N° 1001 - El hombre que nunca vio perder a la Selección

- | 30 de Junio de 2014 ≈ 2:56 | tamaño de texto | versión para imprimir

Si la Argentina no gana el Mundial de Brasil, será por miles de motivos, futbolísticos y de los otros. Pero, si lo gana, será por un solo motivo: el cabello de un hombre.

Si la Argentina no gana el Mundial de Brasil, será por miles de motivos, futbolísticos y de los otros. Pero, si lo gana, será por un solo motivo: el cabello de un hombre.

Por Santiago Llach | Ilustraciones: Scuzzo

La historia, puede decirse, empieza en 1986, y es la historia de una familia paralela a la mía. Empieza en la explanada de entrada de un edificio futurista sobre la calle Gaboto, en el Bajo de San Isidro. Es el edificio de primaria del colegio San Juan El Precursor, que ocupa casi una manzana entera; ahí pasé, pasamos un montón de chicos, casi todos los días hábiles de las presidencias de Galtieri, Bignone y la mitad de la de Alfonsín. Yo estoy en tercer año. La secundaria se cursa en otro edificio; deduzco que es el acto de fin de año de mis hermanos Felipe y Tito, que todavía están en primaria. Deduzco, digo, porque lo que recuerdo es una escena: es el final del acto, las familias se saludan en la explanada y un tipo al que no conozco está hablando largamente con mi padre. Es una escena típica de la infancia o la adolescencia, una escena formativa: uno conoce el mundo, los personajes del mundo, del pequeño mundo que conforma el horizonte vital de ese héroe que es el padre de uno, a través de estos personajes con quien el padre de uno se pone a charlar. Yo estoy a un costado, como esperando, escuchando a medias la conversación, en la frontera entre el mundo de los niños y el de los adultos.

Cuando termina la despedida, el rito de desearle el bien al resto, de darles a los otros un toque de piel civil antes de que termine el año, nos vamos los seis (mi padre, mi madre, mis tres hermanos y yo) en un Falcon blanco comprado ese año, que reemplazó un viejo Falcon gris del 79. Nos vamos rumbo a The Embers, el restaurante tipo americano que está sobre la Avenida del Libertador, donde todos los diciembres festejamos el fin del período escolar. Ese ritual es una rareza en la educación que intentan darnos: mi madre todavía conserva resabios setentistas, lo que sumado a su educación con una niñera prusiana hace que, por ejemplo, jamás haya una Coca Cola en la heladera de casa. Salir a comer afuera es algo excepcional, y más aún a un lugar como The Embers, que es una especie de embajada culinaria estadounidense en la Argentina. Mis padres todavía tienen un poco de resquemor con el consumismo yanqui.

El tipo que habló con mi padre en la explanada del colegio, nos cuenta él, se llama Miguel, Miguel Finn. Michael, le diremos de ahí a la eternidad. Michael Finn es el héroe de esta historia.

Michael y mi padre se conocen ahí, esa noche. Michael se le acercó y, por algún motivo, le preguntó a mi padre si era hincha de Rosario Central. Mi padre le contestó que sí y Michael le dijo que él, como sus cuatro hijos, también era hincha de Central: una rareza en la Zona Norte del Gran Buenos Aires.

Michael Finn preside la familia paralela a la mía. Las coincidencias son musicalmente matemáticas: ellos y nosotros somos cuatro hermanos; los ocho hermanos (cuatro Finn, cuatro Llach) somos hinchas de Central, como nuestros respectivos padres, y nuestras edades se intercalan perfectamente, de modo que en cada año del colegio San Juan hay un Finn, un Llach, un Finn, un Llach. La única disonancia es que la menor de los Finn es mujer (y, por lo tanto, no va al San Juan, colegio solo de varones). Ser mujer no le impide ser de Central: años más tarde, veremos a Maggie muchas veces en la popular.

Esa noche, me dirá mi padre durante la cena en The Embers, Michael le contó que había estado en los siete partidos de Argentina en el Mundial de México. Ahí recapitulé lo que había escuchado a medias, algo sobre una pelea: Michael le estaba contando a mi viejo cómo había quedado en medio de las piedras en la histórica batalla librada entre hooligans y barrabravas en las inmediaciones del Azteca, después del Argentina-Inglaterra con los dos goles de Maradona.

Aunque la historia que voy a contar, la historia de Michael Finn, es puramente verídica, a más de uno le va a parecer que se la robé a la literatura, más concretamente al cuento 19 de diciembre de 1971, escrito por Roberto Fontanarrosa, que, oh casualidad, cuenta, igual que este texto, la historia de un hincha de Rosario Central. La literatura y la vida están fabricadas sobre coincidencias y azares; en este caso, la casualidad es tanta que va a resultar inverosímil. Por eso la aclaración, aun cuando sepa que necesariamente oscurece.

Antes de entrar en tema, quiero recordar de qué va el cuento de Fontanarrosa. La fecha del título es la del partido entre Newell’s y Rosario Central por la semifinal del Nacional de 1971, en el que Central conseguiría por primera vez en su historia un campeonato de primera. El partido se jugó en el Monumental de Núñez y fue un histórico 1 a 0 decidido por la famosa palomita de Poy, el gol de paloma de Aldo Pedro Poy que desde hace más de cuarenta años festejan cada 19 de diciembre los hinchas de Central. Esto pasó en la realidad. En su ficción, Fontanarrosa cuenta la historia del Viejo Casale, un tipo que, a pesar de haber ido a la cancha a ver un montón de clásicos rosarinos, nunca había visto perder a Central contra Newell’s. Pero resulta que el tipo había tenido un infarto, y los médicos le habían prohibido volver a la cancha. Como el Viejo Casale se resiste a desobedecer la orden médica, un grupo de fanáticos se da cuenta de que la única manera de que Central gane ese partido histórico es secuestrar al Viejo y llevarlo desde Rosario hasta el Monumental. Logran secuestrarlo, el tipo termina entusiasmado y, por supuesto, después de gritar como loco la palomita de Poy y padecer los últimos minutos de acoso leproso sobre el arco canalla, al Viejo Casale le da un infarto y muere. O sea que el secuestro se convierte también en asesinato, aun cuando el narrador, miembro del grupo de fanáticos, lo niegue diciendo que el Viejo Casale murió feliz.

La historia de Fontanarrosa es acerca de las cábalas y esta historia también lo es. Las cábalas, en el fútbol, son un intento de encontrarle sentido a algo que no lo tiene. No por nada la palabra viene de la qabbalah hebrea, cuyo objetivo es encontrar las verdades profundas, una explicación para el misterio del mundo, en las letras de la Torá. Esa explicación, naturalmente, siempre va a ser un poco arbitraria; toda explicación, y toda creencia, lo es. En el fútbol, los masculinos modernos (por corrección política, debo decir que también algunas femeninas) ponemos la ilusión, la pasión, la locura. El fanatismo que despiertan los equipos y los atletas es otra creencia más, la fe en aquello hacia lo que nos transporta la armonía atlética. Desde nuestro lugar en las tribunas, los que estamos destinados a observar tratamos de ser protagonistas: con cantos, banderas. y cábalas.

Mientras Michael Finn, sabría yo después, disfrutaba en vivo y en directo en México de Maradona y su ballet, yo entraba a la furia hormonal de la adolescencia de varias maneras. Con varios tipos de revistas, vamos a decir. Con la revista Libre, por ejemplo, cumplía con un rubro de la violenta transformación de mi cuerpo. Con la revista El Gráfico cumplía otro. Esa antesala de los mundiales que todavía no era llenada por los canales de cable la cubrí con la lectura repetida de una Historia de los Mundiales de El Gráfico. A medida que avanzaba el campeonato del mundo, se aceleraba también la llegada de El Gráfico a casa en manos de mi viejo; las ediciones se imprimían apenas terminado el partido, y esa misma noche llegaban al kiosco de revistas de Roberto, en Roca y Azcuénaga, cerca de la estación Vicente López. La resaca de aquellos días que nunca íbamos a olvidar fue aprovechada por la vieja editorial Atlántida, que en aquel julio del 86 tiró números especiales y suplementos a rolete. En uno de ellos, un enviado especial de El Gráfico a México contaba por qué no había ido a ver ningún partido. Al primero, contra Corea, no pudo ir por enfermedad, y como Argentina lo ganó, amigos y colegas empezaron a decirle que su ausencia era cábala. Al segundo, el empate con Italia, sí fue; entonces le pidieron que no fuera al tercero, contra Bulgaria, en el que Argentina volvió a ganar. Ya en los octavos de final, un poco a la manera de los hinchas de Central en el cuento de Fontanarrosa, los amigos le prohibieron ir, y como Argentina seguía ganando, ya él directamente se abstuvo de ir al estadio contra Inglaterra y contra Bélgica. Faltaba la final con Alemania. Era la final del mundo, y el tipo se la estaba perdiendo por una creencia irracional. Se sentía un poco tonto. Por si acaso, se dijo, voy en auto y me quedo escuchando el partido por radio fuera del estadio, credencial en mano. Así hizo, y cuando los goles de Brown y Valdano pusieron a Argentina 2 a 0, el tipo se dijo “ma sí”, y entró al estadio. Los colegas lo vieron entrar a la sala de prensa, pero entusiasmados con el triunfo, con la Copa tan cerca, no le dieron importancia, y hasta alguno le pidió perdón por no haberlo dejado ver los partidos anteriores. Pero, en el minuto 74, Rummenigge puso el 2 a 1, y el enviado de El Gráfico sintió que algunos lo miraban de reojo.

Cuando a los 80 Rudi Völler hizo el segundo de Alemania, los colegas empezaron a insultarlo, y él mismo se sintió otra vez un estúpido.

Empezó a caminar rápido hacia la salida. Cuando bajó las escaleras, se puso a trotar, temiendo que, por su culpa, Argentina perdiera ese Mundial. Su carrera periodística y su vida, además de la suerte del equipo de Bilardo, pendían de un hilo. Llegó al estacionamiento, pero todas las puertas de acceso estaban cerradas. No había salida. Desesperado, fue hacia las rejas, se agarró de ellas y puso los pies en la vereda; técnicamente estaba fuera del estadio Azteca. En ese instante, llegaron los gritos que festejaban el gol finito, grande, final, de Burruchaga.

El Mundial, se habrá preguntado el enviado de El Gráfico en ese momento, abrazado contra las rejas, ¿lo ganó Maradona o lo gané yo?

Poco después del que sería por décadas el pico futbolístico internacional, el Mundial de México, llegó para nosotros el pico en el fútbol local: el campeonato de Central de la temporada 1986/87, primer campeón recién ascendido. El 2 de mayo de 1987 en que Omar Arnaldo Palma decidió el campeonato, nos encontramos por primera vez con los Finn, en la tribuna de madera de la cancha de Temperley desbordada de canallas. Después, a lo largo de los años ochenta y noventa, seguiríamos encontrándonos, a veces de casualidad y otras de manera programada, con nuestra familia paralela. No nos hicimos amigos, pero cada vez que uno de nosotros se cruzaba con uno de ellos, había una especie de reconocimiento secreto. Ya habíamos terminado el colegio, y un par de veces incluso viajamos juntos a Rosario, a ver a Central.

Pasaron, con inédita rapidez, los años; llegaron las novias, las carreras profesionales, las esposas, los hijos y la larga sequía de campeonatos de Central: todos motivos valederos para alejarse un poco de la exigida y gratuita condición de hincha seguidor. Pero, a esta altura de la vida, ya comprobé que los colores del propio equipo de fútbol, esas señales identitarias que un poco elegimos y un poco son heredades, están entre lo más permanente que ofrece esta vida transitoria. Así es como, en estos últimos años, volví a estar más cerca de Central, sobre todo desde que se fue a la B en 2010 y mi hijo León empezó a fanatizarse. Durante la última temporada en el Nacional B, empecé a escribir unas crónicas de los partidos, que publicaba en Facebook y en un blog. Un día, justo entrando al Gigante de Arroyito, recibí un largo mail de Pancho Finn, uno de los integrantes de la familia paralela, donde me contaba que a raíz de una de mis crónicas había vuelto a ver a Central después de un tiempo. A partir de ahí, retomé el vínculo con los Finn a través de Facebook. Cuando armé un libro con las crónicas que iba publicando y lo presenté en un bar de Palermo, dos de los Finn, Santiago y Pancho, vinieron a alentar: el reencuentro de las dos familias paralelas se había concretado.

Ese día, me contaron que Michael, su padre, estaba muy enfermo.

Pocos meses después, mi viejo me avisó que Michael había muerto. Les escribí a sus cuatro hijos un mail de condolencia, y el hermano mayor, Eduardo, me contó esta historia, esta remake sacrílega de la historia de Fontanarrosa, que tiene la particularidad de ser una historia real y no una ficción. La cábala judía, igual que las cábalas, siempre estuvo ligada a la magia y a la astrología; y esta historia también, porque es la historia de un inmortal.

Resulta que Michael, además de haber visto los siete partidos de la Selección Argentina en el 86, había visto los siete partidos de la selección campeona del 78. Y no solo eso: esos eran los únicos partidos de la Selección Argentina que había visto en su vida.

Sin duda, debe haber varios periodistas y algunos hinchas que vieron los catorce partidos de las dos selecciones campeonas, pero es improbabilísimo, estadísticamente casi imposible, que esas personas no hayan visto ninguno más, que no hayan visto perder a la Argentina en alguna Copa América o en algún otro Mundial. Me es muy difícil no usar la frase hecha: la realidad estaba claramente imitando la ficción. Michael Finn era un poco el Viejo Casale: alguien que no solo había estado varias veces en el lugar correcto y en el momento correcto, sino que no había estado ninguna vez en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Faltaba poco para el Mundial 2014, y los hermanos Finn sumaron dos más dos, y no pudieron evitar la tentación. La impaciencia por los sucesivos fracasos en mundiales empujó a la cábala. Igual que el narrador y su grupo de amigos canallas en el cuento de Fontanarrosa, los hermanos Finn se confabularon para que el Viejo Finn -el nuevo Casale- esté donde tiene que estar, es decir, en los partidos que la Argentina juegue en el Mundial de Brasil. Tres de ellos distrajeron a la madre, y el otro (mi fuente no me autorizó a decir cuál) se acercó con una tijera al cadáver de su padre y le arrancó unos mechones de pelo.

Las reliquias de Michael serán transportadas por un histórico hincha de River, amigo de la familia, a los respectivos estadios donde juegue la selección.

Así que ya saben: no importan mucho las falencias defensivas del equipo ni con quién se lleva bien Messi. Lo que importa es que las reliquias de Michael Finn estén ahí, asegurándose de que las cosas sean como deben ser, que la historia se repita, como en el 78, como en el 86.

Santiago Llach
[Publicado en el Suplemento Brando de La Nación]

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Comentarios.

  1. Jaime dice:

    Está todo muy bien y muy bien escrito, pero si vio los siete partidos del mundial del 78 vio perder a Argentina 1 a 0 con Italia.

  2. cristina dice:

    Eh… Entusiasmante. Y eso que en materia de futbol, soy apolítica.
    Jaime: el tìpico refutador de leyendas

  3. Leonardo Killian dice:

    Bien futbolero.Lo sigo hace mucho a Llach y sus artículos siempre son originales y tremendamente lúcidos.

  4. Santiago Finn dice:

    Gracias por publicar esta, nuestra, historia que está basada en hechos reales. Muy buenas las imágenes agregadas. En aquellos mundiales que Michael vio todos los partidos la selección ganó, esa es la cábala y por eso hacemos fuerza desde nuestro humilde lugar, nosotros los “Hombres Sensibles” todavía soñamos con levantar la copa

  5. Victor bruno Montesco dice:

    Muy lindo…TODO…OJALA SE REPITA……pero sigo teniendo mis dudas por el mundial del 78….no me entra en la cabeza el 6 a 1 contra Peru….todo lo demas fue legitimamente BIEN GANADO…..tengo numerosos testimonios de ex-jugadores de futbol,,… de distintos puestos….que han jugado en los primeros equipos de Cba……arqueros ( varios )….y jugadores de distintos puestos……algunos integrantes de esa seleccion …que al menos tienen dudas…..se que esto me va a traer criticas….pero bueno esa es al menos una parte de la verdad….o tal vez no…..OJALA LAARGENTINA VAYA POR SU 3ER CAMPEONATO….que falta nos haria………..saludos y hermosa lanota

  6. Nestor O. Fernández dice:

    Muy buen artículo. Por mèritos futboleros y literarios. Felicitaciones (y que sigan las crònicas)

  7. Francisco Caramés dice:

    Victor Hugo Montesco. Tu duda la tuve siempre. Sobre todo porque el arquero de Perú, que se llamaba Quiroga, era argentino, por supuesto, naturalizado. Aquella selección nos llenó de alegría, pero no estaba para hacer seis goles.

  8. SILVIO COPPOLA dice:

    Quiero agregar algo a la muy interesante nota. Al arquero Quiroga cuando volvió a Perú, lo alabaron todos los medios y nadie puso en duda su honradez. Ni de ningún jugador en particular. Todo venía por la cantidad de goles y entonces no era difícil hablar de entregas, especialmente por los brasileños. Y acerca de las cábalas, nadie cree o muy pocos, pero todos las practican. Por si acaso. . . . . como los héroes de la nota. SILVIO COPPOLA.

  9. josé antonio germ dice:

    Qué mejor y qué peor , futbolísticamente hablando, para insertar aquí y ahora, luego de este adrenalínico partido entre Argentina y Suiza, tan vibrante como desgastante no apto para insuficientes cardíacos, esa frase que nos dice……”qué es la vida sino gozar como se goza y sufrir como se sufre”, y acompañarlo del helvético dicho de que hasta los mejores relojitos fallan a la hora señalada, es que comparativamente hablando, de aquel Mundial del 78 en que ganar nos costó más de un Perú, a éste del 2014 en que ganar seguramente no solo nos ha costado sino que nos costará más de una cuenta en Suiza, hay que reconocer en ambos casos, que en lo único que no intervino el gasto como economía, fue justamente en el esfuerzo… tan pero tan monumental, que se diría realizado en un estadio no apto para gallinas. Y no solo es palabra de bostero. Algunos muchachos de los que aquí comentan, se han quedado rumiando sobre aquel partido de Argentina versus Perú, pensando en un unte como amaño vaya a saber de qué tamaño por haber conseguido semejante necesario y halagüeño resultado que así nos permitiera continuar y catapultarnos por méritos propios a aquella histórica final con aquella naranja mecánica y con aquella cabeza de Naninga por pesadilla intentándonos joder aquel nuestro sueño rumbo a realidad, y que ahora nuevamente puede que se repita como semifinal. Una mordida de esas que que no pudo ser probada como se probó la del uruguayo Suárez, y que así como poniendo la otra mejilla pagó el pato tapando con su mordida no solo aquella otra, sino todas las demás, y es que este poco menos que un Tyson del fútbol, desde que con su mordida no se llevó pa´su rancho ni siquiera un lóbulo de oreja como tajada, dado que así lo demostró el italiano cuando salió corriendo mostrando al mundo la dental hincada, se me hace que para no tener que rendir luego cuentas dando explicaciones a su jermu por la marca del solo chupón que le va a quedar ahora que se ha tenido que volver tan de repente con dientes en el hombro cual rabo entre las piernas . Y es que además de hablar muy bien de Suárez en cuanto a mordedura como corrupción del sano juicio, hay que reconocer que a Suárez lo que finalmente le faltó como atacante ha sido un mejor defensor, alguien que le dijera que diga que en realidad su ataque fue ciertamente una defensa y que así se defienda diciendo…”yo no mordí, fue por la falta de aire y el calor reinante que abrí la boca, y al trastabillar sobre el jugador no me quedó más remedio que apoyar mis dientes sobre él y mi propio peso haciendo el resto como un sin querer queriendo, así me hinqué y así marqué a Chiellini como con un sello que siendo mío no fuera mío, ya que, quién puede negar que mi mejor y verdadero sello es…. el gol. Y sí, Suárez es un enfermo cual un tarado jugando al fútbol con su tara jugándole en crucial momento su crucial mala pasada, tarjeta roja y a otra cosa para ser resuelto post mundial, pero no….. con su abuso de autoridad, más enferma la Fifa fifándose a Uruguay a favor sobre todo de Brasil, en la mordida más espectacular de este Mundial, como que no solo mostró los dientes sino que mordió con todo a todo un pueblo negándole la posibilidad que su increíble equipo produjera el macanazo de repetir otro maracanazo. O acaso este Uruguay que se fue con tanta pena y sin gloria a través de un golpe bajo que así le abajase el ánimo predisponiéndolo a la derrota, es el mismo con Suárez que sin Suárez. Que no solo lo diga Inglaterra e Italia sino nosotros. Gocemos, gocemos con este golde Di María, ese “fideo” que al succionarlo así con tuco, no solo nos alargó el gusto sino también el susto. Deleitémonos con este correcaminos tras ese magistral y se diría maragónico pase de Mesi, tal como aquel maradónico a ese otro pájaro que fuera Caniggia y ese su determinante gol con el que dejamos en el camino a Brasil en aquel Mundial de Italia. Y sigamos soñando, que, o los sueños sueños son, o se hacen realidad.

  10. josé antonio germ dice:

    La cábala, o una elegía en su herejía o una herejía en su elegía. la cábala en su péndulo depende, y este Mundial que vuelve a mostrar su fiel inclinado a ese extremo de su distorsión que es la diversión, y entonces es así que ese omnímodo misterio divino que es la suerte, se divierte con su gente esperando ansiosa el manar o no de su surgente. Lotería. La cábala en la mano de un profano no es talismán sino amuleto. Y la cábala que le grita: ¡acábala! y su voz asordada por la voz del asordador gentío se ha distorsionado aún más que aquel otro de amaos los unos a los otros. Haya paz y buena voluntad. y la FIFA embanderando su Mundial con un letrero en múltiples idiomas y con un mismo rezo: no al racismo.
    A horitas del canaal cuando llega el primer partido de la mañana cantando está que no se nos venga la noooche, y lo que en el balde se derrama sea suerte mucha suerte. Adentro ese temblor que es puro fervor …. y el tambor tamborillando su etcétera etcétera. Una folclórica pieza musical que he tomado a la chacota como otro toma a la chacota su mascota, esa mascota cual amuleto viviente predispuesto así a la cábala. Y es que se diría que hasta a las mascotas del zoo que no se sabe si domesticados por amaestrados o amaestrados por domesticados, le han tirado encima el oficio nada divino que es el oficio de adivino, y, a juzgar por los resultados adversos de esos animalitos que se diría tan animalitos como nosotros cuando así permanecemos encerrados en ese otro cautiverio que es nuestro cautiverio mental, me refiero a esos referentes que son el pulpo Paul, el pollo Alberto, la tortuga Cabezao, el elefante Zimbawe, el cuy suizo no sé cuánto, etcétera, etcétera.que así la han pifiado como la venimos pifiando nosotros. Así que, se diría que a esta Fe nuestra, futbholísticamente así direccionada, hay que acompañarla con algo más sólido y contundente para así poder volcarla a nuestro favor, digamos algo tan pero tan fehaciente que así se asiente como…. Fe haciente. Y como al amuleto de Finn cual un futbolístico cabalístico influjo anti adversidad argentina, no le tengo total confianza, propongo que a colaborar fehacientemente llamemos a Salvatore Adamo, tal cual un salvatore a darno una mano. Y entonces alzando el trofeo como de antemano, con su extranjera voz y en español, nos cante “un mechón de tu cabello” en honor a nos y a Michael, y que tal sinfonía y armonía musical sea de paso y pase, el puntapié inicial para esa sintonía sin ton con son, que, a no dudar, será el abrazo milagroso de su ánima con nuestro ánimo, para así oponerlo a ese otro a favor del otro y por ende tan en contra nuestra como para llamarle milagorero por así oponerse al milagrero. Y que se cumpla entonces y gocemos una vez más de esa su suertuda racha aún post morten. Un canto especial para acompañar esos otros tan de tribuna y con estribillos, que así nos llene de festejos y de brillos, tan viva y entusiastamente como para que se prenda en cada garganta argentina y en cada garganta por Argentina esa resultante final de semejante influjo al que llamamos compungidamente gol tan solo cuando en contra pero que gritamos Goooool y con fervor cuando a favor.

  11. josé antonio germ dice:

    Lo dicho, la cábala transformando lo futbolístico en eso tan extra que es lo futbholístico. ¡Qué manera de sufrir Dios mío diviertiéndote Tú tan a costa de nuestros absurdos y abzurdos ruegos! Si hasta esos pelitos arrancados a Michael se han parado y erizado con este partido tan fragoroso, y cuya humana fricción sobre todo de medias con medias y camisetas con camisetas, lo hiciera me imagino, así de electrizante. Y es que si goles son amores, ¡qué falta de amoooor!. Y como aquí no queda otra que ganar o ganar, afirmemos y refrendemos esta mágica suposición algo descabellada por cierto, y para los dos partidos que aún faltan disputarse, ese agraciado amuleto ya con visos de talismán tome entonces nuevamente su posición de cábala en la privilegiada butaca que le fuera como reservada a Michael cual una agraciada íntima prenda así descolgada de su-perchería, y, como asentándola en sus ¿trece?, así mostrarla, lucirla y mimarla sin aprehensiones de ninguna índole a sabiendas de su buen influjo. Y es que en cuanto al fútbol por lo menos, si hay alguien que se salva de tener supersticiones, parece que no hay nadie que se salve de tener manías cuando no supermanías. Que lo diga Bilardo que al margen de tener a la Virgencita de Luján bien al lado suyo, no le permitía comer pollo a sus dirigidos antes de tan cruciales partidos. Es de imaginar que para evitar esas churreteras que son las cagadas posteriores que se suelen mandar tanto patos como gallinas. La cábala metida redondamente hasta en los tuétanos. Como para recordar aquel para el recuerdo, con la camiseta de Boca, en Boca y en boca no me acuerdo si de Dieguito con la publicidad de la lechera Parmalat en la espalda, que así tanto la emboca como no la emboca al justificar ante el periodismo aquella derrota de su equipo, diciendo tan casualmente… “¡tuvimos mala leche!” ergo, pronunciándose ergou y chau contrato. Hay que reconocer que en eso de buena o mala leche, a otra firma lechera le fue de maravillas, cómo será que no sé cuál de los tres tenores fue el que antes de cantar se tomaba un buen vaso de leche, y entonces así entonado en vez de cantar ¡O sole mío! pues cantó ¡Soprole mío!. A carcajadas reir manga de cabaleros, que ya se sabe que, luego de la joda, si cabalera chilla,pues calavera no chilla. JAG JAG JAG

  12. josé antonio germ dice:

    País Bajo se ofrece con arquero alto. Tratar penales en Mundial 2014. Salvador de Bahía. Brasil…….¡Holalá! con Holanda, vaya vaya con ese reemplazo de arquero a último momento sobre ese final del tiempo suplementario. Salió un arquerito y entró un arquerote cual un moderno quijote de la larga figura que nada que ver con La Mancha, eso sí, haciendo mucho aspaviento sin necesidad de molinos de viento. Un arquero cuya altura daba para con apenas un saltito cabecear el travesaño y con apenas un estirar de brazos cubrir el poste elegido con ese olfato y esa personalidad que mostró sardónicamente avasallante, dado que descaradamente así trató de influir malamente sobre el shoteador de turno ¿influyó? entonces es foul dentro del área y penal en consecuencia….y penal sobre penal debiera ser penal doble y no esa doblez en el penal. Ni roja por ser el último recurso, ni amarilla y ni siquiera amonestado verbalmente ese prototipo de arquerón. Un arquero ataja penales que atajó dos de cuatro, los suficientes para consagrar a su País e ir en busca de esa su revancha tan esperada, 1978 entre ojo y ojo, así que ojo Argentina que hay que comenzar a hacer desde ahora la psicológica de llegar a esa misma instancia. Hay que hacerles notar que nuestro Romero es el mejor arquero del mundo como que es el mismísimo Lev Yashin reencarnado. Por ahora solo lo delata tan solo su negra vestimenta, ya sacará a relucir en el momento preciso su genial arabesco: aquellos dos cual seis brazos en movimiento que así lo transformasen en aquella recordada araña negra y de los cuales permanecen ocultos cuatro como sin expresión y necesidad de uso. Costa Rica, la figura descollante e impensable de este colorido mundial carioca en que un Brasil hospitalario está sentando alrededor de su mesa como nunca antes, a la América toda y encima degustando un muy rico chimichurri de humanidad. Cultura y más cultura, un rotundo no al racismo, y nosotros, así de lejos y así de cerca como que gracias al progreso tecnológico somos patentes testigos de semejante encantamiento popular.

  13. josé antonio germ dice:

    Alemania versus Brasil…… en boxeo, después del primer piñazo, queda uno conmovido, y, cuando viene el segundo tan pero tan bien puesto, pues puede decirse que es entonces ya un nocaut tan así de parado que pareciera preparado . Y lo peor, sin un árbitro que ahisito nomás, pare tan desigual pelea. Los motivados delanteros teutones jugueteaban alrededor de los conmovidos defensores cariocas, cual un gato maula juega con el mísero ratón, en un tomá, hacéla vos, no, no, hacéla vos, así como mirando sin ver lo que se le ha venido y se le viene, miraban pasar a la redonda hasta alcanzar la red una y otra vez……La FIFA debería revisar su reglamento y permitir hacer como en el básquet, utilizando ese minuto salvador que así los saque de esa posesa posesión que no es precisamente la posesión del balón. Y se me cayó más de un lagrimón ante semejante desigualdad, y con mucha bronca me tiré a favor de esa debilidad así desguarnecida, y hubiese querido ser no solo un arquero más e invisible que despejase inexplicablemente la redonda tal como si un escudo magnético rechazase esa goleada en tal acequible arco , sino también tensé mi cuerpo cual aquel pendejo que defensor fuera como aquel Pernía de Boca que así me bautizaron en los años setenta cuando aquellos dopartis inter universitarios donde descollaba no por mi habilidad- como que era un patadura- sino por mi velocidad no solo de reflejos, y esa característica mía, de que por mi zona estaba vedada que pasara pelota y jugador al mismo tiempo. ¡Qué impotencia la mía y qué ironía! como que había apostado por Alemania, y allí estaba, como un incómodo en el cómodo sofá, maldiciendo no solo al colombiano que así dejó a Neymar y así dejó a Brasil, con tal dolor y tal carencia, como servido para el abucheo de propios y contrarios. Y es que era tal pasmosa seriedad que ya daban lástima en la previa. Tanto hablar de la cábala, y aquí no hubo cábala que valga, como que se piantó como al carajo cual una moneda que revoleada, cayese seca en vez de cariceca, con esa su extraña suerte tan a muerte como de cara crucificada en vez de cara o cruz. Aquí, señores y señoras, lo que primó fue ese otro deseo mucho más constante y se diría mucho más ferviente, un deseo largamente ansiado y esperado, parece ser que gestado como una firme toma de decisión, cual una intensa deseosa que ni loca pudiese hacerse la osa en esto de gozar lo deseado , una determinación tal se dice que solicitada celestialmente al cielo por allá en el 2008 y como con un dale que va con el mismo deseo, como con orden y progreso teutón en vez de carioca, y que así progresó y progresó hasta mostrar y demostrar lo que mostró y demostró. El Gran Secreto, ese flujo cósmico bienhechor mucho más material que espiritual, como que a la suerte le llama fortuna, y de no importa quién ni a quién siempre que tenga “la actitud”, esa actitud en la constancia de un ferviente pensamiento concentrado en una misma cosa como deseo, tal cual una propiedad, o un serio trabajo realizado, como con propiedad. Un deseo largamente, decididamente y no decidiamente esperado, cual un ruego en posición de manos a la obra, así de prometeico, en vez de manos al rezo providencial, que, convengamos, en esto del fútbol, sin la mano de Dios en Maradona, o sin el pie del Señor en Neymar o Messi, cual milagro en la esperanza de un solo Don que así se manifieste en el equipo, terminase como termina cuando no se manifiesta, en resignación.

  14. josé antonio germ dice:

    “……………Un mechón de su cabello, aún conservo para mí
    Un mechón de su cabello, que por fin encontré
    Un mechón de su cabello, que desde hoy veneraré
    Para dejar mi corazón y vivir en paz con la ilusión
    De que el “gol” recobraré
    Y sentir la emoción de sufrir y querer
    Recordando el ayer que no puede volver
    Y en un hada creer y el milagro esperar
    De volver a nacer y volverla a encontrar
    Un mechón de su cabello…
    Lalalá lalalá , larílarí lará, jajajá jajajá ¡ARGENTINA! ¡ARGENTINA!
    Y la psicológica hizo efecto y Romero fue Romero cual una optimista araña blonda ya sin necesidad de ser Yashin. El DT holandés no metió a su arquero lungo longo alcanza y saca todo y pues así, así le fué. Fin para Holanda y ahora…… ¡Finn para Alemania!

  15. Pablo Martorelli dice:

    Los comentaristas escribieron más que el articulista … pero de lo que menos escribieron es de lo que el articulista escribió … Todo iba bien, pero de pronto alguien insertó un “off side” en este festejo … típico de aguafiestas, clásico de inoportuno, perfecto de arruinador, obvio de amargado, lo normal en un … mejor no lo digo. Como los tontos que hablan de una luna reproducida en un estudio de cine que fue desmantelado un año antes … la negación de la realidad. Como mi amigo hincha de Racing que no creyó que su amado club salió campeón en el 2001 … no podía ser, era imposible … le dije que disfrutara del campeonato, que era verdad, pero no me creyó, prefirió la amargura.
    ¡Claro! En 1978, cuando Argentina y Perú estaban CERO a CERO, los dos pelotazos peruanos en los palos defendidos por Fillol parace que nunca existieron para esos que no aceptan ni lo que ven, porque les gusta más sus amargantes realidades. En aquel equipo no había capacidad para hacer seis goles, dicen … Houseman, Ortíz, Luque, entre otros, no eran goleadores para ellos … nunca nadie en el mundo dijo nada, a nadie se le escapó sin querer (queriendo o no) que hubo un arreglo que nunca hubo. Pero me lo dijo un amigo de un amigo que dice que tiene un amigo que es amigo de otro amigo de uno que dice que estuvo ahí y que siempre se las sabe todas … Los dos pelotazos peruanos en los palos nunca sucedieron para estos dilettantes del fracaso. Argentina pasó por encima a un equipo más debil gracias a los cambios que inteligentemente supo poner a tiempo su DT y todos los esfuerzos vistos (con repetición instantánea incluida) de Quiroga no alcanzaron a evitar lo que los defensores peruanos tampoco podían evitar, con el juego rápido y certero de aquella selección que -como la actual- fue de menor a mayor (pero jugaba mejor que la de ahora).
    Así que finalmente nos tocó Holanda y en aquel tiempo otro pelotazo (pero esta vez neerlandés) en un poste argentino demostró que nada está comprado. O acaso a nadie le pasó por encima como un tanque aquel Kempes … o acaso no existió el doble ariete de penetración cruzada entre Kempez y Bertoni que culminó con el tercer gol del puntero. Y así y todo, hay quienes siguen con la duda cruel de sus propias incapacidades, pensando también (porque se las saben todas) que un tal Armstrong (brazo duro) caminó por un estudio de cine … aunque ese set se había desarmado un año antes … y sin embargo el archienemigo de aquel tiempo aceptó la verdad, pero un gil de barrio se cree que se las sabe todas. Ni respeto por Perú tiene … ni pensar en un poquitito de respeto por la propia Patria, porque al fin tanta desconfianza no es con un resultado, es con algo más importante. Sigan participando.

  16. josé antonio germ dice:

    ¡Ay! con Pablo Martorell y su humor criticón que no satiricón. No sabía lo de la luna llena crecida así como crece la nariz por mentirosa en aquel desierto de Narizona.Lo que sí sabía era lo de aquella banderita norteamericana que siempre sale en sus películas de Hollywood, y que según dicen los que la vieron, flameaba de lo lindo en aquella sola, única e inoportuna oportunidad mundial, y que asaz y zas por tal pertinaz que no perspicaz motivo pasase desapercibida hasta para los rusos en aquella primera filmación realizada cual si feliz día 29 del inocente fuera. Y dado su propio comentario como escupiendo para arriba después dice que los comentaristas nos salimos del tema en cuestión. Así que mejor pasemos de aquella como ya indemostrable triquiñuela yanky a esta como indemostrable triquinosis carioca, que según parece lo único que tienen de común son los triqui que con chancho disgusto y argentino gusto, se comió Brasil para así dar por finalizada su paupérrima participación al sacarse un mentiroso diez en sus dos últimas presentaciones que así lo califica con un pobre cinco como promedio de un gol en su contra cada 18 minutos de juego rival. Un cuarto puesto que lo manda puesto y obviamente no repuesto a cuarto intermedio. A barajar y dar de nuevo, a sabiendas que a pesar de este traspié en el balón pie, nadie en el corto y mediano plazo le quita ni parece que le quitará el increíble mérito de sus cinco campeonatos mundiales si luego de ésta, levantando cabeza, levanta copa. Y mucho menos si Argentina mañana se da el gustazo de ganarle a Alemania y así empatarle en tres . Triqui triqui.

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