N° 697 - La Liga Patriótica

- | 15 de Marzo de 2011 ≈ 11:45 | tamaño de texto | versión para imprimir

Por Cecilia González Espul, profesora de historia de la UBA

El triunfo de Hipólito Yrigoyen en 1916 significó un cambio de actitud frente al movimiento obrero. La política laboral del régimen oligárquico había pasado de la indiferencia en la década del 90, a la persecución y aislamiento de los trabajadores en los años siguientes. El gobierno de Yrigoyen por primera vez recibe delegaciones obreras, y se convierte en árbitro en las disputas entre el capital y el trabajo. Intervino en la huelga de los marítimos de 1916, y de los ferroviarios de 1917, defendiendo a los obreros frente a empresas poderosas como las británicas.

La FORA del IX Congreso pasó de tener 3.000 afiliados en 1915 a 70.000 en 1920, y aceptó el arbitraje y la mediación oficial en los conflictos laborales, actitud considerada por los anarquistas contraria a la política de acción directa, y de traición a la clase obrera.

Hubo un cambio en la composición de la clase obrera. Antes de la Primera Guerra Mundial, el predominio lo tenían los anarquistas. Los afiliados a la FORA, eran en su mayoría de origen español e italiano, y pertenecían a sindicatos de oficios, zapateros, carpinteros, panaderos, albañiles, con estrecho contacto personal con los patrones, ubicados en Buenos Aires y Rosario. En cambio, durante la Primera Guerra Mundial y la década del 20, el movimiento obrero estuvo bajo la dirección sindicalista y socialista, en el que predominaban los trabajadores del transporte, hijos de inmigrantes, con escaso contacto personal con los patrones, ubicados en todo el país.

También surgió un grupo de trabajadores de cuello duro y empleados públicos: bancarios, periodistas, maestros, empleados de comercio, del telégrafo, del correo, que tuvieron una actitud diferente, no eran revolucionarios ni tenían una actitud clasista, no buscaban destruir el sistema capitalista sino reformarlo.

Como es sabido, el acceso al poder de Yrigoyen significó la participación en la política de la clase media, la incorporación de los hijos de inmigrantes a la vida ciudadana, pero no solo de ellos sino también de los grupos nativos de tradición federal, relegados o perseguidos después de la caída de Rosas.

Todos estos hechos, el cambio de actitud del gobierno de Yrigoyen y el cambio en la composición de la clase obrera, llevaron, según Baily, a las primeras manifestaciones de un nacionalismo obrero. (1)

Los inmigrantes representaban, en 1914, el 30% de la población. Argentina había recibido más inmigrantes que cualquier otro país del mundo. Su identidad como nación estaba en peligro. Por eso la intelectualidad de esa época , a diferencia de la europeizante generación del 80, va a poner el acento en la defensa de la tradición nacional, de lo criollo. Ernesto Quesada con “En torno al criollismo” (1912), Leopoldo Lugones con “El Payador”(1916), Ricardo Rojas con “Lo gauchesco” (1917) son un claro ejemplo. (2)

Los socialistas Alfredo Palacios y Manuel Ugarte infundieron ideas nacionalistas en su Partido, destacando la importancia del argentino nativo, del criollo ligado a la tradición hispánica, en la formación de la nación argentina, que los distanciaba de Juan B. Justo. Más acentuado en Ugarte porque su postura lo llevó a defender la protección de la industria nacional por parte del Estado, y no el libre comercio como Justo y Palacios. Para Ugarte, además, la única forma de enfrentar el imperialismo norteamericano que se constituía en una amenaza para la independencia cultural, política y económica era la unidad hispanoamericana. La Patria grande, Mi campaña hispanoamericana, El destino de un continente, obras entre 1910 y 1917 hablan de ello.

Tanto Ugarte como Palacios fueron expulsados del Partido Socialista, uno en 1913, y el otro en 1915. Según Baily fueron expulsados por su defensa del nacionalismo criollo. (3)

Esta defensa de lo nacional también se verá reflejada en el sector obrero, que se había caracterizado por su acendrado internacionalismo, propio de las ideas anarquistas y socialistas. Ello ocurre con la denuncia de las iniquidades cometidas por el capitalismo extranjero.

Tanto Justo como los sindicalistas defendían al gran capital, el primero porque lo consideraba una manera de que progresara la nación, y el segundo como una manera de lograr una gran concentración de obreros en las fábricas, porque creaban las condiciones para la revolución social. Sin embargo con el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, después de la guerra, y con el cambio de política más proclive al interés del capital extranjero del gobierno de Alvear, se acentúa en los trabajadores una postura antiimperialista.

Otra expresión del nacionalismo vernáculo que veía como un peligro para la nacionalidad el impresionante flujo de inmigrantes extranjeros portadores de ideas revolucionarias, alentadas por los sucesos en Rusia, que iban contra el orden establecido, en su mayoría obreros concentrados en las grandes urbes fue la creación de la Liga Patriótica Argentina dirigida por Manuel Carlés que tuvo gran protagonismo en la Semana Trágica, como así también la Asociación Nacional del Trabajo (ajeno) como le agregaban los sindicalistas, de Joaquín de Anchorena. Ellos constituían grupos de choque al servicio de los patrones, a los que les proveían de rompehuelgas.

Así Bandera Proletaria, el órgano de propaganda de la Unión Sindical Argentina creada en 1922, va a denunciar el accionar de estas dos organizaciones, a las que vincula a los intereses extranjeros. Por eso no tienen nada de patriotas.

Encontramos estas significativas frases en Bandera Proletaria, en 1928, en las postrimerías del gobierno de Alvear:

“Posadas es el centro de las actividades de los negreros, donde la policía y la justicia está al servicio de las grandes compañías extranjeras, que la confabulación policíaco-patronal pretende hundir en la cárcel al delegado de la USA.” (4)

Otro artículo en el mismo número, titulado “El gobierno, el capitalismo y la Liga están al margen de las leyes”, dice lo siguiente:

“Las autoridades sirven los intereses de la clase capitalista sin importarles si están con la ley, al margen de ella o en contra. Los capitalistas violan, desacatan y se levantan en contra de las pocas leyes que, en parte, legalizan aspiraciones obreras. Las autoridades toleran esta situación (…) permiten que empleados de investigaciones sea, a la vez, instrumentos patronales y servidores de una camarilla de chantajistas (…)

Para completar el triángulo, la Liga Patriótica, creada para defender la familia, la patria y la religión, también se levanta contra la ley, para cumplir su misión de combatir a los trabajadores.

En General Pico (La Pampa) la Unión Obrera Local ha declarado el boicot a una fideería para imponerle el cumplimiento de la ley que reglamenta el trabajo de menores, y quienes se cuadran frente a los trabajadores y se colocan fuera de la ley, llegan al asesinato, son los componentes de la Liga Patriótica Argentina, que siguen instrucciones del agitador profesional Carlés, cuyas actividades subversivas cuentan con el apoyo de los grandes diarios.”

Más adelante con el título de “¡Asesinos!” expresa:

“Carlés, el jefe supremo de las bandas de facinerosos al servicio del capitalismo extranjero, agrega un nuevo mérito a su labor de agitador profesional. Contribuyó a someter a los indios y nativos del norte a la voluntad omnímoda de las empresas inglesas que crearon un nuevo Estado, desterrando el dinero y banderas nacionales y prohibiendo la libertad de comercio, asociación, reunión, etc.

Conjuntamente con el contraalmirante Hermelo y el patriotero Anchorena luchó para que triunfaran los tiburones de nuestros ríos y quebrantaran la potencialidad de los sindicatos marítimos; organizó matanzas de obreros indefensos en distintos puntos del país; predicó desde los atrios de las iglesias y bien custodiado aconsejó el exterminio de los obreros que sabían defender sus intereses y ahora -sujetos a su servicio- han asesinado a dos obreros en General Pico, los que luchaban para que un industrial cumpliera una ley nacional.

Los obreros deben tener en cuenta este nuevo crimen, y no olvidar que la Liga patriótica es en realidad un refugio de asesinos.” (5)

Así tenemos dos posturas, un nacionalismo elitista, aristocrático, que desprecia al obrero, y que con la excusa de defender la patria, sus valores y tradiciones, termina finalmente defendiendo intereses foráneos. Y por otro lado, a los obreros organizados, muchos ya argentinos descendientes de inmigrantes, que antes realizaban sus manifestaciones al canto de La Marsellesa, La Internacional, o gritando ¡Viva Garibaldi!, y enarbolando banderas rojas, que denuncian a las empresas británicas, como La Forestal, donde no rige ni el dinero ni la bandera nacionales. Vemos así como comienza a desarrollarse en el movimiento obrero una postura nacionalista, diferente de la anterior, que preparó el camino para la llegada de Perón en el 43.

Otro artículo en el número siguiente de Bandera Proletaria viene a confirmar lo dicho. Lo firma un “Correntino”, y se titula “La Liga Patriótica es una institución Perturbadora”.

Repudio a las actuaciones de la Liga Patriótica Argentina compuesta por el hampa de la sociedad y creada para servir a los intereses de las empresas extranjeras en perjuicio de los trabajadores que nativos o extranjeros, contribuyen al progreso y al engrandecimiento del país, al que entregan todos los esfuerzos de productores. (….)

Si el capitalismo extranjero la fomenta y sostiene porque ella contribuye a que se esquilme al productor argentino y puedan enviar más altos dividendos a Londres, París y Nueva York, si las autoridades la toleran y la amparan, a pesar de que suplanta de hecho a varias instituciones públicas, convirtiéndose en policía, ejército y justicia, que ejecuta sin juicio previo, si hay argentinos que enlodan apellidos heredados de varones que lucharon por la emancipación del país del yugo extranjero, poniéndose al servicio de los capitalistas que nuestros gauchos corrieron con cañas tacuaras; corresponde a los trabajadores fortalecer sus organizaciones sindicales, defenderse con las mismas armas de los ataques de los matones de Carlés, imponer a las autoridades que sean prescindentes en las luchas de los trabajadores por su mejoramiento y demostrar a esos inútiles “fifís” que han empañado la nacionalidad y la nombradía de sus mayores para obtener grandes sueldos que le permiten arrastrar sus vidas miserables en los cabarets, que no se hace patria contribuyendo a esclavizar a los trabajadores en beneficio de grupos de capitalistas extranjeros, no se trabaja por el progreso cooperando a que la clase más útil de la sociedad esté sometida a condiciones miserables de trabajo, alimentándose deficientemente y habitando en covachas miserables; que no se prepara una nación grande y poderosa entregando todas sus riquezas naturales a los que, habiendo fracasado en su intento de tomar por la fuerza de las armas a “una nueva y gloriosa nación”, han optado por la penetración pacífica, comprando con su oro a muchos argentinos de la talla de Carlés, Anchorena, Mitre, etc.

La Liga de patriótica no tiene más que el nombre, y podemos afirmar sin temor de ser desmentidos, que hicieron más los obreros por el bien entendido patriotismo tendiendo al progreso constante de la clase, valorizando la mano de obra, limitando la esclavitud en todo el país y especialmente en el norte, imponiendo en aquella región el uso de la moneda nacional y la libertad de comercio, contribuyendo a instruir, organizar a los indios y nativos, y abriendo un local obrero y una biblioteca donde los capitalistas tenían una cantina y un lupanar.

La Liga, es antiobrera, antipatriota y sediciosa, y si las instituciones la toleran, los obreros deben mirarla como a uno de sus más peligrosos enemigos.” (Correntino) (6)

Sostiene el historiador japonés Matsushita: La adhesión obrera al peronismo estaba claramente ligada al desarrollo de una conciencia nacional previa en las organizaciones obreras (7). La lectura de los periódicos obreros anteriormente citados viene a confirmarlo.

Notas:

(1) Baily, Samuel: “Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina”, Buenos Aires, Paidos, 1984. Cap. 2, págs.39 a 46.

(2) Buela, Alberto: “La taba y otros asuntos criollos”, Bs.As, Ed Teoría, 2000.

(3) Ibdem: pág. 56

(4) Bandera Proletaria: Año VII, nº 351, sábado 18 de febrero de 1928.

(5) Bandera Proletaria: Año VII, Nº 351, sábado 18 de febrero de 1928, pág,1

(6) Bandera Proletaria: Año VII; Nº 352, Buenos aires, sábado 25 de febrero de 1928.

(7) Cfr.:Matsushita, Hiroschi: Movimiento obrero argentino 1930/1945. Bs.As., Siglo XX, 1983.

Cecilia González Espul
[Publicado en Rebanadas de Realidad]

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Comentarios.

  1. diego corlatti dice:

    esto de la liga patriotica dan ganas de vomitar,son agentes del imperialismo disfrazados de fal-
    sos naciolistas.excelente el articulo

  2. Horacio Francisco Quevedo dice:

    Excelente el trabajo de la prof Cecilia Gonzalez Espul! es sobrio y meduloso, de rigor histórico. En fin…un trabajo de jerarquía histórico e intelectual. Repasando estos lacerantes, como cautivantes temas de la historia argentina, deberíamos hacer justicia con un nombre que está quedando en el olvido; es el de Rogelio Lamazón un argentino bien nacido, del norte santafecino (Villa Guillermina) que era periodista y abogado, un gran dirigente radical de la zona, que en plena decada infame supo defender con dignidad a los obreros y hacheros que eran explotados por la “Forestal Argentina” un consorcio empresarial britanico que explotaba el QUEBRACHO COLORADO llevado casi a la extinción. La mezcla “non sancta” de gobierno, policía y empresa trataron de comprarlo primero, pero como era un alma noble e incorruptible, obtuvieron de él un sonoro rechazo, terminaron por asesinarlo un día domingo cuando cientos de hacheros llegaban de los obrajes a poner el voto por este genuino representante que aspiraba a una banca en la legislatura santafecina, y que no medía el peligro que lo acechaba. Hoy parece que el nombre mártir de ROGELIO LAMAZON el de la defensa de los recursos naturales del país, de la dignidad de los mas pobres y necesitados que hizo de su profesion de abogado laboralista un apostolado en defensa de los miserables hacheros explotados con vileza, que editaba un pequeño diario del lugar en el que denunciaba las tropelías de la “Forestal Argentina” ya no es recordado. No olvidemos que este canallesco homicidio dejó una mujer y dos pequeños hijos en la intemperie material, aunque no moral, y a los hacheros que laboraban en la empresa en el mas inaudito y despreciable servilismo.-

  3. jorge mendoza dice:

    Esta bueno el artìculo. Un buen resumen de lo que pasò y sigue pasando, nada mas que a mi criterio ahora a la liga patriòtica la representa el Bipartidismo.
    Claro que mejor alimentada porque utiliza al sindicalismo , a los bancos, a las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y quizàs universitarias para defender sus fines.
    No es tan fàcil solucionar el problema y no creo que se solucione creando un nacionalòmetro.
    Pero si puedo dejarle a los sesudos pensadores de distintas tendencias que la Constituciòn Argentina, de 1994, en ningùn lado dice que el Pueblo gobierna a travès de sus representantes sino que dice al revès en su art. 22 “El pueblo No gobierna, Ni delibera, sino a travès de sus representantes …” lo que significa que quedamos a la merced de arbitrarias interpretaciones partidarias, personales etc y lo que ello significa.
    Mientras tanto, las sutilezas de nuestra Constituciòn y los que “manejan la misilera del interès compuesto” se divierten con las peleas de supervivencia de los “nobilitas”.
    Cordialmente

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