N° 684 - Lucas Kraglievich (1886-1932)

- | 29 de Diciembre de 2010 ≈ 8:52 | tamaño de texto | versión para imprimir

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

“La República no necesita sabios”
[Sentencia del tribunal que condenó a la
guillotina al genial químico francés
Antoine L. Lavoisier en 1794]

Dice Carmen Verlichak en su libro “Los croatas de la Argentina” que “En la Argentina, como en todos los países de inmigración, la primera generación nacida de padres extranjeros se ve enfrentada con una grave decisión que traerá aparejadas consecuencias durante toda la vida. El joven, o la joven, deberá decidir si se integra en la comunidad nacional que le corresponde por el lugar de nacimiento y olvidar la herencia de sus antepasados, o si puede hallar una combinación armoniosa entre el suelo que habita y la sangre que lleva.”(1)

Es evidente que fue la segunda opción la que eligió el joven Lucas Kraglievich, retoño de Dalmacia germinando en el Plata, ya que al igual que muchos descendientes de los que arribaron de la lejana Croacia sintió de inmediato el impulso irresistible por la tierra y las faenas agrícolas, por la vida libre y vigorosa del gauchaje, por la eufonía del cancionero criollo y la destreza ecuestre. Nacido en 1886 y en el pueblo de Balcarce (Provincia de Buenos Aires), esta saludable vida rural, que apenas le dejaba tiempo para entretenerse con la taba o para bordonear  una guitarra, no fue obstáculo para que fuera desarrollándose en su espíritu un afán inquisitivo, una voracidad de lecturas y conocimiento, que con el tiempo lo transformarían en el continuador de la obra del gran Ameghino.

Este estímulo intelectual lo impulsó a Buenos Aires, con el propósito de cursar la carrera de ingeniero-mecánico. Así fue, en efecto, pero estando en el postrer año un repentino cambio de vocación produjo el abandono de la misma y de ahí en mas dedicó todas sus energías, que no eran pocas, al estudio de la paleontología. Hacía pocos meses que Ameghino había fallecido cuando en 1912 y en compañía del ingeniero Juan Carlos Ortúzar recorrió Chubut y Santa Cruz atesorando experiencia de campo y gran cantidad de hallazgos. Cuatro años mas tarde, como adscripto honorario ingresó en el Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires y tres años después se le nombró ayudante técnico de paleontología. Sus retribuciones económicas siempre fueron modestas o inexistentes, por lo cual debió procurarse el sustento como profesor en institutos particulares, sin embargo, ello no fue nunca causa de desaliento ni obstáculo para sus investigaciones. Semejante contracción a la ciencia y los sacrificios que esta suponía, reflejaban una personalidad diametralmente opuesta a la de los que, en el ocaso de su vida, martirizaron su existencia y mancillaron su honor por motivos espurios.

Años transcurrieron entre los museos de La Plata y Buenos Aires, revisando y clasificando el material paleontológico que se amontonaba  confusamente y trasladando al papel la descripción de los yacimientos fósiles. Su colega y amigo Alfredo Castellanos lo recuerda con la redacción prosopopéyica propia de la época: “Ensimismado en el arcano, interrogando vehementemente los materiales inertes, dándoles vida para penetrar en sus orígenes, ha contribuido Kraglievich a levantar las columnas milenarias de la Paleontología Argentina para engrandecimiento del suelo donde nació”. Y no exageraba, en el transcurso de su corta existencia ocupó en 1925 la dirección del Museo de Historia Nacional, y desde 1925 hasta 1929 la Jefatura de la Sección Paleontología, en reemplazo de Carlos Ameghino. En compañía de este coloso y de Enrique de Carles pasó largas temporadas en el Museo de La Plata catalogando la casi totalidad del material fosilífero de esta catedral de las ciencias naturales, donde, infructuosamente, se intentó integrarlo a su planta. Es que sus desvelos estaban destinados para el Museo de Buenos Aires.

A lo largo de la década del 20 la Atenas del Plata - como gustaban llamarla los hombres de la generación de Ameghino - fue embelleciéndose. Buenos intendentes, como Carlos Noel y José Luis Cantilo, hicieron una labor edilicia trascendente, acompañados por consejos deliberantes que, por el nivel de algunos de sus integrantes, eran como un Congreso en miniatura. Se terminaron de construir edificios públicos como el Correo Central, se restauró la Catedral, se ampliaron los hospitales Muñiz y de Clínicas, se erigió el monumento al general Carlos de Alvear y en 1925 se colocó la piedra fundamental del actual edificio de Parque Centenario. Todo preanunciaba el comienzo de una era en la que, junto con la prosperidad económica y la serenidad del debate político, la ciencia argentina descollaría junto a la de los países más avanzados. Mas los acontecimientos posteriores fueron ingratos y la realidad tuvo el sabor de la ceniza. Desde 1923 detentaba la dirección del Museo el Prof. Martín Doello-Jurado, cuya administración, desde su comienzo, mantuvo un permanente conflicto con la planta científica. Esta áspera situación desembocó en la presentación de un memorial de 24 cargos ante el Ministro de Justicia, Dr. Ernesto Padilla, con fecha 27 de octubre de 1930. Vale la pena recordar que la producción científica realizada con materiales paleontológicos por Lucas Kraglievich entre 1928 y1931 (sin contar los que no les fue posible publicar en ninguna parte), puede resumirse así:

Anales del Museo Nacional: 2 trabajos

Sociedad Científica Argentina: 9 id.

Physis: 13 id.

Rev. del Museo de la Plata: 3 id.

Rev. de Arqueología de Montevideo: 3 id.

Semana Médica: 1 id.

Rev. del Centro Positivista: 1 id.

En total, 32 trabajos de los cuales solo 2 el Museo se dignó a publicar.

Esta, sumada a otras ofensivas situaciones motivó que el nombrado, junto a los estudiosos Carlos Rusconi, Lorenzo Parodi, Héctor Greslebín, Dr. Alfredo Castellanos, P.M. de la Croix, Alfredo Steullet y Enrique Deauthier, resolvieran presentar cargos ante la Justicia.

Lejos de instruirse un sumario para investigar la veracidad de las imputaciones, se instrumentó una campaña de desprestigio hacia Kraglievich, acusándolo de elemento disolvente y comunista, lo que motivó la renuncia colectiva de los nombrados. Algunos, para subsistir, tuvieron que desempeñarse como guardadores de fieras en el Jardín Zoológico; otros, cuando finalmente la Justicia acepto la legitimidad de los reclamos, fueron reincorporados en el escalafón de ordenanzas.

Kraglievich eligió el amargo camino del destierro. Es que deseaban para el sabio probo el destino de Narsés, el general de Bizancio, cegado y obligado a mendigar ante las murallas de Europa. Estos sucesos, fueron publicados en los Talleres Gráficos  Olivieri y Domínguez de la Ciudad de La Plata, por su hijo Nicolás Teófilo, en 1933, en un opúsculo sugestivamente titulado “Yo Acuso”.

No se trata aquí de practicar una cacería de pulgas ni ejercer un revisionismo de quiosco, pero si destacar cómo, lamentablemente, desde hace mucho que la Argentina por mezquinas razones políticas o personales se ha transformado en una suerte de Baal-Moloch que devora a sus mejores hijos. Lugones decía que en nuestro país el talento se desperdicia, nosotros creemos que se malogra.

Ya instalado en la ribera oriental, los últimos años de Kraglievich fueron prolíficos. Dio a conocer la existencia del terreno cretáceo en el Uruguay, la llamada “Arenisca del Palacio” que no era terciaria como supuso Darwin, y la presencia en la fauna extinta de un gran mamífero que llamó Uruguautherium Beaulieui y otro bautizado Megalonychops Fontanai. En el breve espacio de dos años realizó una labor que a otros le hubiera llevado décadas, publicó interesantísimos estudios tales como “Nueva subespecie pleistocena del Uruguay”, “Una gigantesca ave fósil del Uruguay” Y “Ciervos Fósiles del Uruguay”, aparecido el primero en la revista de la Sociedad “Amigos de la Arqueología” y los otros dos en los “Anales del Museo de Historia Natural”. Mérito suyo es también la de haber creado 21 familias y subfamilias de vertebrados y 74 géneros y subgéneros de mamíferos y aves, descubiertos y estudiados por él mientras elaboraba su imprescindible “Manual de Paleontología Rioplatense”. La muerte le cortó el tranco prematuramente el 13 de marzo de 1932, su obra póstuma “La antigüedad pliocena de las faunas de Monte Hermoso y Chapadmalal deducida de su comparación con las que le precedieron y sucedieron”, constituye un clásico de la disciplina. Fue en la otra orilla del Plata, que siempre anheló su talento, donde sus méritos fueron reconocidos. Respecto a quienes lo desmerecieron, nadie los recuerda. Diríamos, como Spencer, que “Mas vale merecer honores y no tenerlos, que tenerlos y no merecerlos”.

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Comentarios.

  1. Mirta Garciarena dice:

    En la rotonda frente al Museo de Ciencias Naturales de La Plata hay una serie de columnas con los bustos de notables científicos y naturalistas que dejaron su huella en el museo. Entre ellos está Lucas Kraglievich. Un homenaje merecido.

  2. cristina garcía oliver dice:

    Apasionante historia la de Lucas Kraglievich, y también ejemplar. Gracaia por esta nota.

  3. josé maría escudero dice:

    Como siempre la caza de brujas que discrimina por ideas sin encomiar las cualidades científicas o personales. Así estamos. Me vienen a la memoria versos de José Portogalo

    Nos vejan, nos explotan, nos reducen a cero,
    si agitamos un grito de protesta nos castran.
    Nos orinan la baba de un exiguo salario
    y nos cuadran en leyes como a burros de carga.
    Y hablan de La Piedad, de La Bondad, del Arte,
    sacerdotes, artistas, profesores, poetas,
    los que en nombre del pueblo se erigen en vigías,
    ¡esos hijos de puta con almuerzo y con cena!

  4. Eduardo Rosa dice:

    íSeguis mostrando tu mentalidad de tres pisos con claraboya para recibir inspiración divina.
    ¿No serás vos el “Pepesaurio descamisadus” que habita las orillas de los estaños, cuyo canto ininterrumpido muchos hemos oído?
    ¡Que tengas un feliz año!

  5. daniel schavelzon dice:

    No sólo Kraglievich fue al exilio, con el salió Rusconi hacia Mendoza, Greslebin a San Luis, Parodi… se perdió buena parte de la inteligencia nacional, tanto la ya formada como la joven. Historias repetidas de exilio y dictaduras. Kraglievich, si mal no recuerdo, murió del corazón al poco tiempo de irse, precisamente por eso; si se pudiera probar la tristeza, lo mataron así, sacándolo de su museo.
    Te felicito, es parte de la otra historia, la que no nos cuentan.
    Daniel

  6. Margarita Larocca dice:

    Sigan mandando artículos interesantes. ¡Felicidades!!

  7. Luis Maria Sánchez dice:

    Será un hueso, o una estatuilla del Quijote que aparece junto a Kragievich en la foto? Sin duda es el Quijote, uno de nuestros tantos Quijotes que son perseguidos y sucumben ente la Gran Mediocridad Institucionalizada.

  8. José Antonio Germ dice:

    Se me hace que por la misma época andaba Hudson a caballo en busca de naturaleza viva en vez de muerta. ¡Qué pasión por casi un mismo goce de curiosidad y asombro, solo que el inglés acariciaba el presente mientras el croata iba mucho más lejos en su pasión y tratando de despellejar el tiempo tan ardido por el sol, rasguñaba otro presente tan delicada y minuciosamente como intentando desprender capa por capa precisamente ese presente que es nada más y nada menos que costra del pasado, costra de una herida ya cicatrizada en la mirada indiferente, y que en la visión de Kragliavic habría de tener una mirada diferente: la de una llaga que así cubierta y así descubierta clama y clama por ser tratada en vez de maltratada, y, así reconocida, descansar en paz una vez catalogada. Tarea de aquel croata que ¡oh! asombro de los asombros! una vez despegada, le encontraba tan limpito su pasado tan presente. El inglés y el croata, ambos tan estudiosos como para dictar cátedra, mas no en un mismo claustro, ya que el de Hudson era tan a cielo abierto que casi podría asegurarse que sufría de claustrofobia, mientras Kragliacich gozaba de ese intenso amor de museo y gabinete que es la claustrofilia.Si algo les unía era precisamente el necesario estudio de campo, tan a pie del craota y tan a casco del inglés, así que mientras el primero besaba de rodillas tierra tan prometedora, el otro besaba al cielo por tanto trino tan alado. El uno vivenciaba la vida, el otro revivenciaba la muerte hasta intentar, con comparada anatomía y anatomía comparada, dibujarle el rostro que pudo tener en vida. Imaginación y fantasía suficiente para si hubiera querido, esbozar un Jurasic Park en posición de ¡alto la acción! esperando que algún émulo de Walt Disney, revistándola velozmente, le diera ese aparente movimiento de los dibujos animados y que, sin necesidad de acción, tienen los museos de ciencias naturales cuando colocan a sus animales en esa posición de ataque y fiereza predadora a unos y de mansos gansos a otros, como aquellos que han quedado como muestra de lo que fue en mi Mendoza, el museo Cornelio Moyano, cuando por razones que merecerían ser investigadas, fue trasladado desde la Plaza Independencia a su nueva ubicación. Y ya poco hay y nada fue como era entonces. Al parecer una de tres , o quedó un jíbaro vivo dando vuelta con una técnica de reducción mucho mejor que la de sus ancestros, capaz de reducir a esa mínima expresión que es la nada, varias prendas y varias piezas muy valiosas como precisamente la de las cabezas jíbaramente reducidas que brillaban por su ausencia cuando una vez fuí, o permanecen aún embaladas a la espera de ser ubicadas, o fueron cedidas a otros museos en una especie de cesión gratuita o de intercambio. ¡Vaya uno a saber el que quiera saber!

  9. laura G Podetti dice:

    Excelente, documentado, ameno, como nos tiene acostumbrados Muñoz Aspiri. La Argentina, es una tierra riquísima para la paleontología, frecuentemente se hacen descubrimientos y nuestros jovenes investigadores auguran muchos hallazgos en un terreno todavia casi virgen. Recordemos que en Arqueología de alta montaña una mujer joven y tenaz colaboro fundamnetalmente en el descubrimiento de las momias mejor conservadas del mundo.
    Si muchos pensaramos en estas ciencias y científicos que indagan el pasado del suelo con pocos elementos y enorme tenacidad, cuyo arquetipo es el gran Ameghino, dariamos un poco de aliento a estas empresas De USA mandaron a conocidos hombres de ciencia para destruir a Ameghino, no lo lograron.
    Agradezco a Muñoz Aspiri estos datos y la excelente redacción. Nada es blanco o negro, hoy día han regresado muchos estudosos e importantes empresas científicas trabajan arduamente y en silencio por nuestra cencia, nuestro patrimonio.
    Feliz Año. Laura Podetti

  10. Graciela dice:

    Excelente tu trabajo e iluminador para los que desconocemos los vericuetos de la paleontología. Te felicito, como siempre muy buenos y completos tus análisis.
    Feliz Año Nuevo.-
    Un beso
    GHA

  11. Mario Crocco dice:

    Hermosa recordación de uno de los investigadores que enriquecieron mi infancia, querido Pepe. Fuí y sigo siendo uno de los admiradores póstumos de la vida y obra de Kraglievich, tan afín por ese entonces al de la tradición científica argentina en que me inserto. Tenía yo todos, todos sus trabajos (y los del inolvidable don Florentino, ¡claro!) cuando juntaba bichos vivos y lejanos restos en Santos Lugares, a sol y a sombra, a los bordes del riacho del Escuerzo -cruce de zanjón y arroyo- que hiende aún el hoy modesto boscaje paralelo a las vías del FC San Martín -vivo pese a hallarse estrechado entre Sáenz Peña y Caseros- o trepando sus eucaliptos (¡aún me duelen las caídas!), en los anglicizados cuarteles de Rosas, o en los pajonales de la estación (vieja) de Lourdes… tratando siempre de corroborar hallazgos ajenos y sacarme las curiosidades propias que retoñaban a diario.

    No me esperaba esto, Pepe: un recuerdo de Kraglievich, hoy. Y en tu pluma, florida cuan precisa. Touché.

    Aturullado bajo compromisos y obligaciones, los más incientíficos, a veces mi empuje reconoce altibajos, bien lo veo. Pero estoy tan tocado por tu recuerdo de Kraglievich, que aquí me comprometo, máh o ménoj publicamente: trataré de publicar una buena historia del positivismo científico argentino, hoy activo y rico y vivo, con sus evoluciones conceptuales internas y su gigante promesa de futuro. Y si lo logro, el conato lo habré juntado leyendo tu nota, que tanto me llega. Gracias, Pepe. Habent sua fata libelli.

  12. Bélgica Janet Del Hierro dice:

    He tenido la grata sorpresa de encontrar esta página, pues yo tuve la oportunidad de conocer a su hijo Jorge Lucas Kraglievich Kraal, un geólogo que llegó a mi país Ecuador, en el año 1967 contratado por la Escuela Politécnica del Litoral como maestro de Geología, nunca imaginé cuán importante fue su padre.. si alguien sabe qué pasó con él, agradeceré me escriba. Fui su novia durante 4 años, por muchas razones nos separamos, tengo excelentes recuerdos de él, recuerdo que su infancia transcurrió en una casona en Bs. As, en Virrey del Pino 1967, qué pasó con esa casa? Escribame alguien contandome que sucedió. Yo soy de Guayaquil, Ecuador. Gracias por su tiempo, Bélgica

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