N° 682 - La vigencia del viento de los 90

Por Carlos del Frade
(APe).- La historia de los puertos sobre las marrones aguas del Paraná es anterior al sueño colectivo inconcluso parido el 25 de mayo de 1810 y a la propia invención del virreynato del rÃo de La Plata. Hacia 1527, donde hoy se levanta Puerto Gaboto, al norte de Rosario, surgieron los primeros rudimentos de muelles que hoy conforman la principal puerta de exportación de los cereales argentinos.
El complejo oleaginoso que va desde Timbúes, pasa por Puerto San MartÃn y San Lorenzo, ignora la cuna de la bandera y termina en Punta Alvear, ha desplazado al que fuera el segundo cordón industrial más importante de América latina después del de San Pablo.
Más allá de la crisis financiera del año 2009, Cargill, Dreyfus, Bunge, Nidera, Molinos RÃo de la Plata, Toepffer, Aceitera General Deheaza y Minera Bajo La Lumbrera, tuvieron una facturación total de de 52.104 millones de pesos, alrededor de 13 mil millones de dólares.
Una enorme masa de dinero que no se vuelca en la vida cotidiana de sus trabajadores ni tampoco en los pueblos y ciudades que le dan sustento a pesar del creciente nivel de contaminación ambiental que provocan.

Para la Escuela de EstadÃsticas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario, citados por la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmontadores de Algodón y Afines de la República Argentina, estas firmas invierten solamente un 1,94 por ciento del total de sus erogaciones en salarios.
En el caso de los estibadores la cuestión es peor porque el sueldo de los jornaleros no representa cifra significativa en las utilidades de las empresas radicadas sobre el caudaloso Paraná.
Este presente de opulencia e impunidad es hijo directo de una historia de saqueo.
La ruta nacional número 11 y las vÃas del ferrocarril Belgrano son testigos de las transformaciones de esta región, junto a los pueblos y ciudades que vieron desaparecer las plumas flamÃgeras de las chimeneas de las fábricas que hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado iluminaban la noche anunciando el tercer turno, la producción constante, el casi pleno empleo.
Hoy la noche avanza en silencio y ya casi no hay colectivos a esas horas. Aquellas fábricas dejaron de ser a mediados de los años noventa cuando el menemismo rubicundo arrasó con las plantas de pintura, quÃmicas, petroquÃmicas, de jabones, porcelanas, textiles y frigorÃficas. Entre ciento cincuenta y doscientas empresas medianas y grandes fueron cerradas en aquellos tiempos y otras tantas derivadas del desguace estatal de los ferrocarriles, la Junta Nacional de Granos, los puertos estatales y el saqueo de YPF y sus destilerÃas, produjeron la soledad del camino y la ausencia de bares que sembraban de sillas las calles de aquellas ciudades y pueblos.
Los pasajeros habituales de las lÃneas de colectivos que atraviesan la zona ya saben que necesitan relojes y paciencia. Cosa impensable cuarenta años atrás cuando la empresa de transporte “9 de Julio”, de colores azul y blanco, recorrÃa la ruta 11 cada cinco minutos y no hacÃa falta otra señal para llegar temprano o a tiempo al lugar de destino. El chofer manejaba una boletera de por los menos veinte papeles que tenÃan como destino cada una de las fábricas y la familia sabÃa que no habrÃa demora ni sorpresa.

Solamente quedaron las grandes aceiteras, las terminales privadas que desplazaron al mÃtico puerto rosarino, aquel que fuera cantado como “la capital de los cereales que se levanta junto al rÃo Paraná”.
Aquel puerto llegaba a mover entre 10 y 15 mil trabajadores hasta mediados de los años setenta. Hoy apenas tienen empleo en blanco menos de trescientas personas aunque la publicidad oficial habla de una terminal multipropósito ideal para los grandes negocios internacionales.
Todo comenzó con el ex gerente general de Acindar, José Alfredo MartÃnez de Hoz, devenido en ministro de EconomÃa de la dictadura que hacia 1979 eliminó el monopolio del control de granos que estaba en manos de la entonces Junta Nacional de Granos.
Fue la piedra fundamental del desarrollo de los puertos privados.
Hacia 1987, como consecuencia de una increÃble huelga de casi dos meses de duración en el todavÃa puerto estatal rosarino por un reclamo de vacaciones, aquellos muelles fueron declarados “sucios”, terminologÃa que en el negocio exportador es sinónimo de suicidio. En ese mismo año, como consecuencia de aquel conflicto inventado, surgió la llamada Terminal 6, la sÃntesis de tres aceiteras cordobesas y tres santafesinas. Ya las cargas cerealeras dejaron de llegar o salir de Rosario y pasaron a ocupar los terrenos de Puerto San MartÃn, San Lorenzo, Punta Alvear, Arroyo Seco y Villa Gobernador Gálvez.
Los dirigentes sindicales de entonces y los representantes de las cámaras de empresas navieras que protagonizaron aquel conflicto de tantos dÃas terminaron trabajando todos juntos en la nueva empresa privada.
Aquel desguace del puerto rosarino significó el origen del boom exportador oleaginoso.
La piel de la región comenzó a cambiar.

Ya no se veÃan batallones de obreros circulando en bicicleta hacia las fábricas ni las ansiadas camisas de los que trabajaban en Celulosa, en Capitán Bermúdez, o en el mismÃsimo ferrocarril. Eran ropas que cotizaban en alza en los bailes de los clubes en los años sesenta y setenta porque eran el pasaporte a una vida familiar sin apremios económicos y por eso los muchachos iban con esas camisas a buscar compañeras.
El colectivo “9 de Julio” dejó paso a las unidades amarillas de un empresario de cuestionadas habilidades, de apellido Bermúdez, que constituyó uno de los tantos oligopolios del transporte en la provincia de Santa Fe y ya la noche dejó de ser territorio de trabajadores para convertirse en paseo de fantasmas, junto a los esqueletos vacÃos de las fábricas.
Allà donde estaba Cerámica San Lorenzo, donde llegaron a trabajar más de mil personas, se instaló una ensambladora de motocicletas que solamente dio ocupación a cuarenta muchachos, casi ninguno de la ciudad donde San MartÃn inició su epopeya en clave de patria grande.
La privatización de YPF derrumbó la llamada mÃstica ypefiana y los otrora orgullosos obreros de la petrolera comenzaron a ocupar espacios en las crónicas policiales que relataban los suicidios de los que hasta el dÃa de hoy esperan cobrar el porcentaje de las ganancias que le prometieron por aquel famoso Programa de Propiedad Participada.
Quedaron pocas escuelas técnicas y pocos overoles.
En las escuelas para adultos cuando el profesor pregunta que levante la mano quién tiene o conoce un recibo de sueldo en blanco, apenas un puñado de dedos se eleva. La gran mayorÃa trabaja en negro, changuea y espera que alguna multinacional se le ocurra levantar un nuevo silo.
La histórica ciudad de San Lorenzo parece hoy el patio trasero de Molinos RÃo de la Plata y VicentÃn. Enormes robots de lata y acero se levantan a la vera de la ruta 11 cuando se llega desde Rosario. Allà hay luces permanentemente encendidas pero muy poca gente trabajando. El nivel de ocupación de las grandes aceiteras es mÃnimo y cada nueva inversión anunciada con bombos y platillos por los sectores polÃticos y empresarios precariza aún más la mano de obra.
Miles de millones de dólares surgen del complejo oleaginoso que se levanta sobre el rÃo Paraná en forma paralela al crecimiento de la economÃa en negro donde también aumenta su dimensión los circuitos del narcotráfico y la prostitución muchas veces protegidos por las fuerzas de seguridad, provinciales y nacionales.
En forma paralela, los estibadores de la zona dicen que de cada tres barcos que parten de los muelles privados, hay uno que pasa de largo, que no rinde ningún tipo de control. Es el inicio de la fenomenal evasión que recién ahora comienza a investigar la Administración Federal de Ingresos Públicos.
La región del Gran Rosario, el otrora mÃtico Cordón Industrial del Paraná, era obrera, ferroviaria y portuaria. Hoy es solamente una gran área de servicios, empleo precarizado y zona de turismo.
No es casual que una de las últimas nominaciones que adquirió la región haya sido “capital nacional del helado artesanal”, designación colocada por algún diputado en plena década del noventa cuando los fuegos del tercer turno y la plena ocupación se apagaban definitivamente.

Carlos del Frade
Publicado por la Agencia Pelota de Trapo










21 de Diciembre de 2010 | 11:11 am
La violencia del viento de los 90 hoy tiene la vigencia de una suave brisa que asà acaricia, lamiendo esa cicatriz que llaga y llaga la pálida mejilla de Rosario, la misma brisa que como un pésame, besa esta otra, la de la triste cara del PaÃs. Brisa ya sin prisa, dejo que dejó lo que el viento no se llevó. IronÃa de una brisa que refrescando lo ocurrido, calienta como la pucha madre.
21 de Diciembre de 2010 | 12:02 pm
panorama desolador.
te dejo un link rosarino y agrego a seguir
un abrazo
http://www.fa-kir.blogspot.com
21 de Diciembre de 2010 | 1:45 pm
Ya habÃa leÃdo algunos artÃculos de este muchacho en Argenpress y en otras publicaciones, en verdad tienen una buena “pluma” y una sensiblidad grandiosa para vincular o asociar lugares y hechos de nuestra historia otorgándole la unidad y el sentido que tienen las cosas. Parafraseando a Galeano, he aqui una gran vena abierta, paradigma la hemorragia que sufre nuestro suelo y sus recursos agotables, y por ende nuestro pueblo, que se van hacia destinos ordenados por anónimos capitales financieros. Y una minorÃa mediática que nos impuso que “esta barbaro, por que todo eso es crecimiento económico”.
Está pendiente la revolución mental que el general Perón reclamaba en el “Mensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo, Febrero de 1972″. Carlitos del Frade laviene propiciando … a propósito ¿dónde milita este muchacho?
21 de Diciembre de 2010 | 6:54 pm
“…..Y… MENEM LO HIZO…!!!!”
23 de Diciembre de 2010 | 8:47 am
Solamente quisiera manifestar, una pequeña modificación: que abarque también un poco más al sur de Rosario, es decir, Villa Constitución, San Nicolás, Campana. Nosotros también sufrimos exactamente los mismos problemas que manifiesta Carlos, el colectivo “amarillo”, también llega a nuestras tierras, sufrimos los suicidios, quioscos, remises, el desempleo y hoy, la contaminación ambiental, con entes provinciales que no controlan nada y el cáncer, nos está ganando la batalla, con P P P, prog. de propiedad participada, que divide aún más a la comunidad, con trabajo en negro y muy mal pago mientras los monopolios sojeros, siderurgicos y de todo tipo, nos contaminan y matan de hambre al pueblo, que antes trabajaba honestamente. Gracias por poder comentar lo que nos pasa en la comunidad de la zona.