientos y emociones profundas, sin haber provocado jamás indiferencia.

    Evita era mujer y sobre la mujer había señalado: “Si una mujer vive para si misma, yo creo que no es una mujer o no puede decirse que viva…”. Ella fue un ejemplo de lo que predicaba: no vivió para si misma, siguió viviendo en el corazón y en la mente de millones de argentinos por generaciones.

    Han pasado muchos años de la infausta jornada. La seguimos recordando, honrando, homenajeando. Se convirtió en un mito. Mito, no como una fábula o una ficción, sino como una alegoría, como una figura retórica, como un icono sagrado.

    Desde aquel entonces, siempre se ha escuchado resonar en las calles ¡si Evita viviera!!! lo que significa que en el pensamiento colectivo de los argentinos está presente que si Evita viviera, muchas de las cosas que han pasado no habrían pasado.

    ¡Qué reconocimiento!!! ¡Qué agradecimiento!!! ¡Qué legitimación!!! ¡Qué interacción!!!

    También hemos escuchado, desde “el tablón” de las populares de la Patria, ese fervoroso clamor: ¡Evita volvé”. Es el grito de la angustia y la desesperación de los que se sienten nuevamente desamparados, desprotegidos y humillados.

    El Pueblo argentino en esa búsqueda incesante de la verdad y la justicia la eligió.
    Evita es “La Elegida”. Elegida por unanimidad de los más que tienen menos.

    A Evita la tenemos presente; la tenemos presente no solamente para “cumplir” mediante una oración fúnebre; no solamente para recordar aquel intenso y fecundo pasado; la tenemos presente porque su prédica y su acción es una Bandera.

    Bandera… mientras la injusticia insolente y los insolentes que la imponen se paseen por una Argentina en permanente desangre y desguace.

    Bandera… porque al igual que Simón Bolívar, al decir de José Martí: “Lo que él no dejó hecho, sin hacer está hoy”; lo que Evita dejó sin hacer… ¡sin hacer está todavía hoy!

    Y está sin hacer porque el 26 de Junio de 1948 advertía: “es inconcebible que haya habido tan malos argentinos que no hayan pensado en su Pueblo y en esta Patria a la que hicieron grandes nuestros próceres, mientras ellos tratan de hundirla”, al mismo tiempo que nos dejaba un mensaje, un eterno recordatorio, una lección, una voz de alerta: “yo pido, en nombre de los descamisados, que son lo más puro de la nacionalidad y en nombre del peronismo, una sola cosa: no olvidar el daño que han hecho esos malos argentinos”.

    No debemos olvidar estas palabras al recordar a Evita, ni tampoco dejarnos engañar por los “cantos de sirena”, de sirenas de una posmodernidad decadente.

    Su decir, sus verdades y su manera de hacer, son suficiente ejemplo para entrar de lleno en la tarea de la reconstrucción del Movimiento Nacional, como única herramienta capaz de motorizar las fuerzas necesarias para cumplir con un mandato histórico: llevar adelante la Revolución que quedó inconclusa pocos años después de su muerte, en aquel funesto 16 de Setiembre de 1955.

    Evita seguirá siendo Símbolo de las luchas por venir para lograr el porvenir venturoso de Nuestro Pueblo y la Grandeza de Nuestra Patria.
    Para ella, el mejor de los homenajes.

  5. pandra dice:

    Me disculpo con Alberto Amato.
    La foto que cierra la nota es en realidad de Guillermo Fernández, un actor y titiritero que escapó del centro de detención Mansión Seré en la dictadura, actuando posteriormente su propio rol en una película, y sobre la que Alberto escribió una nota.
    Como es evidente, no conozco personalmente al periodista autor del excelente artículo sobre Evita. Y “buscar imagen en Google” tampoco resulta -obviamente- la mejor forma de conocer su fotografía.
    Alejandro Pandra [editor de la Agenda de Reflexión]

  6. Evita « El blog de Abel dice:

    [...] lo que ayer se escribió, encontré en una nota de Alberto Amato que reproduce Pandra en su “Agenda de Reflexión“, una frase que me pareció muy real y muy impactante “Los seis años que abarca el [...]

  7. Jorge Grondona dice:

    Gracias querido Alejandro y, por tu intermedio, a Alberto Amato por tan maravilloso artículo.
    Una vez escuché que Dios Nuestro Señor quería tanto a Evita que se la llevó junto a El.Creo que fue el Padre que fuera confesor de Evita quien lo dijo.
    Fuerte y agradecido abrazo

  8. atilio dice:

    sin palabras es toda una mujer que dio todo hasta su vida por una patria injusta porque ese odio desmesurado del poder oligarquico lo vemos hoy con un gobierno popular que con errores pero con acierto es odiado por esa misma oligarquia que su avaricia corroe todo lo que toca evita si hubiera vivido unos cinco años mas otra historia seria la nuestra, pero nos dejo jirones de su vida plasmada en nuestra conciencia su monbre y su lucha que no fue en vano hoy es un dia muy importante para el peronismo combativo, el peronismo del pueblo, que sabe que su gia espiritual es evita por siempre evita la banderada de los humildes,
    hoy no solo se recuerda su nombre sino su dignidad que hizo que todos los que pisamos esta tierra fueramos digno por eso decimos evita esta presente en el corazon de ese pueblo que no se dobla ni se muta porque sabe que ser peronista no es parecerce sino serlo en lo cotidiano en la lucha en la dignidad integra

  9. Lidia Beatriz Giannoni dice:

    La admiré desde mi niñez; y hoy a los 65 años de edad, no puedo dejar de hacerlo. El destino de Argentina hubiese sido otro, sin lugar a dudas, si ella no hubiera partido hacia la eternidad. ¡ Cuántas páginas de nuestra historia estaría plenas de obras de bien y no tendríamos la cantidad impresionante de hermanos viviendo por debajo de la línea de pobreza.

  10. Alberto Laria dice:

    Una escritura muy emotiva, que reestablece la fortaleza de su rebeldía sin conceciones, su compromiso inclaudicable con la causa del pueblo. Hoy Cristina,siendo una mujer brillante, no puede alcanzar aquellas alturas, porque no tenemos pueblo. Tenemos “gente”, docilisada por el canallezco poder mediático que ahoga las solidaridades y atolondra las conciencias, en beneficio de los oligarcas de siempre.

  11. Nombre… dice:

    Sorprendente revelacion …

  12. etel dice:

    Quien de los que pasamos los 60 no tenemos grabado ese ” 20.25″ la hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad
    Habrá algún otro que cuando ve esa hora no recuerda a Evita?
    Yo jugaba en el patio de mi casa cuando oí el llamado de mi tío a toda la familia… “La cadena, la cadena…” y entonces, el final inevitable.
    Los altares espontáneos en todos los barrios, en todos los pueblos…
    Los brazaletes negros también puestos espontáneamente, y también los otros, los que salieron a festejar. Porque hubo quienes festejaron. Y quienes después como la Carlotto se arrepintieron.
    Un abrazo a todos los compañeros
    Etel, desde Costa Rica

  13. Gandolfo Norma dice:

    Cuanto tenemos que aprender todavía…., dedicación, amor y coraje para tratar de darle lo mejor a nuestro pueblo, y sin intereses personales……

  14. Miguel Revuelta dice:

    Brillante pintura de Evita en “Queen of Diamonds” …
    Eva Peron; quien en realidad fue y es todavia la unica e irrepetible “Queen of Hearts” (Reina de Corazones) de los deposeidos del Pueblo Argentino.
    El Corazon de Evita, late en su vivido espiritu inmortal, con la llama revolucionaria de su fresca impronta juvenil y es el verdadero faro que ilumina las esperanzas del “hombre nuevo” Argentino, que espera su tiempo, para ocupar el lugar que la Patria reclama.
    Miguel Revuelta

  15. Laura dice:

    Amato escribió uno de los mejores comentarios sobre una de las mujeres más famosas de la historia universal de occidente. Si escribiera una biografía con ese enfoque sería un acierto. Tengo muchas de Eva o Evita o “Esa mujer”, desde las buenas a las excelentes pero no he leido ninguna que aune su amor casi adolescente por un hombre y un pueblo. Un amor inexpresable en su hondura,que tuvo que ser gritado desde los tejados como poetizó Alfonsina Storni, desde el balcón, al mundo entero. Abel Posse nos recuerda que fue una muchacha de 26 años las que nos representó en Europa con diplomacia incomparable. El presidente de Francia al recibirla dijo.: “no imaginé que fuera tan joven y tan bella”, “aussi jeunne aussi belle”..Cuenta LLambi en “50 años de politica y diplomacia”, (Corregidor), que los aristocratas del hotel de Suiza donde se alojó la señora de Peròn y su comitiva, se escondian detras de los diarios en el ascensor para admirarla. Tambien desmiente las leyendas siempre renovadas de que deposito dinero en es ese pais. Que sea una costumbre de la politica argentina no quiere decir que nuestros líderes lo hayan hecho. Es conocido el elogio de Juan XXIII; aun muy lejos del papado, admiró su distinción. ¿Sería la sangre de su lejano antepasado Jeronimo Luis de Cabrera, fundador de Cordoba ?o era como como Chanel, ¿se inventó a si misma?
    Todos los grandes en politica fueron amados y odiados, porque unen grandes pasiones y se convierten en espejos de sueños imposibles para las personas comunes y demuestran a los saqueadores que la justicia existe.
    “La única reina sin corona”– canta Maria Elena Walsch. De los mitos argentinos mundiales , es la única mujer, pero los supera a todos. Las argentinas no hemos sabido todavía leer su mensaje, porque era sobre todo a nosotras que se dirigía, la parte con la niñez ,más desamparada.
    Benitez solo dijo que su rostro al morir se tranfiguró, parecia muerta ya por el cáncer, demacrada, espectral. ¿Qué interrogante?. El cuerpo porta un alma, ella ya no estaba en este mundo, no podia haber coquetería, tal vez decoro. Evita te amamos

  16. Laura dice:

    Amato escribió uno de los mejores comentarios sobre una de las mujeres más famosas de la historia universal de occidente. Si escribiera una biografía con ese enfoque sería un acierto. Tengo muchas de Eva o Evita o “Esa mujer”, desde las buenas a las excelentes, pero no he leído ninguna que aune su amor casi adolescente por un hombre y un pueblo. Un amor inexpresable en su hondura,que tuvo que ser gritado desde los tejados como poetizó Alfonsina Storni; desde el balcón, al mundo entero. Abel Posse nos recuerda que fue una muchacha de 26 años las que nos representó en Europa, con diplomacia incomparable. El presidente de Francia al recibirla dijo.: “no imaginé que fuera tan joven y tan bella”, “aussi jeunne aussi belle” .Cuenta LLambi en “50 años de politica y diplomacia”, (Corregidor), que los aristocratas del hotel de Suiza donde se alojó la señora de Peròn y su comitiva, se escondian detras de los diarios en el ascensor para admirarla. Tambien desmiente las leyendas siempre renovadas de que depositó dinero en es ese pais. Que sea una costumbre de la politica argentina no quiere decir que nuestros líderes lo hayan hecho. Es conocido el elogio de Juan XXIII; aun muy lejos del papado, admiró su distinción. ¿Sería la sangre de su lejano antepasado Jeronimo Luis de Cabrera, fundador de Cordoba ? o era como como Chanel, ¿se inventó a si misma?
    Todos los grandes en politica fueron amados y odiados, porque unen grandes pasiones y se convierten en espejos de sueños imposibles para las personas comunes y demuestran a los saqueadores que la justicia existe.
    “La única reina sin corona”– canta Maria Elena Walsch. De los mitos argentinos mundiales , es la única mujer, pero los supera a todos. Las argentinas no hemos sabido todavía leer su mensaje, porque era sobre todo a nosotras que se dirigía, la parte con la niñez, más desamparada.
    Benitez solo dijo que su rostro al morir se tranfiguró, parecia muerta ya por el cáncer, demacrada, espectral. ¿Qué interrogante?. El cuerpo porta un alma, ella ya no estaba en este mundo, no podia haber coquetería, tal vez decoro. Evita te amamos

  17. Roberto Maffeis dice:

    Excelente el recuerdo para Evita.
    Ayuda a comprender el porqué de su amor por el pueblo y el de este por ella.
    Dejemos de lado algunas afirmaciones equívocas sobre el gobierno del General Perón y sobre el renunciamiento, que debieran discutirse en otro espacio.
    Lo importante es que Evita era tal cual la muestra este trabajo.
    Y permítasenos agregar algo más en relación al título de la nota y al final de la misma: la coquetería que Evita llevó hasta el último instante de su paso por la vida y aún después de las 20,25 hs., es la coquetería de una mujer que era, en tal condición, femenina, muy femenina y nunca feminista, por más quieran vincularla con esta última postura.

  18. Antonio Juan Liberti dice:

    El odio de la oligarquía hacia Evita tuvo contornos racistas y clasistas, pero sustancialmente era miedo, justificado por el reconocimiento de su capacidad de movilización y conducción . Encontraron en ella el mayor peligro para los de su clase, especialmente cuando pactó en Bélgica el envío de armas livianas para la CGT y cuando animó a Perón a purgar de contreras el ejército, cosa que el General, para nuestro mal, no hizo.
    Supieron que era incorruptible, que se daba cuenta de la realidad del peligro y que no vacilaría en hacer lo que fuere necesario para proteger a Perón y a la clase trabajadora.
    En rigor de verdad, estaba mejor informada que Perón y tenía sus propios contactos por cuerda aparte, los funcionarios de la Fundación, que abarcaba todo el país.
    Es curioso que haya sabido quienes eran leales, quienes eran traidores, quienes eran honestos y quienes eran ladrones.
    Era amiga de Mercante y de Quijano pero no de Aloé ni de Isaac Rojas, su edecán. Es la que mejor enterada estaba de las andanzas de su hermano y la que no se opuso a la renuncia de Juan.
    Sería muy interesante revisar la correspondencia ahora desclasificada enviada por los embajadores yanquis e ingleses de la época a sus respectivas metrópolis.
    Atte. Antonio J. Liberti.

  19. Diario Digital www.elBicentenario.org dice:

    excelente articulo..en este mes de Evita..una joven mujer Argentina … que dejó marcado ejemplo a las generaciones de su compromiso escrito militante.

  20. Diario Digital El Bicentenario dice:

    Saludamos a Ustedes con el mayor de los respectos, ya que en la construcción ,concientizacion de nuestra Historia Argentina, día a día vemos artículos que nos merecen el reconocimiento de todos lo que sentimos el sentir Nacional, en este primer bicentenario..saludamos a todos Ustedes. Fernando Roldan

  21. Griselda Noemi dice:

    Trabajo en una perfumeria por las mañanas y por las tardes en un colegio;en mis tiempos libres me gusta entrar en internet para ver las ultimas novedades de las distintas marcas de maquillajes,cremas etc,y sin pensar,entre a este articulo ¡MUY INTERESANTE!

  22. Martha Alicia Lombardelli dice:

    Me pareció muy interesante y profesional. Con afecto

  23. meditbetty@hotmail.com dice:

    Es éste una excelente reseña de la vida de Eva Duarte de Perón, de hecho cuando leo el mail con la frase “Mujeres que dejaron huella” inmediatamente pensé en ella y me encuentro con esta acertada síntesis. Ella murió el año en que yo nacía, he leído “La Razón de mi Vida” (tengo su libro en mi biblioteca). Su vida fue apasionada y muy corta, solo treinta y tres años para cosechar tanto amor y tanto odio de la oligarquía y de todos los militares que odiaron a Perón por relacionarse y casarse con una artista de segunda linea, no se lo perdonaron. Si señor! cuanto iluminó. Felicitaciones y gracias.

  24. Jorge dice:

    Aniversario del fallecimiento de la Sra Eva Duarte de Perón.

    Una mujer que salió de la nada, de la miseria y llegó a ser poderosa.
    El escrito impreso como pequeño libro por “Ediciones del Mundo” del año 1987 ubicada en ese entonces en Avda Belgrano 3157 , relata muchas cosas, algunas muy duras y yo solo voy a reproducir una pequeña partecita a modo de Homenaje hacia esta Señora que fue importante para mi familia.
    Lo hago como mi deber de ser ahora un Clase Media producto de una política Peronista, que supongo en el País debemos de ser muchos. Clase media en su mayoría castigada por otros gobiernos populares y tratada peyorativamente de “burguesa” simplemente para ocultar que no se continuó con un gran proyecto nacional alejado de los vicios del viejo mundo..
    A los 62 años de su desaparición física , con sus aciertos y sus errores, se merece esto:
    El libro se llama “Mi Mensaje”

    “ No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores.
    Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo, ¡ la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el Poder ni por la Gloria!, aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad.
    Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fué capaz de seguir la farsa como yo , para saber toda la verdad.
    Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca. Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira.
    Yo me vestí también con todos los honores de la Gloria , de la vanidad y del Poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un Presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, “prestando mi cara” para guardar mi corazón, pero sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras.
    Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finje, porque conozco a los hombres en sus miserias y sus grandezas.
    Muchas veces he tenido ante mis ojos , al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria.
    Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle…por eso no me deslumbró jamás la grandeza del Poder y pude ver sus miserias …..” (sic)

    Con respeto

  25. Mery dice:

    Emocionante… Qué Grande!!!

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