N° 997 - El Grito de Santa Fe

- | 16 de Junio de 2014 ≈ 5:01 | tamaño de texto | versión para imprimir

Por José María Rosa

El 15 de junio de 1938 se cumplía en la histórica Santa Fe el centenario de la muerte del Brigadier Estanislao López. Aquello fue una emocionada fiesta patriótica: López, tenido hasta poco antes como el tirano, el gaucho analfabeto, el hombre de la chusma por los historiadores liberales, fue reivindicado como la primera figura de la provincia. Se puso la piedra fundamental de su monumento y grandes festejos ocurrieron en toda la provincia, especialmente en la capital donde había nacido y muerto el Patriarca de la Federación.

Entre esos festejos había una recepción en el club del Orden. Don Alfredo Bello, santafesino de ley y hombre de fuertes y agresivas convicciones patrióticas era agasajado por haber sido quien más hizo por la reivindicación del Brigadier. Una lucha de cincuenta años llegaba triunfalmente a su fin.

En cierto momento el gobernador de la provincia brindó por él y por su brega lopizta incansable. Bello, emocionado, contestó al brindis con un desconcertante: “¡Por Santa Fe, por el caudillo popular de la Provincia, y por Juan Manuel de Rosas el primero de todos los caudillos argentinos!”. Palabras extrañas en 1938, que provocaron el desconcierto imaginable. Como algunas de las copas quedaron sin llevarse a los labios Bello agregó: “¡Y por una indispensable revisión de la historia Argentina sin la cual no seremos jamás una Patria!”.

No fuimos pocos quienes aclamamos a Bello. Yo me encontraba allí, pues era profesor de la Facultad de Derecho, y mí amistad con Bello y la mayor parte de los historiadores santafesinos me habían hecho comprender los auténticos valores de nuestro pasado. En las palabras del viejo maestro alentaba el deseo de empezar una campaña metódica por la valoración de la historia; y poco después nos reunimos en un salón del club un grupo de profesores, alumnos o simples aficionados al pasado a fin de echar las bases de un Instituto de Estudios Federalistas “por la urgente necesidad de coordinar muchos esfuerzos individuales que, en la ciudad y en el país luchan por una ya impostergable revisión histórica. Ya no es honesto cerrar los ojos ante tanta prueba acumulada de que nuestros anales patrios han sido tergiversados, desnaturalizados los acontecimientos y, en definitiva, falseados los resultados y las consecuencias lógicas”. La tremenda palabra revisión histórica acuñada por Bello en su brindis, fue lanzada como un desafío a la Argentina extranjerizada y vacilante de 1938.

Tengo en mi poder el acta de esa reunión, que desde entonces se llamaría el grito de Santa Fe, y dentro de poco debía conmover a todo el país. Nacía “revisionismo histórico”, el movimiento intelectual más revolucionario, el único profundo que habla dado por la Argentina. Ese marchar atrás para “enderezar el rumbo” - que dijo alguno - demostró ampliamente por qué los argentinos no éramos dueños de nuestros destinos y como podíamos volver a serlo. Mostró otra cosa, que palpamos en carne propia. No tuvimos éxito en los medios intelectuales; y pocos nos comprendían, y la mayor parte movían compasivamente la cabeza ante ese estrellarnos contra la montaña. Aunque algo nos demostraba que éramos un peligro; la prensa unánimemente calló nuestros boletines, manifiestos y conferencias.

Empezó la “conspiración del silencio”, fase primera de la lucha contra la verdad histórica, más tarde vendrán la tergiversación, la calumnia, la cesantía de profesores revisionistas, y hasta la cárcel. Hubo quienes claudicaron, pero muchos siguieron y muchísimos se sumaron.

Lucha difícil, pero grata para quienes intuíamos que en enderezar el pasado estaba la clave de enderezar el futuro que con una “historia colonial” solo podíamos tener una mentalidad colonial.

No tuvimos éxito, dije, en los medios intelectuales y universitarios; faltaban decenios para que la juventud universitaria madurara patrióticamente. Y fue Alfredo Bello quien llevó el revisionismo - contra mi desconcertada opinión - a las masas populares. Ocurrió después de una conferencia mía donde los concurrentes apenas pasaban de una docena. “No. A esta gente, no - me dijo don Alfredo -. Eso mismo que usted ha dicho sobre Rosas repítalo en un asado popular que le voy a organizar en Coronda”. ¿Qué saben de historia argentina quienes asistirán al asado?”. Nada, ni siquiera les ha quedado lo que se les enseñó en la escuela. Pero son criollos y tienen corazón”. Organizó su asado, y fue un estruendoso éxito. La policía debió intervenir porque los concurrentes salieron a matar salvajes unitarios, y tirarle piedras a los bustos de Sarmiento.

Poco después - en agosto - los revisionistas porteños siguiendo nuestro ejemplo fundaron el instituto Juan Manuel de Rosas. Y juntos, ambos realizamos actos de reivindicación histórica en Martín García, en la Vuelta de Obligado, en el Quebracho.

Así empezó, la historia hace treinta y cinco años. Como un recuerdo a quienes asistimos al grito de Santa Fe consignaré los nombres que figuran en el acta que tengo en mi poder: José María Funes, Presb. Alfonso Duran, Alfredo Bello, Clementino Paredes, Rodolfo Borzone, Félix Barreto, Raúl Ruiz y Ruiz, Víctor Mazzucca, Arturo Valdez Taboada, Ulises Benuzzi, Luis Alberto Candioti, Juan Bonet Da Forno, Leopoldo Chizini Melo, Carlos Iparraguirre, Heberto Pagani Lanza, Tulio Jacovella, Vicente Fidel López (hijo), y el mío, Alfredo Bello fue su primer presidente, y a mí - no obstante ser porteño - me hicieron el honor de confiarme la vicepresidencia.

A los seis meses me echaban de la Facultad. Porque los izquierdistas de entonces (que sólo eran liberales mal ubicados), consideraban reaccionarioexplicar y valorar los caudillos populares. Como los liberales pueden hacer actos violentos sin que se estremezcan La Prensa y La Nación, estos dos diarios de familia callaren. Otra cosa sería - como ahora - cuando los atropellos (o presuntos atropellos) son a profesores de su mentalidad.

José María Rosa
Publicado en Diario MAYORÍA, junio de 1974.

Dejá tu comentario






Comentarios.

  1. Luis María Sánchez dice:

    Esto es como revisar la historia para ponerse en las antípodas verborrágicas de lo anterior que se quiere revisar. Creo que para revisar la historia argentina hay engarzar los pequeños y a veces pueriles acontecimientos “históricos” con el desarrollo de las fuerzas productivas y sus enemigos, del desarrollo de los distintos sectores de trabajadores y productores, de la dialéctica entre los que mamaban del status quo y los que vislumbraban mucho más bienestar para todos al unir la educación y la producción, es decir, del futuro. Este es insulzo, panfletario, con esa tendencia enfermiza a la idolatría acrítica. Que no sirve para nada y menos para entender.

  2. Luis María Sánchez dice:

    Esto es como revisar la historia para ponerse en las antípodas verborrágicas de lo anterior que se quiere revisar. Creo que para revisar la historia argentina hay engarzar los pequeños y a veces pueriles acontecimientos “históricos” con el desarrollo de las fuerzas productivas y sus enemigos, del desarrollo de los distintos sectores de trabajadores y productores, de la dialéctica entre los que mamaban del status quo y los que vislumbraban mucho más bienestar para todos al unir la educación y la producción, es decir, del futuro. Este es insulzo, panfletario, con esa tendencia enfermiza a la idolatría acrítica. Que no sirve para nada y menos para entender.

  3. Jorge dice:

    Estanislao Lopez. Caudillo de Santa fé en la formación de la Patria. Defensor , a mi criterio, de las autonomías provinciales, y en contra del centralismo porteño.
    Pero a pesar de tener una actitud clara anticolonial fué desinteresado como San Martín , porque estuvo de acuerdo con Rosas de firmar pactos que llevaran a la organización de los territorios como Nación, y a mantener una conducta “federal” que en realidad significa centralizar la administración del Poder respetando contratos de convivencias algo que los imperios vieron con agrado porque podían darle “maña” a esta versión moderna del término “unitario” en el sentido de los intereses imperiales .
    A partir de esta acción el oficialismo es probable dejó de llamarlo gaucho analfabeto y supongo que le empezaron a ver los ojos azules.
    Posiblemente si se hubiera decidido llevar adelante una Confederación, que tiene derecho a nulidad y secesión, dentro de un contexto nacional nos hubiera ido mejor. Porque la nulidad y secesión es un “derecho humano” cuando las políticas son absurdas y no se perdería el espíritu de la rebeldía ni de colaboración y dijera el Papa Francisco, “habrá casos que serán justos y otros no tan justos”.
    Al final los “unitarios” ganaron la partida con Rivadavia a la cabeza y silenciaron en el tiempo , con políticas adictas, las epopeyas criollas y a Santa Fé le callaron no solo el grito de Santa Fé, sino también el Grito de Alcorta ocurrido en 1912 al “amañar” posteriormente las leyes de cooperativas.
    Los gobiernos familiares se adueñaron del País.
    La política unitaria es curiosa porque a logrado que los criollos en nuestra casa tengamos que pagar para vivir en ella; tengamos que pagar para que nos cuiden el patio; tengamos que pagar a extranjeros que manejan nuestras carnes y hortalizas, tengamos que pagar para dormir dormir tranquilos en nuestra cama; tengamos que pagar para transitar por nuestros caminos; tengamos que pagar para tomar nuestra agua, tengamos que pagar para trabajar, tengamos que pagar los desaciertos de iluminados economistas y parece que ¿ hay mucha gente contento con ello?.
    El revisionismo histórico, político y económico debería ser obligatorio en nuestro País para poder aprender a corregir los errores y estar a la altura de potencias que hablan constantemente de “memoria” y sus ciudadanos conocen muy bien su propia historia.
    La reforma política , democrática y económica tiene otra forma posible mucho mas democrática que la actual, pero….hay que tener cuidado con la salud.
    Con respeto.

  4. Pablo de Rosario dice:

    Felicitaciones. Muy lindo recordar a López en un nuevo aniversario de su muerte el 15 de junio de 1938.
    Intento responder a lo afirmado por Luis María Sánchez. Disiento humildemente con Ud.. Es cierto que Pepe Rosa y los que junto a él formaron esa camada del revisionismo de la década de 1930 puede sonarnos, ahora, a 80 años, exagerado y desubicado respecto de nuestra actual coyuntura. Y le faltó a ese revisionismo revisar otros capítulos y quizá hizo demasiado foco en Rosas. También es cierto que pudo incurrir en una exaltacion de la figura de éste que hoy sueña demasiado exagerada. PERO ACASO ES LO QUE HABÍA QUE HACER EN ESE MOMENTO Y SIN PERJUICIO DE QUE OTROS, LUEGO, AFINARAN LA PUNTERÍA y buscaran el justo medio. Pero era una Argentina en la que la historia de 1831 a 1852 no ocupada más que una hoja en los manuales y se titulaba “La Tiranía”. Era muy injusto y alguien debía hacer algo.

  5. josé antonio germ dice:

    Qué historia la nuestra tan lineal como para trazar una línea directa bastante recta entre aquel lejano día de los tres gobernadores a éste tan cercano de los cinco presidentes. Como para decir que de los grandes gritos que se han pegado en Santa Fe, me quedo con el de Alcorta, y con el que ahora voy a pegar ¡Viva San Martín , viva Belgrano y viva el Manco Paz, carajo!

  6. josé antonio germ dice:

    Qué historia la nuestra tan lineal como para trazar una línea directa bastante recta entre aquel lejano día de los tres gobernadores a éste tan cercano de los cinco presidentes. Qué cosa el Poder y cuánto relleno entre esos dos vacíos. Como para decir que de los grandes gritos que se han pegado en Santa Fe, pues me quedo con el de Alcorta, y con el que ahora voy a pegar aunque estridente no suene ¡Viva San Martín , viva Belgrano y viva el Manco Paz, carajo!

Recomendados de marzo