N° 880 - Sobre la educación en un mundo líquido

- | 11 de Marzo de 2013 ≈ 15:55 | tamaño de texto | versión para imprimir

De Zygmunt Bauman [Traducción de Dolores Payás. Paidós. Barcelona, 2013. 151 pp.]

Por Bernabé SARABIA

Para EL CULTURAL de El Mundo | Madrid

Nacido en Poznan (Polonia) en 1925, Zygmunt Bauman tuvo que huir con su familia a la Unión Soviética cuando Polonia fue invadida en 1939 por los nazis. Participó en la Segunda Guerra Mundial como artillero y tomó parte en la batalla de Berlín en 1945. En 1954 comenzó su carrera académica en la Universidad de Varsovia. Purgado y desposeído de su nacionalidad en 1968, abandona Polonia. Tras enseñar en la Universidad de Tel Aviv en 1971 obtuvo una cátedra en Leeds. Desde entonces abandona el polaco y adopta el inglés como lengua escrita.

Sobre la educación en un mundo líquido es el segundo libro de conversaciones publicado por Bauman. El primero fue un brillante y profundo diálogo con Keith Tester, catedrático de Teoría Social en la Universidad de Portsmouth (Polity Press, 2001). En esta ocasión es Ricardo Mazzeo, también dedicado a la docencia, la contraparte de esta serie de veinte entrevistas. Dichas conversaciones comenzaron con ocasión de la invitación recibida por Bauman para inaugurar un congreso celebrado en Rímini en 2009 bajo el título La calidad inclusiva de la escuela y finalizaron durante las conferencias que pronunció en Módena en septiembre de 2011.

El marco temporal que circunscribe este conjunto de textos está marcado por el estallido de la burbuja económica y sus consecuencias. Miles y miles de jóvenes compartían, antes de la debacle, la creencia de que en lo alto de la pirámide social existía un hueco para ellos. Se creía que bastaba un título universitario para entrar en un sistema que prometía la felicidad a través del consumo.

Desde los años 50 las expectativas sociales iban siempre al alza. En los tiempos malos que abuelos o padres debieron atravesar existían dificultades, pero a pesar de todo siempre se veía la luz al final del túnel. Para la generación de jóvenes que desde 2008 debe enfrentarse a la crisis, la luz está envuelta en tinieblas, no se vislumbra con claridad la salida. Educados en la idea de que podrían superar a sus padres por muy lejos que éstos hubieran llegado, la realidad les ha caído encima y deben enfrentarse a un mundo duro e inhóspito. Por otro lado, no han sido preparados para una economía de trabajos volátiles en el que el desempleo sobrevuela sus vidas.

Los últimos treinta años registran una expansión gigantesca de la educación superior, un imparable crecimiento en el número de estudiantes y profesores. El título universitario era una promesa de trabajos atractivos. Sin embargo, la crisis y los recortes en los presupuesto educativos coinciden con un aumento tremendo de las matrículas universitarias, especialmente notorio en los estudios de postgrado. La promoción social a través de la educación, en opinión de Bauman, se ha quebrado. Los graduados tienen empleos muy por debajo de las expectativas generadas por sus títulos o, incluso, no tienen trabajo y continúan viviendo a la sombra de sus familias. Los afortunados que consiguen trabajar se ven envueltos en relaciones tensas o conflictivas con los jefes, los compañeros de trabajo o los clientes.

En este penoso horizonte las nuevas tecnologías desempeñan un papel lleno de ambivalencia. Los ordenadores, las tabletas o los teléfonos inteligentes se introducen en casa, en los fines de semana o en las minivacaciones. Informan y nos conectan con los amigos o los seres queridos pero a la vez impiden la separación de la oficina, del trabajo o del jefe. Apenas queda excusa para no trabajar en sábado o domingo si hace falta completar un informe inacabado o el proyecto que debe entregarse el lunes. Con todo, el problema de fondo de la “crisis de la educación” no es instrumental. No se trata sólo de si la Universidad prepara mejor o peor para el futuro laboral de sus estudiantes. El desafío central para Bauman reside en que la esencia de la idea de educación, tal como estaba concebida a lo largo de la modernidad, se ha venido abajo. Se han puesto en tela de juicio los elementos constitutivos de la pedagogía tradicional.

La naturaleza cambiante y sujeta a mutaciones imprevisibles, de la sociedad actual descoloca los viejos principios del aprendizaje. Principios que fueron concebidos para un mundo perdurable en el que la memoria era un activo positivo. Ya en el siglo XXI la memoria es vista como algo inútil, potencialmente incapacitante o, incluso, engañosa. El “mundo líquido” que presenta Bauman se caracteriza por su volatilidad, por el cambio instantáneo. En un mundo desregularizado e imprevisible los objetivos de la educación ortodoxa tienen un encaje lleno de dificultades. Los hábitos consagrados, las costumbres arraigadas, los marcos cognitivos sólidos o el elogio de valores estables, se convierten en impedimentos. El mercado del conocimiento ya no pide lealtad a largo plazo, vínculos duraderos o compromisos irrompibles. En el mercado abierto y desregulado puede ocurrir cualquier cosa y el éxito puede ser una derivada que nada tenga que ver con el esfuerzo educativo y que quizá no vuelva a repetirse. Grandes estrellas del firmamento mediático como Steve Jobs, Jack Dorsey, el inventor de Twitter, o Damien Hirst, ídolo del BritArt, han pasado por la experiencia del abandono escolar.

En la sociedad de la información, el conocimiento se presenta en forma de cascada de datos e informaciones que con demasiada frecuencia son fragmentarios e inconexos. Cuando la cantidad de información tiende a aumentar y se distribuye a una velocidad cada vez mayor, la creación de secuencias narrativas se vuelve, como afirma Bauman, cada vez más difícil. La “cultura líquida moderna” ya no es una cultura de aprendizaje, es, sobre todo, una “cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”.

Sobre la educación en un mundo líquido es un brillante texto que encaja en lo que a lo largo de la última década Bauman ha definido como el tránsito a la postmodernidad, un tiempo en el que las personas han dejado de creer en las grandes promesas hechas por las modernas ideologías. Vivimos una “modernidad líquida”, entendida ésta como una “sociedad de consumidores individualizada y sin regulaciones”. Una sociedad en la que, pese a los muchos motivos de preocupación, no cabe caer para Bauman en la desesperación. Como en toda conversación el diálogo abandona y vuelve al hilo conductor. De ahí que el turno de palabras entre Bauman y Mazzeo se deslice hacia hechos que por su relevancia marcan el tiempo de la actualidad. La Primavera árabe o los movimientos que han florecido espontáneos al calor del descontento social y de Internet estos últimos años son pespuntes que dan color e interés a un texto que el lector quisiera con más páginas.

[Texto gentileza de Ramón Vázquez]

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Comentarios.

  1. josé antonio germ dice:

    Sobre la educación en un mundo líquido……debería esperar una opinión de un educador y otra de un educando, para saber lo que les significa e implica a ambos este nueva perspectiva o enfoque de nuestro mundo al que, anímicamente, dadas las circunstancias que atravesamos y que le hacemos atravesar, podrá, a partir de la aceptada más que aceptable visión de Bauman, considerárselo líquido, mas, no considero que esa sea la palabra adecuada porque por empezar el alma de la humanidad de esta fracción del globo así inmerso, sumergido o totalmente mojado en semejante problemática, no tiene nada de chirle, a menos que consideremos chirle el estado pastoso que toma la solidez del mundo cuando por culpa de tanta humedad comienza a enlodarse la cuestión, lo que, a mi entender, no es un estado líquido sino un estado que… ¿qué tal si en vez de blandura o blando, dado ya el estado alcanzado por la licuefacción de un mundo líquido y en deuda que aún no entra en liquidación de deuda, le llamamos blandengue? aún a riesgo de confundirle con aquella enfermedad transmitida por ese mosquito o de aquel cuerpo histórico de militares. Digo, ya que por empezar, es término más adecuado para describir lo que Bauman describe, y encima rima con merengue y merequetengue, que, por lo que entiendo, por allí y por allá va y viene el quid de la cuestión. ¡qué joda! ¿no? Y es que si ahora le pudiésemos preguntar a Guglielmo Ferraro que, si en vez de preguntarle otra vez por las causas que desencadenaron la primera guerra mundial, le preguntásemos a qué se debe las causas que precipitaron este mundo para volverlo así de líquido, contestaría que la culpa ahora no solo es del tango como dijo, sino también del fango. Aunque en esto del culpar meando sobre la culpa en vez de mea culpa, pudiéramos incluir al fandango, al blue y al jazz, al charleston que no solo bailó Charles Heston, a la cumbia y al twist, al rock and roll y capaz que conteste que también la culpa la tiene Pappo puesto que así chayó y empappó a la gente. Todo un carnaval en su también aval de la carne, en el cual no solo goza cualquier murga ni cualquiera que se la tire de carioca sino de todos aquellos que cada vez se parecen más a Mendioca y que últimamente se las tira en cada tira a enseñar cómo se patea un fóbal. Benedicto XVI, al comienzo de su papado, nos había advertido ya de un exceso de relativismo, lo que no dijo es cómo se gestó o de dónde provino por más que tenía caso que dijera lo que no dijo, pero que muchos advertimos que fuera por un exceso de absolutismo. Si la solidez implica dureza, qué decir de la dureza de doña dura dictadura y cierta aparente blandura de aquella blancura tan impura que la acompañó a penas duras en vez de a duras penas…. Por la teoría no solo de los opuestos sino de los impuestos, se podría decir que si la solidez cobra, la inconsistencia paga. Qué decir de la teoría de los extremos que, cual círculo vicioso, la vida toca y trastoca una y otra vez cual espiral de la reforma que sigue a la contrarreforma y así viceversa y sucesivamente, y así decir que ,si más solidez fuera ya imposible, más inconsistencia será aún posible. Es así como el cien por ciento de intolerancia tan propia de la dictadura comienza a tocarle la cola a la tolerancia cero tan propia de la democracia. Y lo peor es que ha comenzado a gustarle como que no sólo clama sino que exclama ¡cuánto siento ese tanto por ciento! Un país dividido, un subcontinente dividido, un continente dividido, los continentes divididos, y si volviésemos a preguntarle a Ferraro, a qué se debe esa conjunción que suena a misma cantinela, capaz que le eche la culpa a…. ¡Divididos! Mejor no preguntarle por Cromañón, aunque no sé, capaz de que nos conteste que en un mundo líquido no puede haber ningún incendio, lo que a decir verdad nos lleva a la reflexión de que lo malo del mundo líquido es que hasta por una tocada de oreja podríamos ir calentándonos paulatinamente y morir cocinados sin percatarnos del hervor que nos invade. ¡Caracoles! La entropía de nuestra propia calentura acompañando termodinámica y acompasadamente a la entalpía general del medio ambiente. Calentamiento global que le dicen. ¡qué tristeza! ¿no? A mi entender, habría que haber versado sobre la enseñanza en un mundo líquido, porque, a decir verdad, es mucho lo que puede hoy en día la enseñanza, - pensemos a Internet como la nueva Biblioteca de Alejandría- pero muy poco lo que puede la educación en un medio anímico donde se ha licuado la ética y vaporado la moral, clara disolución de una turbia solución, y, no sé si viceversa. Desde vaya a saber cuánto antes que la vida se encendiera, apropiara y concentrara en este elegido planeta previsto cuidadosamente para soportar ese apocalipsis cósmico, (que si fue aquel Diluvio Universal aún no sabemos qué fue del Arca, pero al menos sí sabemos dónde quedó el gran charco y por lo menos asumir que fue por un agujero negro como resumidero que así se fuera el resto) y donde todas las criaturas todas, reunidas aquí por exilio y por mandato, generasen a la llegada de tan buen puerto seco, con ese su llanto de pena y alegría en mezcolanza de resignación y de esperanza, ese gran diluvio mundial a la vez tan dulce y tan salado, tornándolo suficientemente líquido como para no morir de sed, fuera cual fuera esa grandiosa u odiosa sed que ya todos conocemos, y que no solo la sufre el cuerpo sino también el alma. Algunos prefieren pensar que fueron una o más gotas de sudor del Supremo Hacedor, o una o más lágrimas vertidas durante su no se sabe si tristísimo pero sí Altísimo aislamiento. ¡Así de bendecidos hemos sido por los fluidos del Señor! El hecho es que el mundo que creó o en principio nos dejó, no solo era líquido sino amoral en vez de inmoral. Fue la llegada del hombre enjuto al cariz de la tierra, la última criatura de aquel parque que muy poco tenía de edénico, al cual Dios le espetó advirtiéndolo: “o razonas o te mueres”…. (lo que nos deja picando la certeza de que Dios a más de uno le prohibió comer o hacer algo, la desobediencia fue generalizada y el destierro también. Vaya a saber quién el adalid de tal reniego, la vida efímera cursando su primer sálvese quién pueda), el hecho es que comprendida su humana situación, luego de rascarse la cabeza ante tan incomprendido y tanto agresivo ambiente digamos que hasta domiciliario (hasta que Ishtar pegó el portazo ,claro está,no sin antes haberle gritado ¡arréglátelas vos tú sólo! y es que no sé cuál era el grado de educación o de confianza que había entre ambos- puso manos a la obra y con una mano se sobó la oreja y con la otra se sobó el mentón. ¡Pobre Eva que se tuvo que encargar del resto, del restaure, del restaurante, del restor y del restaurador! El orden cronológico de las palabras que pronunció concomitantemente a cada razonable o irrazonable arranque ayudado por esa doble manivela tan a mano de la oreja y el mentón, pareciera haber sido el siguiente: ¡solo sé que no sé nada! ….¡yo creía que sabía!….¡ya sé! ¿o fue al revés? ¿o el orden de los factores no altera el producto? Qué difícil se me hace escribir y describir este mundo líquido en este preciso momento en que Francisco, como un Facundo que viene al mundo líquido, viene a darle solidez principalmente al tembladeral del Templo. (si hubiera sido norteamericano, o tal vez un nuevo mejicano de aquella Nueva Méjico, ya lo hubieran apodado FranCisco Kid) y lo que todo el mundo espera, es que no le haga honor al mote, y en vez de ser Francisco, termine siendo Pancho.) Me fui con la desgracia de Juan Pablo I y ahora estoy por retornar con la gracia de Francisco.
    La verdad es que tengo tanto para perorar sobre el tema que no sé por dónde entrarle y lo que es peor por dónde escabullirme luego de mi zambullida en tal turbio tema. Escurrir luego de discurrir, (me hace acordar de aquella lamentable ocurrencia en Japón que diera para mi maldita ocurrencia, cuando luego de las consecuencias del tsunami se me ocurriera como con humor negro mas no infame, decir que lo que va a necesitar Japón para sacarse tanta agua de encima, era una gran esponja… y ahora estoy en la misma encrucijada ¡maldito mundo líquido!)
    Dadme una palanca, un punto de apoyo y moveré el mundo” quien lo dijo se desdijo….luego, claro está, de haber leído a Baman. Y es que en cuanto a aplicar una fuerza, cualquier físico sabe lo que es el momento de una fuerza, como sabe cualquier neófito lo que en general es un mal momento como sería el de Arquímedes si luego de haber dicho lo que dijo, lo anoticiaran del mundo en que hoy se encuentra inmerso de una u otra manera casi toda la humanidad como para, así están las cosas, llamarle mundo líquido. Obviamente que el gran Arquímedes, en una tentativa de afirmar su posición y suposición, buscaría reparar la grieta o el gran boquete abierto en ese mundo tan consolidado , y no se prendería ahisito nomás a un salvavidas estilo sálvese quien pueda, como no lo buscó Bauman, no solo por edad sino por personalidad, mas sí buscaría a diestra y siniestra esa tierra firme, o al menos intentar construir esa necesaria solidez o posición que le permitiera así afirmar su afirmación. Lo que es imposible imaginar en él, es que inmerso en tal mundo y a sabiendas que para intentar hacer pie en un mundo líquido hay que en principio tocar fondo, buceara intentando en ese fondo hallar la solidez suficiente que le permitiera ayudarle siquiera a Atlas a quitarse de encima ese cada vez más pesado y “boluminoso” mundo, sin siquiera imaginar que ya se le ha derramado encima, haciéndole desaparecer ese adusto gesto hercúleo donde emergía no oronda pero sí satisfactoria su sonrisa por la nimiedad del peso sostenido, y que, a juzgar por la general aceptación de la aseveración de Bauman, hasta Atlas se estaría preguntando ¿y ahora qué? luego de quedarse estupefacto con esa cabeza indescriptible e imprevistamente empapada de cabellera chorreada y cara desaliñada y de pocos amigos, digamos que de aguafiesta en carnaval de fiesta por baldazo o bombazo recibido, con las manos vacías en esa su sempiterna posición ,mostrando ahora a un triste agarrotado, asombrado por tan tremendo chubasco y azorado por tan terrible chasco. El balde de agua fría que le resultó seguramente finalmente tibia, dada su gran y propia calentura. Tanto tiempo en su postura y sosteniendo una tragedia…. ¡Qué sostener ahora!, ¡qué! Quizás a este Atlas, este hercúleo ahora abajado e insatisfecho, cual un Sansón al cual Dalila no hubiera tenido necesidad de podarle su frondosa y mágica cabellera, ahora lacia y totalmente empapada, tapándole los ojos como evitándole ver su gran desgracia, le ya que sumergidos en este mundo líquido, descubramos la Atlándida perdida y tenga a bien sostenerla tan titánicamente como si Titanic fuera, y si para intentar reflotarla, a Atlas no le alcanzara con sus brazos estirados para hacerla llegar en superficie, de modo de poder mostrarlacomo muestra de mundo sólido, invitar a Arquímedes a levantar a Atlas con Atlántida y todo de modo de dar crédito a su aforismo y mostrar así cómo la Fe puede mover montañas.
    Pobre Pascal y pobres nosotros, sumergidos y sacudidos por estas nuevas corrientes cual si de desaire fueran, enrarecidas y a veces hasta pestíferas, y que ahora, dado el medio, nos son tan submarinas o marinas como para llamarle marineras y hasta amarineradas. Arquímedes como pensador que fue , empujado a darle solución al mar de los problemas, se hubiera dado cuenta de que, así como la duda carcome al dogma, el mar carcome a la roca, y que es así como pierde solidez el punto fijo, que ,me imagino que, sin tantear, buscó de apoyo. He allí su equivocación. Problema de Física teórica. No hay solución que no tenga problema y no hay problema que no tenga sus sub problemas, a saber: si el manejo de la palanca como maniobra es la intriga, y la intriga como estorbo zancadilla, ya tenemos el primer sub problema; otro subproblema es la calidad de la palanca, ya que en un mundo líquido, qué mejor que la palanca sea trucha; otro subproblema que no es menor, es dar con un punto fijo en lugar tan vacuo, a sabiendas que en un mundo líquido no se consigue salvo teniendo una fija, y encima un mundo donde lo informe e informal supera con creces lo formal y que lo forme va y viene como a la deriva y no solo en bamboleo sino en mamboleo, cual un mundo líquido sin un recipiente que lo contenga ni una etiqueta que lo prestigie. Pero Arquímedes actual y tosudo, que si sabía del poder de la palanca al parecer no sabía de la palanca del poder, y dadas estas nuevas circunstancias, volvió a insistir con su lema, ya no predijo como a sabiendas del suponer, sino a sabiendas del saber, y, retocando su famosa frase, dijo: “Dadme la palanca del poder, una fija, y conmoveré al mundo”. Y por uno u otro motivo, todos todos aplaudimos. ¡Ay con este mundo líquido! los refranes populares entrarán en pleno remojo, tan es así que aquel que dijo que para muestra basta un botón, ahora que sobra por cierre - que es así como zozobra-, dirá que una cucharita en vez de una cucharadita es suficiente estorbo para un sorbo. ¡Pobres papilas gustativas para dirimir entre el gusto y el disgusto!,así, liquidadamente, morirán muchas frases tanto tiempo consolidadas, desaparecerá la solidez conceptual, los argumentos sólidos, la gente no irá al club sino al glub, en los boliches difícilmente se pida un trago, a la cháchara no se le pedirá que vaya al grano sino a la gota, llorar será un problema sin solución solicitar un colirio será considerado un delirio. Las series televisivas entrarán en cortocircuito, sexo en nueva york y fornication se las verán en figurillas para elevar la temperatura en un mar de amor, tal la dilución y disolución de los fluidos corporales que, encima, en semejante medio atraerán a más de un pescadito. Dado el burbujeo, las ventoleras serán requete evidentes, o lo que no se sabrá, cuál boca es la que abrió la boca. En fin, en fin. Hay que lograr tener educación en un mundo líquido. Ciertas palabras perderán significancia o tendrán otra connotación, así en el comercio, la palabra liquidación dejará de tener su habitual sentido y un porcentaje de descuento de más del 50% se dirá que tiende a ser un sólido descuento. En un mundo líquido los recuerdos se diluirán de tal modo que es mucho más probable que tenga éxito el olvido. El mal de Alzheimer ya no tendrá la significancia que sí tendrá el mal de hacerme reir, como que en boca cerrada no entran ostras; el que decía no seas lenteja, ahora dirá no seas almeja; los niños incontinentes tendrán un problema menos en la cama, y los adultos que con ellos se acuestan no se darán ni cuenta, ya que lo mismo amanecerán mojados, y, uno que yo sé se orinará de risa sin problemas. El intento de solidificación en el próximo capítulo.
    amente, dadas las circunstancias que le hacemos atravesar, podrá a partir de la aceptada más que aceptable visión de Bauman, considerárselo líquido, mas, no considero que esa sea la palabra adecuada porque por empezar el alma de la humanidad de esta fracción del globo así inmerso, sumergido o totalmente mojado en semejante problemática, no tiene nada de chirle, a menos que consideremos chirle el estado pastoso que toma la solidez del mundo cuando por culpa de tanta humedad comienza a enlodarse la cuestión, lo que, a mi entender, no es un estado líquido sino un estado que… ¿qué tal si en vez de blandura o blando -dado ya el estado alcanzado por la licuefacción de un mundo líquido y en deuda -y que aún no entra en liquidación de deuda-le llamamos blandengue? aún a riesgo de confundirle con aquella enfermedad transmitida por un mosquito o de aquel cuerpo histórico de militares, digo, ya que por empezar, es término más adecuado para describir lo que aquí se describe, y encima rima con merengue y merequetengue, que, por lo que entiendo, por allí y por allá va y viene el quid de la cuestión. ¡qué joda! ¿no? Y es que si ahora le pudiésemos preguntar a Guglielmo Ferraro, que si en vez de preguntarle otra vez por las causas que desencadenaron la primera guerra mundial, le preguntásemos a qué se debe las causas que precipitaron este mundo para volverlo así de líquido, contestaría que la culpa ahora no solo es del tango sino también del fandango, del blue y el jazz, del charleston que no solo bailó Charles Heston, de la cumbia y el twist, del rock and roll, del regaee que así regó y regodeó, de la cumbia, de la bamba y de la zamba, del etcétera y capaz que conteste que también de Pappo puesto que así empappó a la gente. Vaya chaya. Todo un carnaval en su también aval de la carne, en el cual no solo goza cualquier murga ni cualquiera que se la tire de carioca sino de todos aquellos que cada vez se parecen más a Mendioca,que encima, últimamente se las tira en cada tira a enseñar cómo se patea un fóbal. Benedicto XVI, al comienzo de su papado, nos había advertido ya de un exceso de relativismo, lo que no dijo es cómo se gestó o de dónde provino por más que tenía caso que dijera lo que no dijo, pero que muchos advertimos que fue por un exceso de absolutismo. Si la solidez implica dureza, qué decir de la dureza de doña dura dictadura y la aparente blandura de aquella blancura tan impura que la acompañó a penas duras en vez de a duras penas…. Por la teoría no solo de los opuestos sino de los impuestos, se podría decir que si la solidez cobra, la inconsistencia paga. Qué decir de la teoría de los extremos que, cual círculo vicioso la vida toca y trastoca una y otra vez cual espiral de la reforma que sigue a la contrarreforma y así viceversa y sucesivamente, y así decir que ,si más solidez fuera ya imposible, más inconsistencia será aún posible. Es así como el cien por ciento de intolerancia tan propia de la dictadura comienza a tocarle la cola a la tolerancia cero tan propia de la democracia. Y lo peor es que ha comenzado a gustarle como que no sólo clama sino que exclama ¡cuánto siento ese tanto por ciento! Un país dividido, un subcontinente dividido, un continente dividido, los continentes divididos, y si volviésemos a preguntarle a Ferraro, a qué se debe esa conjunción que suena a misma cantinela, capaz que le eche la culpa a…. ¡Divididos! Mejor no preguntarle por Cromañón, aunque no sé, capaz de que nos conteste que en un mundo líquido no puede haber ningún incendio, lo que a decir verdad nos lleva a la reflexión de que lo malo del mundo líquido es que hasta por una tocada de oreja podríamos ir calentándonos paulatinamente y morir cocinados sin percatarnos del hervor que nos invade. ¡Caracoles! La entropía de nuestra propia calentura acompañando termodinámica y acompasadamente a la entalpía general del medio ambiente. Calentamiento global que le dicen. ¡qué tristeza! ¿no? A mi entender, habría que haber versado sobre la enseñanza en un mundo líquido, porque, a decir verdad, es mucho lo que puede hoy en día la enseñanza, - pensemos a Internet como la nueva Biblioteca de Alejandría- pero muy poco lo que puede la educación en un medio anímico donde se ha licuado la ética y vaporado la moral, clara disolución de una turbia solución, y, no sé si viceversa. Desde vaya a saber cuánto antes que la vida se encendiera, apropiara y concentrara en este elegido planeta previsto cuidadosamente para soportar ese apocalipsis cósmico, (que si fue aquel Diluvio Universal aún no sabemos qué fue del Arca, pero al menos sí sabemos dónde quedó el gran charco y asumir que fue por un agujero negro como resumidero que se fuera el resto) y donde todas las criaturas todas, reunidas aquí por exilio y por mandato, generasen a la llegada de tan buen puerto seco, con ese su llanto de pena y alegría en mezcolanza de resignación y de esperanza, ese gran diluvio mundial a la vez tan dulce y tan salado, tornándolo suficientemente líquido como para no morir de sed, fuera cual fuera esa grandiosa u odiosa sed que ya todos conocemos, y que no solo la sufre el cuerpo sino también el alma. Algunos prefieren pensar que fueron una o más gotas de sudor del Supremo Hacedor, o una o más lágrimas vertidas durante su no se sabe si tristísimo pero sí Altísimo aislamiento. ¡Así de bendecidos hemos sido por los fluidos del Señor! El hecho es que el mundo que creó o en principio nos dejó, no solo era líquido sino amoral en vez de inmoral. Fue la llegada del hombre enjuto al cariz de la tierra, la última criatura de aquel parque que muy poco tenía de edénico, al cual Dios le espetó advirtiéndolo: “o razonas o te mueres”…. (lo que nos deja picando la certeza de que la desobediencia fue generalizada y vaya a saber quién el adalid de tal reniego, acaso la vida efímera cursando su sálvese quién pueda), el hecho es que comprendida su humana situación, luego de rascarse la cabeza ante tan incomprendido y tanto agresivo ambiente digamos que hasta domiciliario (hasta que Ishtar pegó el portazo ,claro está,no sin antes haberle gritado ¡arréglátelas vos tú sólo!¿le habrá pasado lo mismo a Dios que así quedó sin su Diosa? – y es que no sé cuál era el grado de educación o de confianza que había entre ambos- puso manos a la obra y con una mano se sobó la oreja y con la otra se sobó el mentón. ¡Pobre Eva que se tuvo que encargar del resto, del restaure, del restaurante y del restor! El orden cronológico de las palabras que pronunció concomitantemente a cada razonable o irrazonable arranque ayudado por esa doble manivela tan a mano de la oreja y el mentón, pareciera haber sido el siguiente: ¡solo sé que no sé nada! ….¡yo creía que sabía!….¡ya sé! ¿o fue al revés? ¿o el orden de los factores no altera el producto? Qué difícil se me hace escribir y describir este mundo líquido en este preciso momento en que Francisco, como un Facundo que viene al mundo líquido, viene a darle solidez principalmente al tembladeral del Templo. (si hubiera sido norteamericano, o tal vez un nuevo mejicano de aquella Nueva Méjico, ya lo hubieran apodado FranCisco Kid) y lo que todo el mundo espera, es que no le haga honor al mote, y en vez de ser Francisco, termine siendo Pancho.) A título muy personal, si fue con la desgracia de Juan Pablo I que me fuí, es con la gracia de Francisco que retornando estoy. ¡qué parecido a mi viejo en su locuacidad y proceder! Y bien. Las dos notables palabritas que ni muletas ni muletillas, fueran su bastón de mando…..Cualquier honesto sabe que por el bien de una Institución a más de pedir perdón en nombre de ella, se hace necesario a continuación la renuncia de la cabeza responsable. Nobleza obliga. Tal cual. Quién puede dudar que es la liquidez de la moral la que ha vuelto al mundo tan líquido. Y es que así como los siete días que demoró Dios en realizar esa sinfonía inconclusa que fuera su Gran Obra, fueron discutidos y salvados diciendo que nada tenía que ver aquella divina diaria duración con la nuestra, y hay que aceptar esta cuestión si tenemos en cuenta el tiempo que le llevó a la Iglesia no solo pedir perdón, sino proceder a la renuncia. La verdad es que tengo tanto para perorar sobre el tema que no sé por dónde entrarle y lo que es peor por dónde escabullirme luego de mi zambullida en tal turbio tema. Un escurrir luego de discurrir que me hace acordar de aquella lamentable ocurrencia en Japón cuando luego del tsunami se me ocurriera como con humor negro mas no infame, decir que lo que va a necesitar Japón para sacarse tanta agua de encima era una gran esponja…) Y ahora estoy en la misma encrucijada ¡maldito mundo líquido!
    Dadme una palanca, un punto de apoyo y moveré el mundo” quien lo dijo se desdijo….luego, claro está, de haber leído a Bauman. Y es que en cuanto a aplicar una fuerza, cualquier físico sabe lo que es el momento de una fuerza, como sabe cualquier neófito lo que en general es un mal momento como sería el de Arquímedes si luego de haber dicho lo que dijo, lo anoticiaran del mundo en que hoy se encuentra inmerso de una u otra manera casi toda la humanidad, como para, así estando las cosas, llamarle mundo líquido. Obviamente que el gran Arquímedes, en una tentativa de afirmar su posición y suposición, buscaría reparar la grieta o el gran boquete abierto en ese mundo tan consolidado , y no se prendería ahisito nomás a un salvavidas estilo sálvese quien pueda, como no lo buscó Bauman, no solo por edad sino por personalidad, mas sí buscaría a diestra y siniestra esa tierra firme, o al menos intentar construir esa necesaria solidez o posición que le permitiera así afirmar su afirmación. Lo que es imposible imaginar en él, es que inmerso en tal mundo y a sabiendas que para intentar hacer pie en un mundo líquido hay que en principio tocar fondo, buceara intentando en ese fondo hallar la solidez suficiente que le permitiera ayudarle siquiera a Atlas a quitarse de encima ese cada vez más pesado y “boluminoso” mundo, sin siquiera imaginar que hoy ya se le ha derramado encima, haciéndole desaparecer ese adusto gesto hercúleo donde emergía no oronda pero sí satisfactoria su sonrisa por la nimiedad del peso sostenido, y que, a juzgar por la general aceptación de la aseveración de Bauman, hasta Atlas se estaría preguntando ¿y ahora qué? luego de quedarse estupefacto con esa cabeza indescriptible e imprevistamente empapada, con su cabellera chorreada y cara desaliñada de pocos amigos, como de aguafiesta en carnaval de fiesta por baldazo o bombazo recibido, con las manos vacías en esa su sempiterna posición ,mostrando ahora a un triste agarrotado, asombrado por tan tremendo chubasco y azorado por tan terrible chasco. El balde de agua fría que le resultó seguramente finalmente tibia, dada su gran y propia calentura. Tanto tiempo en su postura y sosteniendo una tragedia…. ¡Qué sostener ahora!, ¡qué! Quizás a este Atlas, este hercúleo ahora abajado e insatisfecho, cual un Sansón al cual Dalila no hubiera tenido necesidad de podarle su frondosa y mágica cabellera, ahora lacia y totalmente empapada, tapándole los ojos como evitándole ver su gran desgracia, ya que sumergidos en este mundo líquido, le descubramos la Atlándida perdida y entonces tenga a bien sostenerla tan titánicamente como si el Titanic a la enésima envergadura fuera, y si para intentar reflotarla, a Atlas no le alcanzara con sus brazos estirados para hacerla llegar y mantener en superficie de modo de poder mostrarla como muestra de lo que fuera un mundo sólido, invitar a Arquímedes a levantar a Atlas con Atlántida y todo de modo de que pueda dar crédito a su aforismo y mostrar así cómo la Fe puede mover montañas.
    Pobre Arquímedes y pobres nosotros, sumergidos y sacudidos por estas nuevas corrientes cual si de desaire fueran, enrarecidas y a veces hasta pestíferas, y que ahora, dado el medio, nos son tan submarinas o marinas como para llamarle marineras y hasta amarineradas. Arquímedes como pensador que fue , empujado a darle solución al mar de los problemas, se hubiera dado cuenta de que, así como la duda carcome al dogma, el mar carcome a la roca, y que es así como pierde solidez el punto fijo, que me imagino que, sin tantear, buscó de apoyo. He allí su equivocación. Problema de Física teórica. No hay solución que no tenga problema y no hay problema que no tenga sus sub problemas, a saber: si el manejo de la palanca como maniobra es la intriga, y la intriga como estorbo es zancadilla, ya tenemos el primer sub problema; otro subproblema es la calidad de la palanca, ya que en un mundo líquido, qué mejor que la palanca sea trucha; otro subproblema que no es menor, es dar con un punto fijo en lugar tan vacuo, a sabiendas que en un mundo líquido no se consigue, salvo teniendo una fija, y encima un mundo donde lo informe e informal supera con creces lo formal y que lo forme va y viene como a la deriva y no solo en bamboleo sino en mamboleo, cual un mundo líquido sin un recipiente que lo contenga ni una etiqueta que lo prestigie. Pero Arquímedes actual y tosudo, que si sabía del poder de la palanca, al parecer no sabía de la palanca del poder, y dadas estas nuevas circunstancias, volvió a insistir con su lema, ya no predijo como a sabiendas del suponer, sino a sabiendas del saber, y, retocando su famosa frase, dijo: “Dadme la palanca del poder, una fija, y conmoveré al mundo”. Y por uno u otro motivo, todos todos aplaudimos. ¡Ay con este mundo líquido! los refranes populares entrarán en pleno remojo, tan es así que aquel que dijo que para muestra basta un botón, ahora que sobra por cierre - que es así como zozobra-, dirá que una cucharita en vez de una cucharadita es suficiente estorbo para un sorbo. ¡Pobres papilas gustativas para dirimir entre el gusto y el disgusto!,así, liquidadamente, morirán muchas frases tanto tiempo consolidadas, desaparecerá la solidez conceptual, los argumentos sólidos, la gente no irá al club sino al glub, en los boliches difícilmente se pida un trago, a la cháchara no se le pedirá que vaya al grano sino a la gota, llorar será un problema sin solución solicitar un colirio será considerado un delirio. Las series televisivas entrarán en cortocircuito, sexo en nueva york y fornication se las verán en figurillas para elevar la temperatura en un mar de amor, tal la dilución y disolución de los fluidos corporales que, encima, en semejante medio atraerán a más de un pescadito. Dado el burbujeo, las ventoleras serán requete evidentes, o lo que no se sabrá, cuál boca es la que abrió la boca. En fin, en fin. Hay que lograr tener educación en un mundo líquido. Ciertas palabras perderán significancia o tendrán otra connotación, así en el comercio, la palabra liquidación dejará de tener su habitual sentido y un porcentaje de descuento de más del 50% se dirá que tiende a ser un espeso en vez de un sólido descuento. En un mundo líquido los recuerdos se diluirán de tal modo que es mucho más probable que tenga éxito el olvido. El mal de Alzheimer ya no tendrá la significancia que sí tendrá el mal de hacerme reir, como que en boca cerrada no entran ostras; el que decía no seas lenteja, ahora dirá no seas almeja; los niños incontinentes tendrán un problema menos en la cama, y los adultos que con ellos se acuestan no se darán ni cuenta, ya que lo mismo amanecerán mojados, y, uno que yo sé se orinará de risa sin problemas. El intento de solidificación en el próximo capítulo.

  2. josé Antonio Germ dice:

    Estoy viendo de reojo la Asunción del Papa Francisco al sillón de San Pedro, y se cruza por mi mente un pensamiento alentador que corre sin parar como un optimismo con su colgajo cual cuota de pesimismo, hacia ese abismo del desaliento en cuyo fondo se encuentra como gran atractivo el pasado vengativo susurrando: la historia se repite, la historia se repite. Cómo abarabajarlo de antemano si no es con un soplo de esperanza que lo detenga y retenga como rogando que no se arroje, y, en este preciso caso no se desvanezca en vez de envanezca. El pensamiento a que me refiero es que Argentina le ha dado al mundo para su regocijo, una felicidad más, el increíble Don individual de otro Argentino para regocijo de todos los presentes y todos los futuros. Ejemplo ejemplar y ejemplar ejemplo. Y cuál ha sido generalmente el mayor escollo para su gran descollo cuando ha tenido que depender de otros, que no haya sido el no tener mentalidad de equipo o que el equipo no le haya ayudado o le haya jugado en contra. Cuando escribo y escribo, sé que de este modo es como me la paso rezando, así es como tecleo y tarareo a mi manera. Imagino que escribir y escribir es como revolver y revolver el caldo de la vida que tanto tiene que ver con la mía, con esa temperatura de cocción que tiene la pasión en su razón y sinrazón, y que por mi parte aunque a veces lo diluya y le agregue ingredientes varios para mi degusto, cual un caldo en cazuela con cara de puchero para por lo menos chupar y rechupar mis dedos, tiendo a expresarlo y a veces a convidarlo con el ánimo y la creencia de que es así como intento espesarlo lo suficiente como para darle consistencia al mundo líquido en que por causalidad y de casualidad vivimos. Vaya vaya ¡qué traviesa mi PC y qué poco atento ése su personal conductor, cómo se nota que la maneja un aprendiz, este gaff no lo hubiera cometido mi Olivetti, eso me pasa por hablar de educación en un mundo líquido sin su increíble y reconocida solidez, ¡qué lección que me ha dado desde su más allá, aquella mi Léxicon 80!Pero cómo hacerle entender que no tengo forma de conectarme con ella salvo por esa medium que es mi mente, aprovechando el polo magnético de mi alma en su tracción de rechazo y atracción, la viva y tan patente fuerza de mi recuerdo y mi nostalgia, capaz como ahora, de traerme al presente un trasto tras torno a mí, que imagino sintiéndose triste y como el traste. Y después me dicen que por qué tengo la costumbre de agarrármelas con la tradición. Pareciera que no tienen idea de lo que es un mal recuerdo incrustado como un crustáceo y que solo afloja así como ahora, metiéndole como palanca tan solo un muy buen recuerdo. Debiera pedirle a Doña Agenda que proceda a considerar ese mi anterior texto tan textual como si fuera un borrador a ser borrado, y proceda puesto que procede, siendo que aquí va el que debiera.
    Sobre la educación en un mundo líquido……debería esperar una opinión de un educador y otra de un educando, para saber lo que les significa e implica a ambos este nueva perspectiva o enfoque de nuestro mundo al que, anímicamente, dadas las circunstancias que le hacemos atravesar, podrá a partir de la aceptada más que aceptable visión de Bauman, considerárselo líquido, mas, no considero que esa sea la palabra adecuada porque por empezar el alma de la humanidad de esta fracción del globo así inmerso, sumergido o totalmente mojado en semejante problemática, no tiene nada de chirle, a menos que consideremos chirle el estado pastoso que toma la solidez del mundo cuando por culpa de tanta humedad comienza a enlodarse la cuestión, lo que, a mi entender, no es un estado líquido sino un estado que… ¿qué tal si en vez de blandura o blando -dado ya el estado alcanzado por la licuefacción de un mundo líquido y en deuda -y que aún no entra en liquidación de deuda-le llamamos blandengue? aún a riesgo de confundirle con aquella enfermedad transmitida por un mosquito o de aquel cuerpo histórico de militares, digo, ya que por empezar, es término más adecuado para describir lo que aquí se describe, y encima rima con merengue y merequetengue, que, por lo que entiendo, por allí y por allá va y viene el quid de la cuestión. ¡qué joda! ¿no? Y es que si ahora le pudiésemos preguntar a Guglielmo Ferraro, que si en vez de preguntarle otra vez por las causas que desencadenaron la primera guerra mundial, le preguntásemos a qué se debe las causas que precipitaron este mundo para volverlo así de líquido, contestaría que la culpa ahora no solo es del tango sino también del fango. Aunque en esto del culpar meando sobre la culpa en vez de mea culpa, pudiéramos incluir al fandango, del blue y el jazz, del charleston que no solo bailó Charles Heston, de la cumbia y el twist, del rock and roll, del regaee que así regó y regodeó, de la cumbia, de la bamba y de la zamba, del etcétera y capaz que conteste que también de Pappo puesto que así chayó y empappó a la gente. Todo un carnaval en su también aval de la carne, en el cual no solo goza cualquier murga ni cualquiera que se la tire de carioca sino de todos aquellos que cada vez se parecen más a Mendioca, que encima, últimamente se las tira en cada tira a enseñar cómo se patea un fóbal. Benedicto XVI, al comienzo de su papado, nos había advertido ya de un exceso de relativismo, lo que no dijo es cómo se gestó o de dónde provino por más que tenía caso que dijera lo que no dijo, pero que muchos advertimos que fue por un exceso de absolutismo. Si la solidez implica dureza, qué decir de la dureza de doña dura dictadura y cierta aparente blandura de aquella blancura tan impura que la acompañó a penas duras en vez de a duras penas…. Por la teoría no solo de los opuestos sino de los impuestos, se podría decir que si la solidez cobra, la inconsistencia paga. Qué decir de la teoría de los extremos que, cual círculo vicioso, la vida toca y trastoca una y otra vez cual espiral de la reforma que sigue a la contrarreforma y así viceversa y sucesivamente, y así decir que, si más solidez fuera ya imposible, más inconsistencia será aún posible. Es así como el cien por ciento de intolerancia tan propia de la dictadura comienza a tocarle la cola a la tolerancia cero tan propia de la democracia. Y lo peor es que ha comenzado a gustarle como que no sólo clama sino que exclama ¡cuánto siento ese tanto por ciento! Un país dividido, un subcontinente dividido, un continente dividido, los continentes divididos, un mundo dividido y si volviésemos a preguntarle a Ferraro, a qué se debe esa conjunción que suena a misma cantinela, capaz que le eche la culpa a…. ¡Divididos! Mejor no preguntarle por Cromañón, aunque no sé, capaz de que nos conteste que en un mundo líquido no puede haber ningún incendio, lo que a decir verdad nos lleva a la reflexión de que lo malo del mundo líquido es que hasta por una tocada de oreja podríamos ir calentándonos paulatinamente y morir cocinados sin percatarnos del hervor que nos invade. ¡Caracoles! La entropía de nuestra propia calentura acompañando termodinámica y acompasadamente a la entalpía general del medio ambiente. Calentamiento global que le dicen. ¡qué tristeza! ¿no? A mi entender, habría que haber versado sobre la enseñanza en un mundo líquido, porque, a decir verdad, es mucho lo que puede hoy en día la enseñanza, - pensemos a Internet como la nueva Biblioteca de Alejandría- pero muy poco lo que puede la educación en un medio anímico donde se ha licuado la ética y vaporado la moral, clara disolución de una turbia solución, y, no sé si viceversa. Desde vaya a saber cuánto antes que la vida se encendiera, apropiara y concentrara en este elegido planeta previsto cuidadosamente para soportar ese apocalipsis cósmico, (que si fue aquel Diluvio Universal aún no sabemos qué fue del Arca, pero al menos sí sabemos dónde quedó el gran charco y asumir que fue por un agujero negro como resumidero que se fuera el resto) y donde todas las criaturas todas, reunidas aquí por exilio y por mandato, generasen a la llegada de tan buen puerto seco, con ese su llanto de pena y alegría en mezcolanza de resignación y de esperanza, ese gran diluvio mundial a la vez tan dulce y tan salado, tornándolo suficientemente líquido como para no morir de sed, fuera cual fuera esa grandiosa u odiosa sed que ya todos conocemos, y que no solo la sufre el cuerpo sino también el alma. Algunos prefieren pensar que fueron una o más gotas de sudor del Supremo Hacedor, o una o más lágrimas vertidas durante su no se sabe si tristísimo pero sí Altísimo aislamiento. ¡Así de bendecidos hemos sido por los fluidos del Señor! El hecho es que el mundo que creó o en principio nos dejó, no solo era líquido sino amoral en vez de inmoral. Fue la llegada del hombre enjuto al cariz de la tierra, la última criatura de aquel parque que muy poco tenía de edénico, al cual Dios le espetó advirtiéndolo: “o razonas o te mueres”…. (lo que nos deja picando la certeza de que la desobediencia fue generalizada y vaya a saber quién el adalid de tal reniego, acaso la vida efímera cursando su primer sálvese quién pueda), el hecho es que comprendida su humana situación, luego de rascarse la cabeza ante tan incomprendido y tanto agresivo ambiente digamos que hasta domiciliario (hasta que Ishtar pegó el portazo ,claro está, no sin antes haberle gritado ¡arréglátelas vos tú sólo ¿le habrá pasado lo mismo a Dios que así quedó sin su Diosa? – y es que no sé cuál era el grado de educación o de confianza que había entre ambos- puso manos a la obra y con una mano se sobó la oreja y con la otra se sobó el mentón. ¡Pobre Eva que se tuvo que encargar del resto, del restaure, del restaurante, del restor y del restaurador! El orden cronológico de las palabras que pronunció concomitantemente a cada razonable o irrazonable arranque ayudado por esa doble manivela tan a mano de la oreja y el mentón, pareciera haber sido el siguiente: ¡solo sé que no sé nada! ….¡yo creía que sabía!….¡ya sé!…. ¿o fue al revés? ¿o el orden de los factores no altera el producto? Qué difícil se me hace escribir y describir este mundo líquido en este preciso momento en que Francisco, como un Facundo que viene al mundo líquido, viene a darle solidez principalmente al tembladeral del Templo. (si hubiera sido norteamericano, o tal vez un nuevo mejicano de aquella Nueva Méjico, ya lo hubieran apodado FranCisco Kid) y lo que todo el mundo espera, es que no le haga honor al mote, y en vez de ser Francisco, termine siendo Pancho.) A título muy personal, si fue con la desgracia de Juan Pablo I que me fui, es con la gracia de Francisco que retornando estoy. ¡qué parecido a mi viejo en su locuacidad y proceder! “Y bien”. Las dos notables palabritas que ni muletas ni muletillas, fueran su bastón de mando…..Cualquier honesto sabe que por el bien de una Institución a más de pedir perdón en nombre de ella, se hace necesario a continuación la renuncia de la cabeza responsable. Nobleza y responsabilidad obliga. Tal cual. Quién puede dudar que es la liquidez de la moral la que ha vuelto al mundo tan líquido. Y es que así como los siete días que demoró Dios en realizar esa sinfonía inconclusa que fuera su Gran Obra, fueron discutidos y salvados diciendo que nada tenía que ver aquella divina diaria duración con la nuestra, y hay que aceptar esta cuestión si tenemos en cuenta el tiempo que le llevó a la Iglesia no solo pedir perdón, sino proceder a la renuncia… La verdad es que tengo tanto para perorar sobre el tema que no sé por dónde entrarle y lo que es peor por dónde escabullirme luego de mi zambullida en tal turbio tema. Un escurrir luego de discurrir que me hace acordar de aquella lamentable ocurrencia en Japón cuando luego del tsunami se me ocurriera como con humor negro mas no infame, decir que lo que va a necesitar Japón para sacarse tanta agua de encima era una gran esponja…) Y ahora estoy en la misma encrucijada ¡maldito mundo líquido!
    Dadme una palanca, un punto de apoyo y moveré el mundo” quien lo dijo se desdijo….luego, claro está, de haber leído a Bauman. Y es que en cuanto a aplicar una fuerza, cualquier físico sabe lo que es el momento de una fuerza, como sabe cualquier neófito lo que en general es un mal momento como sería el de Arquímedes si luego de haber dicho lo que dijo, lo anoticiaran del mundo en que hoy se encuentra inmerso de una u otra manera casi toda la humanidad, como para, así estando las cosas, llamarle mundo líquido. Obviamente que el gran Arquímedes, en una tentativa de afirmar su posición y suposición, buscaría reparar la grieta o el gran boquete abierto en ese mundo tan consolidado, y no se prendería ahisito nomás a un salvavidas estilo sálvese quien pueda, como no lo buscó Bauman, no solo por edad sino por personalidad, mas sí buscaría a diestra y siniestra esa tierra firme, o al menos intentar construir esa necesaria solidez o posición que le permitiera así afirmar su afirmación. Lo que es imposible imaginar en él, es que inmerso en tal mundo y a sabiendas que para intentar hacer pie en un mundo líquido hay que en principio tocar fondo, buceara intentando en ese fondo hallar la solidez suficiente que le permitiera ayudarle siquiera a Atlas a quitarse de encima ese cada vez más pesado y “boluminoso” mundo, sin siquiera imaginar que hoy ya se le ha derramado encima, haciéndole desaparecer ese adusto gesto hercúleo donde emergía no oronda pero sí satisfactoria su sonrisa por la nimiedad del peso sostenido, y que, a juzgar por la general aceptación de la aseveración de Bauman, hasta Atlas se estaría preguntando ¿y ahora qué? luego de quedarse estupefacto con esa cabeza indescriptible e imprevistamente empapada, con su cabellera chorreada y cara desaliñada de pocos amigos, como de aguafiesta en carnaval de fiesta por baldazo o bombazo recibido, con las manos vacías en esa su sempiterna posición, mostrando ahora a un triste agarrotado, asombrado por tan tremendo chubasco y azorado por tan terrible chasco. El balde de agua fría que le resultó seguramente finalmente tibia, dada su gran y propia calentura. Tanto tiempo en su postura y sosteniendo una tragedia…. ¡Qué sostener ahora!, ¡qué! Quizás a este Atlas, este hercúleo ahora abajado e insatisfecho, cual un Sansón al cual Dalila no hubiera tenido necesidad de podarle su frondosa y mágica cabellera, ahora lacia y totalmente empapada, tapándole los ojos como evitándole ver su gran desgracia, ya que sumergidos en este mundo líquido, le descubramos la Atlándida perdida y entonces tenga a bien sostenerla tan titánicamente como si el Titanic a la enésima envergadura fuera, y si para intentar reflotarla, a Atlas no le alcanzara con sus brazos estirados para hacerla llegar y mantener en superficie de modo de poder mostrarla como muestra de lo que fuera un mundo sólido, invitar a Arquímedes a levantar a Atlas con Atlántida y todo, de modo de que pueda dar crédito a su aforismo y mostrar así cómo no solo la Fe puede mover montañas.
    Pobre Arquímedes y pobres nosotros, sumergidos y sacudidos por estas nuevas corrientes cual si de desaire fueran, enrarecidas y a veces hasta pestíferas, y que ahora, dado el medio, nos son tan submarinas o marinas como para llamarle marineras y hasta amarineradas. Arquímedes como pensador que fue , empujado a darle solución al mar de los problemas, se hubiera dado cuenta de que, así como la duda carcome al dogma, el mar carcome a la roca, y que es así como pierde solidez el punto fijo, que me imagino que, sin tantear, buscó de apoyo. He allí su equivocación. Problema de Física teórica. No hay solución que no tenga problema y no hay problema que no tenga sus sub problemas, a saber: si el manejo de la palanca como maniobra es la intriga, y la intriga como estorbo es zancadilla, ya tenemos el primer sub problema; otro subproblema es la calidad de la palanca, ya que en un mundo líquido, qué mejor que la palanca sea trucha; otro subproblema que no es menor, es dar con un punto fijo en lugar tan vacuo, a sabiendas que en un mundo líquido no se consigue, salvo teniendo una fija, y encima un mundo donde lo informe e informal supera con creces lo formal y que lo forme va y viene como a la deriva y no solo en bamboleo sino en mamboleo, cual un mundo líquido sin un recipiente que lo contenga ni una etiqueta que lo prestigie. Pero Arquímedes actual y tosudo, que si sabía del poder de la palanca, al parecer no sabía de la palanca del poder, y dadas estas nuevas circunstancias, volvió a insistir con su lema, ya no predijo como a sabiendas del suponer, sino a sabiendas del saber, y, retocando su famosa frase, dijo: “Dadme la palanca del poder, una fija, y conmoveré al mundo”. Y por uno u otro motivo, todos todos aplaudimos. ¡Ay con este mundo líquido! los refranes populares entrarán en pleno remojo, tan es así que aquel que dijo que para muestra basta un botón, ahora que sobra por cierre - que es así como zozobra-, dirá que una cucharita en vez de una cucharadita es suficiente estorbo para un sorbo. ¡Pobres papilas gustativas para dirimir entre el gusto y el disgusto! ,así, liquidadamente, morirán muchas frases tanto tiempo consolidadas, desaparecerá la solidez conceptual, los argumentos sólidos, la gente no irá al club sino al glub, en los boliches difícilmente se pida un trago, a la cháchara no se le pedirá que vaya al grano sino a la gota, llorar será un problema sin solución, solicitar un colirio será considerado un delirio. Las series televisivas entrarán en cortocircuito, sexo en nueva york y fornication se las verán en figurillas para elevar la temperatura en un mar de amor, tal la dilución y disolución de los fluidos corporales que, encima, en semejante medio atraerán a más de un pescadito. Dado el burbujeo, las ventoleras serán requete evidentes, o lo que no se sabrá, cuál boca es la que abrió la boca. En fin, en fin. Hay que lograr tener educación en un mundo líquido. Ciertas palabras perderán significancia o tendrán otra connotación, así en el comercio, la palabra liquidación dejará de tener su habitual sentido y un porcentaje de descuento de más del 50% se dirá que tiende a ser un espeso en vez de un sólido descuento. En un mundo líquido los recuerdos se diluirán de tal modo que es mucho más probable que tenga éxito el olvido. El mal de Alzheimer ya no tendrá la significancia que sí tendrá el mal de hacerme reír, como que en boca cerrada no entran ostras; el que decía no seas lenteja, ahora dirá no seas almeja; los niños incontinentes tendrán un problema menos en la cama, y los adultos que con ellos se acuestan, no se darán ni cuenta, ya que lo mismo amanecerán mojados, y, uno que yo sé se orinará de risa sin problemas. El intento de solidificación en el próximo capítulo.

  3. Leandro Falanga dice:

    Me encantó… La “cultura líquida moderna” ya no es una cultura de aprendizaje, es, sobre todo, una “cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”.

    Muchas gracias!

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