N° 695 - Nunca es posible regresar a nada

- | 9 de Marzo de 2011 ≈ 13:48 | tamaño de texto | versión para imprimir

Este cuento refleja, como ningún otro del autor, la certeza de que el pasado no permanece en su lugar, nunca se mantiene estático. Sólo puede revivirse en la memoria, y la memoria es un mecanismo que nos permite tanto olvidar como recordar, redescubrir, inventar. O también intentar llegar a un sitio que ya no nos corresponde.

Por Héctor Tizón* / Abogado, periodista y escritor argentino

La última de sus visitas había ocurrido quizá cuatro años atrás. Aunque para alguien como él, que había pasado largos años encerrado, el tiempo era distinto -pesado, lento, denso y distinto-, aun así recién ahora -que en verdad lo pensaba- sentía que había transcurrido, desde entonces, mucho más que la mera suma de meses y de años. En aquel momento le había vuelto a decir -lo quiso decir por última vez- que no volviera más; que nada valía la pena, que él ya era otro y que ella también era y sería distinta a medida que el tiempo pasaba.

Estaban esa mañana de un domingo sentados frente a frente, aunque separados por la tela metálica y la discretamente alerta mirada de los guardianes. Las pocas palabras que ambos se dijeron fueron en voz baja, en un tono que pretendía ser objetivo y neutral, pero cohibido por un sentimiento que tal vez simulaba o disfrazaba de indiferencia y quedaba en algo semejante al vacío. En esa última visita había otras gentes, no lejos, en la misma situación, que también hablaban con voz aplacada, aunque de vez en cuando reían. Hacía calor, lo recordaba porque volvía a escuchar el seco, amortiguado, suave golpe de las aspas de los grandes ventiladores que pendían del techo de aquella sala de recibo en el penal. Luego sonó un timbre y él se levantó. “Es el primero”, dijo ella. Y él dijo que sí, que era el primero -faltaban dos más-, pero que era mejor así y que era inútil esperar los otros dos. Ya estaba de pie cuando lo dijo. Ahora recordaba la clara mirada de sus ojos, velados por la desdicha.

Ella después escribió tres o cuatro cartas, que le entregaron abiertas, como siempre, y que sin leerlas rompió y echó a la basura.

Después, empleando varios sistemas impuestos por la voluntad y la disciplina, la expulsó de sus recuerdos. Y, cuando al cabo de un largo y esforzado tiempo, cuando ya estaba seguro de no tener nada ni a nadie, tuvo un sueño, y en el sueño la volvió a ver, casi simultáneamente le notificaron que había sido indultado por el gobernador. En el sueño estaba ella como la había conocido, su imagen, la mirada de sus ojos, su indumentaria y su voz que le hablaba sin que sus labios se movieran, como ocurre en los sueños; y ya no pudo apartarla de sí durante los días y las noches, hasta que el pesado portal del cautiverio se abrió y él estuvo luego de todos aquellos años en la calle. Era la víspera de Navidad.

A bordo del ómnibus que lo llevaba al centro de la ciudad, iba redescubriendo el paisaje, que era el de siempre; los edificios, algunos iguales a sí mismos y los automóviles tan distintos, veloces y asombrosamente numerosos en comparación con los que hacía mucho tiempo había dejado de ver. El sol se ponía. Nadie puede atrapar la temblorosa belleza de un atardecer, pensó. Por la radio se escuchaban villancicos una y otra vez.

Era ya de noche cuando cobró el valor necesario y comenzó a caminar hacia la casa, en cuyo frente un arbolito lucía adornos de luces encendidas; aquella misma casa adonde, casi al mismo tiempo llegaba otro, que no era él, y con quien ella, que seguramente ya esperaba en la puerta, estuvo largo momento abrazada, como si extrañamente hubiese presentido alguna sombra ajena.
Después, definitivamente, los arbustos de enfrente lo ocultaron.

* Héctor Tizón nació el 21 de octubre de 1929 en Yala en la provincia de Jujuy. Abogado, periodista, diplomático, exiliado y regresado. Juez de la Corte Suprema de su lugar natal, ha viajado largamente por el mundo: como diplomático de 1958 a 1962, como exiliado de 1976 a 1982. Su primer libro fue publicado en México en 1960, A un costado de los rieles. Entre sus obras figuran: Fuego en Casabindo (1969); El jactancioso y la bella (1972); Sota de bastos, caballo de espadas (1975); La casa y el viento (1984); El gallo blanco (1992), Luz de las crueles provincias (1995); La mujer de Strasser (1997); Extraño y pálido fulgor (1999). Perteneció al grupo Tarja junto a Néstor Groppa, Miguel Ángel Pereira  y Andrés Fidalgo.

[Publicado por El arca digital]

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Comentarios.

  1. Paulina Movsichoff dice:

    Qué se puede sentir ante un relato de Tizón sino admiración por el gran narrador que es. Bello cuento que nos enseña que, como dijo algún poeta, creo que Tomás Segovia, “las horas llegan siempre tarde”

  2. excelente cuento , lo leere por radio en mi programa en el espacio “contame una historia . dice:

    excelente historia.
    muy bien escrita y redactada. una sintesis perfecta de una historia sin tiempo.
    felicitaciones
    osvaldo di dio
    mar del plata

  3. María Verónica Passeron dice:

    Hola amigos de Agenda de Refleción
    Es la primera vez que mando mi comentario. Quizás porque esta historia supo llegar al fondo de mi sensibilidad.
    Es tan cierto su título NUNCA ES POSIBLE REGRESAR A NADA.
    No hay mejor tiempo que el ahora. Me doy cuenta que HOY es el futuro del cual estaba tan temerosa ayer.
    Aceptar el HOY me da ganancia, los momentos del HOY valen años y yo los estoy viviendo, guardando de ellos los mejores recuerdos.
    Cada paso que doy hacia adelante, es una mirada hacia atrás buscando quizá algo que NUNCA ES POSIBLE QUE REGRESE.
    Gracias por la nota. Me encanto, Los saludo cordialmente y les agradezco es permitirme ser parte de su suscripción. hasta siempre Maria Veronica

  4. josé Antonio Germ dice:

    Nunca es posible regresar a nada……… pero siempre es posible regresar a algo. Así la primer sentencia se invalída cuando aquella nada resulta ser nadie y entonces ese algo resulta ser alguien. Quién no sabe que el recuerdo suele llegar al presente de la mano del amor, y que a pesar de existir la pena, sabe hacerlo con inmensa alegría, pues viene abrazado a esa su incondicional y eterna amante….. la nostalgia. Es cuando el recuerdo llega de la mano de ese dolor que, puede ser la indiferencia pero sobre todo es el rencor, y quien lo trae ya no es la nostalgia, sino….. la memoria, esa divorciada del olvido, capaz de complicarle a éste su necesidad de inexistencia, como de hacerle la muerte tan imposible como para evitar que tranquilo se recueste sobre la tumba….. Así venga el pensamiento, con y sin sentimiento, sea por un soplo de añoranza, sea por un soplido de recuerdo o un resoplido si es fastidio, siempre, siempre, habrá…….. un Tizón encendido.-

  5. Carlos Jorge Gallo dice:

    El trabajo de Héctor Tizón es impecable. El pasado es como una sombra y persigue al hombre con insistencia. Las pérdidas de los seres queridos a veces nos llevan al agobio. Cuando uno a amado largamente, casi de la infancia, la felicidad nos parece que no tiene fin, pero en algún momento ocurre lo inesperado, parece que un rayo nos partiera en medio de la inmensa soledad. Ese vacío incubrible nos lleva a mirár atrás. Olvidamos los que nos puede deparar la vida y lo que nos rodea. Los hombres modernos pensaban solamente en el presente y los postmodernos miran solamente el futuro. Me quedo con Jano, con sus dos rostros, el que mira para atrás y el que mira para adelante. La vida es bella y debemos saber reconocer el peligro que corremos si nos aventuramos a volver hacia atrás. La memoria a veces es traicionera. Gracias Alejandro por todo lo que aportas a la reflexión de quiénes te siguen.

  6. jorge roldan dice:

    Dicho popularmente< no hay peor nostalgia que volver a lo que ya exitió que, por lo tanto no lo volverás a encontrar

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